–Mire, la realidad es que necesitan cinco mil millones de los cuales tienen conseguidos dos. Necesitan tres, de usted.
– Esos los hay.
– ¿Sí?
– Sí, eso está ahí.
– Claro, hijueputa, yo en cambio... No me dan ni cinco a mí.
– No, pues es que vos no nos podés arreglar la vida a nosotros.
A un lado de la línea estaba Alberto Giraldo, periodista y enlace de la campaña del entonces candidato presidencial Ernesto Samper, y al otro Gilberto Rodríguez Orejuela, el jefe del Cartel de Cali. Esa, al igual que otras llamadas entre ambos, quedaron grabadas en tres casetes que recibieron el nombre de Narcocasetes en junio de 1994, cuando salieron a la luz y abrieron la primera grieta de lo que hoy conocemos como el Proceso 8.000.
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Con esa conversación arranca también El 8.000: El presidente que se iba a caer, la nueva serie documental escrita y dirigida por Luisa Orozco y Luisa Reyes, disponible en HBO Max, que después de 30 años reconstruye el caso a partir de la investigación que realizaron los periodistas de la Revista Semana Mauricio Vargas, Edgar Téllez y Jorge Lesmes. Este es el primer seriado sobre uno de los escándalos más relevantes en la historia de la política colombiana.
La producción, que tiene cuatro capítulos de poco más de 20 minutos cada uno, fue realizada por la productora colombiana Quinto Color y adquirida por la plataforma de streaming. Creada hace casi veinte años, entre los títulos de la compañía audiovisual están los documentales Jaime Garzón: Reportaje especial y La rosca nostra, que es la adaptación de otra investigación periodística que expuso cómo varias empresas se unieron ilegalmente para fijar los precios de productos básicos.
También produjo las series Emma Reyes: La huella de la infancia, sobre la artista y escritora bogotana, y la adaptación de La Vorágine, la novela de José Eustasio Rivera. Como lo muestran estos títulos, Quinto se ha especializado en contar historias de la vida real para el cine y la televisión, de llevarlas de un lenguaje –ya sea el periodístico o el literario–al audiovisual.
Lo mismo ocurrió en esta nueva serie, en la que el punto de partida, además del caso mismo, fue El presidente que se iba a caer: diario secreto de tres periodistas sobre el 8.000, libro escrito por Vargas, Lesmes y Téllez, publicado en 1996 por la editorial Planeta, que muestra el seguimiento y las revelaciones que los tres hicieron durante meses de la entrada de dinero del narcotráfico a la campaña de Samper en 1994.
La idea de convertir esto en una serie apareció hace cinco años cuando Jorge López Abella, fundador de Quinto Color y productor ejecutivo de El 8.000, contactó a Vargas, quien durante el escándalo trabajaba como director de Semana, para preguntarle por los derechos del libro, los cuales se encontraban libres. Tanto Mauricio, como Lesmes y Téllez, aceptaron la propuesta de revivir esta historia.
En esos primeros acercamientos, como le contó a EL COLOMBIANO José Lombana, también productor ejecutivo de la serie, se realizaron pensando en llevar a cabo una ficción inspirada en el trabajo de los tres periodistas. ”Pero cuando empezamos a recibir la información dijimos: esto es un documento fundamental para poder entender la magnitud de la historia de Colombia, también para nosotros saber la línea que debe tener nuestro proyecto y para que las personas puedan ver lo que realmente ocurrió”, aseguró.
Así fue el 8.000
Días antes del 19 de junio de 1994, día de la segunda vuelta presidencial en la que se enfrentaron Samper y Andrés Pastrana, este último llevó al despacho del entonces presidente César Gaviria tres casetes con grabaciones de las llamadas entre el periodista Giraldo y Rodríguez Orejuela, hablando sobre la entrada de alrededor de 3 millones de dólares de la época a la campaña de Samper, provenientes del narcotráfico.
Sin embargo, lo que hizo el mandatario fue enviarlos a la Fiscalía y así fue como, sin obstáculo alguno, Samper se convirtió en el presidente de Colombia más votado en la historia hasta ese momento. Con esos audios fue que Lesmes, quien en ese momento era jefe de redacción de la revista, comenzó a investigar el caso: su primer paso fue identificar a los hombres cuyas voces allí aparecían.
En agosto, nueve días después de la posesión de Samper, la Fiscalía archivó el caso de los Narcocasetes, asegurando que habían sido editados y que no habían sido obtenidos legalmente. Sin embargo, ese mismo mes, Alfonso Valdivieso Sarmiento asumió como nuevo fiscal general y reanudó la investigación sobre la financiación de la campaña.
Una de las pruebas clave del proceso fueron los libros contables que las autoridades encontraron cuando, en 1994, allanaron la oficina de Guillermo Pallomari, el chileno que trabajaba como contador del Cartel de Cali. En esos cuadernos estaban los montos y los nombres que los Rodríguez Orejuela habían dado a políticos de la época para que defendieran sus intereses.
Pero estas evidencias quedaron archivadas en Cali, donde, al pasar de las semanas, el proceso no parecía avanzar. Una de las carpetas fue registrada con el nombre “Expediente 8.000” –que fue el que se terminó popularizando, aunque después el caso sería ennumerado como el 24249– , el cual llegaría en 1995 a las oficinas de la Fiscalía en Bogotá por petición de Valdivieso. Es ahí donde entran los fiscales sin rostro, una figura que había sido creada a finales de los ochenta para proteger a los funcionarios que estaban detrás de las investigaciones del narcotráfico.
Lo que hace El 8.000: El presidente que se iba a caer es que, por primera vez, revela la identidad completa de los fiscales que trabajaron en este caso, quienes detallan cómo recibieron los primeros archivos, por qué decidieron colaborar con los periodistas y también algunos otros detalles inéditos sobre su trabajo.
“Llegamos a ellos en mesas de trabajo con los periodistas. Todo se hizo de la mano de la investigación periodística y de ellos, que también estuvieron involucrados en hilar todos los aspectos. Cuando les dijimos que los teníamos ubicados –porque esa parte sí fue una investigación propia– y que estaban dispuestos a dar la cara, hicimos una reunión con todo el equipo editorial. Nos encontramos en la sede de Quinto Color, recuerdo la primera vez, y ahí empezamos a darle esos puntos de giro y de quiebre a la serie”, contó Lombana.
La serie también incluye el testimonio del general Óscar Naranjo y de Robert S. Gelbard, subsecretario de Estado de Estados Unidos para asuntos de narcóticos entre 1993 y 1997, quien habla sobre cómo fue la relación diplomática entre ambos países y sobre el descontento de Estados Unidos frente a Samper, quien tuvo que calibrar constantemente lo que hacía para satisfacer la política antidrogas, pero también para mantener a gusto a los donantes de su campaña.
Dos de los personajes que querían que aparecieran en la producción son el mismo Samper, quien no aceptó, y Fernando Botero Zea, hijo del pintor Fernando Botero, gerente general de la campaña y ministro de Defensa del expresidente, quien fue condenado por recibir dinero del Cartel de Cali y también por apropiarse de este para beneficio propio.
Otra de las figuras relevantes del escándalo fue Santiago Medina, tesorero del exmandatario y quien terminó siendo un testigo clave en el Proceso 8.000 al confesar que sí recibieron millones de dólares del narcotráfico y que Samper estaba al tanto del acuerdo con los Rodríguez Orejuela.
En la serie, Lesmes relata cómo fue el encuentro que tuvo con él, fallecido en 1999 mientras cumplía su condena de 64 meses por enriquecimiento ilícito, en el que le mostró los registros de las cifras recibidas de los narcos y cómo era enviado el dinero en cajas de cartón envueltas en papel fucsia y con moño incluido, como si fuese un regalo.
Aunque las entrevistas de los periodistas y de figuras cercanas al caso fueron fundamentales, el uso de imágenes y videos de archivo fue crucial para la realización de El 8.000. Lombana menciona que incluso podría decirse que esta fue una serie más de escritorio que de rodaje, porque recopilar las grabaciones y publicaciones de la época y la posterior selección del material les tomó meses enteros.
“Recopilar ese archivo fue muy difícil porque se hablaba demasiado y, cuando se habla demasiado de las cosas, también pierden sentido o valor. Fueron tres años en los que encontramos demasiada prensa, pero, a la vez, todo era superficial, porque las cosas que estaban sucediendo eran exactamente lo contrario de lo que la prensa estaba divulgando. Creo que es el archivo más robusto que existe en audiovisual sobre el Proceso 8.000”, sostiene.
Para recrear algunas situaciones para las que no habían fotos ni documentos, lo que hicieron fue crear algunas escenas de pocos segundos con inteligencia artificial. Con esta misma tecnología también intervinieron algunas imágenes de los noventas para darles movimiento y así crear la impresión de que se trata de un video.
Un detrás de cámara periodístico
Después de treinta años, El 8.000 revela la minucia de la reportería periodística que hicieron Vargas, Téllez y Lesmes: muestra cómo es, en realidad, el acceso a fuentes; cómo se acordaban las reuniones secretas con los fiscales sin rostro y los altos y bajos que tuvieron que enfrentar durante meses en un trabajo que pudo tumbar al presidente.
“Nosotros dedicamos el 100 % de nuestro tiempo a la investigación. Cada uno tenía familia, esposas, hijos, y la presión tan enorme de las amenazas hacía parte del día a día. Pero los periodistas de esa época veníamos de algo más fuerte: toda la guerra contra el narcotráfico. Como reporteros, habíamos vivido momentos muy difíciles, muy fuertes y muy complejos de lo que era hacer reportería en la época de Escobar. Entonces, en el 8.000, toda esa experiencia nos permitió sopesar y equilibrar los momentos muy tensionantes que se vivieron durante la investigación”, le contó Lesmes a EL COLOMBIANO.
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