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Carriazo, detrás de La Gloria de Lucho

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FOTO cortesía caracol

por Jaime Horacio Arango D.

La presencia de Enrique Carriazo inspira respeto y admiración, aunque por momentos resulta intimidante y un poco distante.

Las prevenciones ante el actor desaparecen justo cuando el actor saluda de mano y dice que no hay afán, que tiene tiempo para atender las preguntas. Eso sí, minutos antes los comunicadores de la oficina de prensa de Caracol habían hecho la sugerencia de no cuestionarlo sobre su vida personal.

El actor bogotano, de 51 años, regresa a la pantalla chica luego de una ausencia de cinco años. Su última presencia había sido en el protagónico de Doctor Mata.

Su nuevo reto es con la adaptación que Caracol hizo de la historia de Luis Eduardo Díaz, el famoso lustrabotas que a inicios de este siglo fue concejal de Bogotá.

La charla comenzó con las razones que lo habían seducido para interpretar a Lucho, el lustrabotas. “La principal es que es un hombre que persigue un objetivo, pero su principal obstáculo es él mismo”, responde, no sin antes aclarar que muchas veces cuando las personas buscan un propósito, hay tema interior en ellos mismos que no lo quiere hacer, que lo impide.

En La Gloria de Lucho comparte protagónico con Verónica Orozco, con quién no había tenido la oportunidad de actuar y de la que dice que es un ser maravilloso del que aprendió mucho.

Carriazo, recordado por el personaje de Beto Reyes, en Los Reyes, anota que el rol de Lucho no es una radiografía de Luis Eduardo, sino que está basado en algunos aspectos de su vida y personalidad. En la construcción del rol no habló con el lustrabotas, sino que lo elaboró desde el análisis y no desde la emoción.

Sobre su ausencia de la televisión (el año pasado hizo parte del elenco de la película Amalia la secretaria) relata que le gustan los procesos lentos y eso fue lo que encontró en La Gloria de Lucho.

“Extraño cuando las cosas no se hacen despacio, esa no es una virtud, sino una característica mía, y aquí se hizo de esa manera”.

De su personaje insiste en que la esencia está en que es un hombre que quería integrarse a la sociedad, pero que no tenía la capacidad de hacerlo. Destaca de la historia que privilegió subrayar la parte emocional del personaje por encima de otros aspectos.

Carriazo confiesa que no se preocupa por si es un actor vigente o no, que no le gusta trazarse objetivos, “porque son cosas incontrolables, prefiero concentrarme en lo que puedo manejar”.

A la interpretación de Lucho, al igual que ha sucedido con la mayoría de roles que ha interpretado, le puso su sello personal, esa esencia de la que él mismo habla, en este caso la fusión entre la comedia, la realidad y el drama, en un personaje polémico como el de Luis Eduardo Díaz, el lustrabotas.

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