Si algo tienen claro los habitantes del barrio Santander, en la comuna noroccidental de Medellín, es que no quieren que la sangre de sus muchachos vuelva a regarse calle abajo.
Por eso, y como resultado del diálogo entre los diferentes grupos sociales del vecindario, los líderes comunales han logrado diseñar una estrategia para mantener a raya a los violentos y ofrecerles a los jóvenes alternativas distintas a las de los combos y las bandas delincuenciales.
"Es que nuestro barrio llegó a aportarle 259 muertos al conflicto y no queremos que eso vuelva a ocurrir", dice Gustavo Murillo, uno de los organizadores de una marcha que atravesó ayer el barrio replicando un mensaje de convivencia pacífica.
El pastor evangélico Juan Polanco, que también caminó ayer en medio de las chirimías y los bailes, asegura que "Santander le apuesta a la vida y por eso los jóvenes abiertamente dicen 'No queremos participar en al guerra'. Porque hemos aprendido de los errores y no querremos ver de nuevo sangre derramada en la calles".
Y sigue: "Es que nosotros creemos que los 'duros' deben ser las mismas comunidades, y los actores armados las deben respetar", señala el pastor.
El deporte: la estrategia
Faber Lara, otro de los jóvenes líderes del barrio, se refiere a los "peritos de cotidianidad", como un grupo de muchachos del barrio que constantemente se reúnen para conversar sobre los problemas de orden público y presentar propuestas sanas y tentadoras a los muchachos.
"Ahora estamos jugando un torneo de microfútbol todos los domingos donde el lema es 'Hagamos la paz con un balón y no la guerra con un cañón'. La gente entiende el mensaje y generamos espacios de deporte y sana convivencia", explica Lara.
Pedro Murillo, el artista del barrio Santander, destaca también que desde la fundación de la Mesa de la Cultura del barrio, hace nueve años, se han logrado jalonar procesos muy positivos para la comunidad.
"En el barrio hemos podido conformar diez agrupaciones cuturales con muchachos a los que les gusta el baile, la pintura, la talla en madera, el teatro", dice Pedro, aunque es consciente de que con un poco de ayuda presupuestal podrían comvocar a muchos más jóvenes.
La marcha, que salió del atrio de la iglesia, reunió a los habitantes de Santander que cerraron el evento con una ceremonia simbólica por los vecinos que perdieron la vida con las balas que ya se fueron del barrio.
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