Charcos, bosques y turismo gastronómico: la ruta de los nuevos destinos que ofrece el Oriente antioqueño

El Oriente ofrece planes entre bosques, embalses y sabores. Apuesta ahora es por un turismo regenerativo y una nueva forma de viajar donde la naturaleza y las comunidades son las protagonistas.

  • El charco Dulce Melcocho muestra toda la belleza de este cañón ubicado entre los municipios de El Carmen de Viboral, San Francisco y Cocorná. Es el río más lindo de Antioquia. FOTO Juan Diego Ortiz Jiménez.
    El charco Dulce Melcocho muestra toda la belleza de este cañón ubicado entre los municipios de El Carmen de Viboral, San Francisco y Cocorná. Es el río más lindo de Antioquia. FOTO Juan Diego Ortiz Jiménez.
  • Guatapé es el rey del turismo en Antioquia: más de tres millones recorren cada año sus calles coloridas y disfrutan de su gastronomía. FOTO Julio César Herrera.
    Guatapé es el rey del turismo en Antioquia: más de tres millones recorren cada año sus calles coloridas y disfrutan de su gastronomía. FOTO Julio César Herrera.
  • Entre el verde de los bosques y el murmullo de las aguas cristalinas, los charcos y cascadas del Oriente antioqueño custodian la riqueza natural que le da vida al territorio. FOTO EL COLOMBIANO
    Entre el verde de los bosques y el murmullo de las aguas cristalinas, los charcos y cascadas del Oriente antioqueño custodian la riqueza natural que le da vida al territorio. FOTO EL COLOMBIANO
hace 3 horas
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Hace apenas dos décadas, hablar del Oriente antioqueño como destino turístico significaba pensar casi exclusivamente en Guatapé, la Piedra del Peñol y el inmenso espejo de agua que rodea ambos municipios.

Hoy el panorama es muy distinto. Según la Cámara de Comercio del Oriente, a la fecha, el turismo representa el 17,8% de toda la estructura empresarial de la subregión, lo que lo convierte en el segundo sector económico más importante.

Ese crecimiento también se evidencia en la creación de empresas, pues entre 2021 y 2025, el tejido empresarial del Oriente registró un incremento promedio anual del 6,85%, una cifra superior al crecimiento de Antioquia (4,7%) y muy por encima del promedio nacional, que fue de 2,6%.

El Oriente antioqueño, según estimaciones de las autoridades, recibe varios millones de visitantes al año, concentrados especialmente durante Semana Santa, las vacaciones de mitad y final de año, y los puentes festivos.

Solo Guatapé supera ampliamente los tres millones de visitantes anuales, mientras municipios que hace pocos años eran prácticamente desconocidos para el turismo empiezan a figurar en los mapas nacionales e internacionales gracias a sus ríos cristalinos, cascadas, reservas naturales y una oferta cada vez más especializada.

La cercanía con Medellín, la presencia del aeropuerto internacional José María Córdova y una red vial que ha mejorado considerablemente en los últimos años han convertido al Oriente en una región donde es posible desayunar en la capital antioqueña, almorzar junto a un río de aguas verdes y terminar el día hospedado en un hotel boutique rodeado del bosque.

Pero detrás del auge turístico hay una transformación silenciosa: el visitante ya no busca únicamente tomarse una fotografía en la Piedra del Peñol. Hoy quiere recorrer senderos ecológicos, conocer productores locales, descubrir cascadas escondidas, practicar deportes extremos, probar cocina de autor o dormir en alojamientos inmersos en la naturaleza.

Guatapé y El Peñol: la vitrina

Aunque el mapa turístico del Oriente se ha diversificado, Guatapé continúa siendo el principal imán para viajeros nacionales y extranjeros. El colorido de sus calles, los tradicionales zócalos que decoran las fachadas, la oferta hotelera y gastronómica y, por supuesto, la Piedra de El Peñol, convierten al municipio en uno de los destinos más visitados de Colombia.

El monolito, de más de 200 metros de altura, exige subir 740 escalones para alcanzar la cima, desde donde se observa uno de los paisajes más emblemáticos del país: un inmenso entramado de islas y brazos de agua producto del embalse Peñol-Guatapé.

Precisamente el embalse se convirtió en un atractivo por sí mismo. Allí funcionan recorridos en lancha, deportes náuticos, motos acuáticas, paddle board, kayak y embarcaciones de lujo que permiten recorrer antiguas haciendas inundadas durante la construcción del proyecto hidroeléctrico.

Guatapé es el rey del turismo en Antioquia: más de tres millones recorren cada año sus calles coloridas y disfrutan de su gastronomía. FOTO Julio César Herrera.
Guatapé es el rey del turismo en Antioquia: más de tres millones recorren cada año sus calles coloridas y disfrutan de su gastronomía. FOTO Julio César Herrera.

En El Peñol, por su parte, el turismo también ha encontrado nuevas oportunidades alrededor del espejo de agua. Los visitantes pueden recorrer el malecón, navegar por el embalse o conocer el Viejo Peñol, cuya historia permanece viva gracias a las memorias de quienes vivieron el traslado del municipio cuando se construyó la represa.

San Rafael: reino de los charcos

Si Guatapé representa el turismo consolidado, San Rafael simboliza la explosión del ecoturismo. Con más de 60 fuentes hídricas entre ríos, quebradas y cascadas, este municipio se ha ganado el reconocimiento como uno de los principales destinos para quienes buscan naturaleza prácticamente intacta.

Los charcos se han convertido en su principal atractivo. Sitios como El Trocadero, La Cristalina, El Bizcocho, Las Tangas o las piscinas naturales del río Arenal ofrecen aguas transparentes rodeadas de bosque tropical.

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La abundancia hídrica ha permitido además el desarrollo de actividades como tubing, rafting, senderismo y observación de aves.

Según el director de Turismo de Antioquia, Óscar Andrés Sánchez, la tendencia más reciente ya no apunta únicamente al ecoturismo tradicional, sino al denominado turismo de bienestar, una modalidad que incluye actividades como yoga, meditación, experiencias sensoriales y espacios diseñados para la desconexión y el descanso en medio de entornos naturales.

“Hay un hermanito del turismo de bienestar que es el turismo regenerativo, que además de integrar el contacto con la naturaleza pensando en el visitante, también se hace pensando en el ecosistema, fomentando acciones en pro de su recuperación”, dijo.

En San Carlos renació el turismo

Pocos municipios simbolizan tanto la transformación del Oriente como San Carlos. Durante años fue uno de los territorios más golpeados por el conflicto armado en Antioquia. Hoy es considerado uno de los mejores ejemplos nacionales de recuperación mediante el turismo de naturaleza.

Sus más de 100 cascadas registradas hacen del municipio un verdadero santuario hídrico. Entre las más conocidas aparecen La Viejita, La Chorrera, El Contento, Las Camelias y decenas de caídas de agua que permanecen escondidas entre montañas cubiertas de bosque.

Los visitantes encuentran además rutas para senderismo, ciclismo de montaña, avistamiento de aves y recorridos que combinan naturaleza con memoria histórica.

La recuperación turística ha permitido la apertura de nuevos hoteles, restaurantes y operadores especializados que hoy representan una importante fuente de ingresos para cientos de familias.

Precisamente, en San Carlos se realizó recientemente la primera versión del Festival del Cacao y el Café, un evento que busca destacar el potencial agrícola y turístico del municipio.

Este proceso coincide con la formación de los primeros técnicos en chocolatería de Antioquia, un programa piloto impulsado por el Sena para fortalecer la cadena productiva del cacao en la región.

En este pueblo, cerca de 200 familias vinculadas al cultivo de cacao han comenzado a desarrollar emprendimientos que transforman la materia prima en chocolates artesanales y recorridos experienciales.

Cocorná y San Luis: río y cañón

Más hacia el oriente aparecen dos municipios que han encontrado en los deportes extremos una de sus principales fortalezas. Cocorná, atravesado por numerosos ríos de montaña, ofrece escenarios ideales para practicar rafting, canopy, torrentismo y senderismo.

Las cascadas de Los Caballeros, El Chiflón y numerosos pozos naturales forman parte de una oferta que crece año tras año.

Muy cerca se encuentra San Luis, considerado por muchos viajeros como uno de los secretos mejor guardados del Oriente. Sus aguas cristalinas, enormes rocas y piscinas naturales han convertido al municipio en un destino perfecto para quienes buscan experiencias alejadas del turismo masivo.

Entre el verde de los bosques y el murmullo de las aguas cristalinas, los charcos y cascadas del Oriente antioqueño custodian la riqueza natural que le da vida al territorio. FOTO EL COLOMBIANO
Entre el verde de los bosques y el murmullo de las aguas cristalinas, los charcos y cascadas del Oriente antioqueño custodian la riqueza natural que le da vida al territorio. FOTO EL COLOMBIANO

El río Dormilón es quizá el principal atractivo. Sus pozos de aguas verdes y transparentes son escenario permanente para caminatas ecológicas y baños naturales.

San Francisco y su río Melcocho

Ubicado entre los municipios de San Francisco y Cocorná, este afluente se ha hecho famoso por el extraordinario color de sus aguas, la conservación de sus bosques y la posibilidad de recorrer senderos prácticamente vírgenes.

Las autoridades ambientales y las comunidades locales han impulsado un modelo de turismo responsable que limita el impacto sobre el ecosistema.

Aquí no predominan las grandes construcciones ni el turismo masivo. Por el contrario, la experiencia gira alrededor de caminatas guiadas, baños en piscinas naturales, observación de flora y fauna y actividades de educación ambiental. La zona alberga una enorme biodiversidad característica del bosque húmedo tropical y es uno de los lugares favoritos para fotógrafos de naturaleza.

No solo es visitar, es cuidar

Una voz autorizada en el tema de ecoturismo es la de Lorena Duque, una de las fundadoras de la Reserva Natural Zafra de San Rafael, donde hace más de 15 años se ha sabido combinar la actividad turística con el cuidado de los bosques y ríos. Lorena reconoce que municipios como Guatapé se han convertido en referentes turísticos, pero también en ejemplos de los riesgos que trae un crecimiento sin control.

A su juicio, uno de los mayores aprendizajes consiste en que sean los propios habitantes quienes lideren el desarrollo turístico.

“Es muy importante que los locales sean los que asuman la tarea, porque el recurso se queda en la casa, porque las familias con las que se puede abrir el sistema productivo son personas que van a invertir también localmente”, señala.

Por ende, uno de los principios que orienta el funcionamiento de Zafra es reducir al máximo el impacto ambiental de sus operaciones. Todas sus instalaciones funcionan con baños secos o ecológicos, que no utilizan agua y permiten transformar los residuos orgánicos en compost para fertilizar jardines y árboles mediante un sistema conocido como pacas digestoras.

A esto se suma una apuesta permanente por la restauración ecológica, la siembra de árboles nativos, el uso de guadua como material de construcción y la aplicación de principios de economía circular que buscan aprovechar al máximo los recursos disponibles.

Para ella, la meta es que cada persona llegue con la intención de dejar el lugar en mejores condiciones de como lo encontró, aportando conocimiento, respeto y nuevas ideas.

Del fiambre a la alta cocina

Durante muchos años, quienes viajaban al Oriente antioqueño hacían una parada casi obligatoria para comer una trucha en Guatapé o comprar un postre en San Antonio de Pereira antes de regresar a Medellín. Hoy esa tradición evolucionó hasta convertir a la región en uno de los principales corredores gastronómicos del país.

Según datos de la Cámara de Comercio de Oriente, la mayor concentración de la actividad turística se encuentra en la zona del Altiplano del Oriente, que reúne el 64,87% de la oferta empresarial relacionada con el sector.

Le siguen la zona de Embalses, con el 21,18%; la región de Páramo, con 8,86%, y la zona de Bosques, con el 5%. Este comportamiento confirma que municipios como Rionegro, Guarne, El Retiro, La Ceja, Marinilla, El Carmen de Viboral y Llanogrande continúan siendo el principal eje turístico de la subregión.

No obstante, el crecimiento más acelerado se está presentando en municipios considerados emergentes. En el Altiplano, La Unión lidera el aumento de la actividad turística con un crecimiento del 35,85%; en la zona de Embalses sobresale San Carlos, con 14,71%; en el Páramo se destaca Nariño, con 37,5%, mientras que en la región de Bosques el mayor crecimiento corresponde a San Luis, con 18,3%.

Estos indicadores muestran cómo nuevos destinos comienzan a ganar protagonismo dentro de la oferta turística del Oriente.

La expansión urbana del altiplano, la llegada de inversionistas, el crecimiento del turismo nacional e internacional y la instalación de hoteles de lujo impulsaron la apertura de restaurantes especializados que hoy ofrecen desde cocina tradicional antioqueña hasta propuestas de autor, gastronomía internacional, parrillas premium, cocina asiática, italiana, francesa y experiencias de alta cocina en medio de bosques, lagos y montañas.

Los postres de San Antonio de Pereira

Pocas tradiciones gastronómicas tienen tanta fuerza en Antioquia como detenerse en San Antonio de Pereira a comer postre. Lo que comenzó hace varias décadas con pequeños negocios familiares terminó convirtiéndose en una verdadera marca turística.

Las vitrinas exhiben cientos de preparaciones elaboradas con frutas, chocolates, arequipe, quesos, café, galletas y recetas tradicionales que han convertido al corregimiento de Rionegro en una parada obligada para miles de visitantes cada fin de semana.

El éxito de los postres impulsó el crecimiento comercial del sector. Hoy la oferta incluye cafeterías, panaderías artesanales, restaurantes, heladerías y establecimientos que aprovechan el flujo permanente de turistas que llegan desde Medellín, el Valle de Aburrá e incluso desde otras regiones del país.

En Llanogrande se come ‘caché’

La cercanía con el aeropuerto José María Córdova, el crecimiento urbanístico y la llegada de hoteles de lujo impulsaron la instalación de algunos de los restaurantes más reconocidos de Antioquia en este corregimiento.

En esta zona es posible encontrar propuestas especializadas en carnes maduradas, cocina mediterránea, japonesa, peruana, mexicana, italiana y colombiana contemporánea. Muchos establecimientos fueron concebidos como experiencias completas: arquitectura moderna, jardines, lagos, viñedos, terrazas, fogatas y música en vivo complementan una oferta culinaria que busca atraer tanto a turistas como a locales.

La presencia de chefs reconocidos y empresarios del sector gastronómico ha convertido a Llanogrande en uno de los principales polos culinarios del departamento. Incluso varios restaurantes han sido incluidos entre las recomendaciones de publicaciones especializadas y plataformas internacionales de turismo.

El Carmen de Viboral y La Ceja

La tradición artesanal de El Carmen de Viboral terminó encontrando un aliado inesperado en la gastronomía. Numerosos restaurantes utilizan la tradicional loza carmelitana para presentar sus platos, integrando dos de las principales expresiones culturales del municipio.

El visitante no solo disfruta de una oferta gastronómica cada vez más diversa, sino que también puede recorrer talleres donde se elaboran las piezas de cerámica pintadas a mano que identifican al municipio desde hace más de un siglo.

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El crecimiento turístico ha impulsado cafeterías de especialidad, panaderías artesanales y pequeños restaurantes familiares que rescatan recetas tradicionales mientras incorporan nuevas tendencias culinarias.

Por su parte, La Ceja, conocida durante décadas por su producción de flores y su tradición agrícola, también se abrió espacio dentro del mapa gastronómico del Oriente.

El auge de los cafés especiales encontró aquí un terreno fértil gracias a la cercanía con productores de café de municipios vecinos. Cada vez son más los establecimientos dedicados a ofrecer métodos de filtrado, catas y experiencias alrededor del café de origen antioqueño.

A la tradicional bandeja paisa se sumaron propuestas saludables, panadería artesanal, cocina internacional y restaurantes campestres que aprovechan el paisaje rural como parte de la experiencia.

¿Y qué hay del turismo religioso?

No es casualidad que varios municipios del Oriente hagan parte de las rutas patrimoniales impulsadas por entidades culturales y turísticas. Sus calles empedradas, casas coloniales, plazas principales e iglesias centenarias conservan buena parte de la memoria de una región que fue protagonista en distintos momentos de la historia nacional.

Concepción, por ejemplo, fue declarado Bien de Interés Cultural de Carácter Nacional y hace parte de la Red de Pueblos Patrimonio de Colombia gracias a la conservación de su arquitectura colonial. Las viviendas mantienen balcones de madera, fachadas blancas y cubiertas de teja de barro que prácticamente no han cambiado desde finales del siglo XIX.

La iglesia Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción domina la plaza principal y constituye uno de los principales referentes arquitectónicos del municipio. Pero la importancia histórica de Concepción también está ligada a uno de los personajes más importantes de la independencia.

El municipio fue el lugar donde nació José María Córdova, el llamado “Héroe de Ayacucho”, considerado uno de los militares más destacados de las campañas independentistas lideradas por Simón Bolívar. Su casa natal, convertida hoy en museo, conserva documentos, objetos históricos y espacios que permiten reconstruir la vida del prócer antioqueño.

Marinilla es considerada ‘la ciudad de los Cristos’, pues su mayor símbolo es el Museo de los Cristos, donde se exhibe una colección de más de 2.500 representaciones de Jesucristo elaboradas en distintos materiales, tamaños, técnicas y épocas.

La colección, considerada una de las más importantes de América Latina en su tipo, atrae visitantes durante todo el año, especialmente en Semana Santa. El recorrido permite observar imágenes talladas en madera, marfil, metal y otros materiales.

Por último, pero no menos importante, está Sonsón. Aunque geográficamente marca la transición entre el Oriente y el Magdalena Medio, Sonsón ocupa un lugar privilegiado dentro del patrimonio religioso de Antioquia.

Este municipio fue durante décadas uno de los principales centros eclesiásticos del departamento y aún conserva buena parte de esa herencia. La Basílica Menor Nuestra Señora de Chiquinquirá domina el paisaje urbano con su imponente arquitectura y constituye uno de los principales centros de peregrinación de la región.

A ello se suma el Museo de Arte Religioso, que conserva imágenes, documentos, objetos litúrgicos y piezas de gran valor histórico.

Un destino para todos los gustos

Quizá la mayor fortaleza del Oriente antioqueño sea precisamente su diversidad. Pocas regiones del país permiten recorrer, en menos de dos horas de carretera, un embalse de talla internacional, un bosque húmedo tropical, un restaurante de alta cocina, un museo religioso, una iglesia colonial, un pueblo patrimonio y una cascada escondida entre montañas.

En cifras absolutas, la región cuenta con 2.010 viviendas turísticas, 469 establecimientos de alojamiento, 287 agencias de viajes, 71 guías de turismo y 40 establecimientos gastronómicos inscritos en el Registro Nacional de Turismo.

En un departamento reconocido por la diversidad de sus paisajes, el Oriente logró reunir en un mismo territorio naturaleza, patrimonio, gastronomía e historia, consolidándose como uno de los grandes motores del turismo en Colombia y como una región que todavía guarda muchos rincones por descubrir.

Bloque de preguntas y respuestas:

¿Cuáles son los destinos emergentes del Oriente antioqueño?
Son municipios y corregimientos que han comenzado a posicionarse como alternativas turísticas gracias a sus paisajes naturales, oferta cultural, gastronomía y actividades de aventura, pero que aún no reciben el mismo flujo de visitantes que destinos tradicionales como Guatapé o El Peñol.
¿Qué actividades pueden hacer los turistas en estos destinos?
Los visitantes pueden practicar senderismo, avistamiento de aves, deportes acuáticos, turismo de naturaleza, recorridos históricos, visitas a cascadas, gastronomía local y experiencias rurales.
¿Por qué estos destinos impulsan el desarrollo económico de la región?
El turismo genera empleo para hoteles, restaurantes, guías, transportadores, artesanos y pequeños comerciantes, fortaleciendo la economía local y promoviendo el emprendimiento.

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