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Principios y valores, brújulas de la vida

Presentamos la diferencia entre principios y valores, dos conceptos que nos acompañan desde el nacimiento, nos orientan en nuestra formación y cumplen un papel fundamental en la sociedad.

  • Principios y valores, brújulas de la vida
06 de febrero de 2021
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Aunque no podemos tocarlos ni mirarlos ni olerlos, nos han acompañado toda la vida. Nos han guiado desde que nacimos. Incluso, han marcado el derrotero de la humanidad. Las tristezas, las decepciones, las proezas y los grandes actos, recordados por siempre, están marcados por ellos.

Son los principios y valores, dos conceptos que, sin ser iguales, se toman a menudo como sinónimos. Para esclarecer la diferencia entre ambos, Jaime Pareja, director de Humanidades de la Universidad Pontificia Bolivariana asegura que “los valores son una propuesta social que nos otorgan membresía o pertenencia a un grupo. Estos son negociables. ¿Por qué? Uno decide si se identifica con ellos y con el grupo que los profesa”.

Los principios, en cambio, no son negociables. Estos hacen parte íntegra del individuo. Pareja, quien además es presidente del Tribunal de Ética del Colegio Colombiano de Psicólogos, los define como “convicciones profundas”. Y pone un ejemplo: “Si yo, por decir algo, soy provida, no puedo negociar el valor de la vida. Todo lo que vaya en contra de ella lo rechazo. Eso es una convicción profunda”.

Por su parte, la directora del Centro de Integridad de Eafit, Nathalia Franco, da más luces: “Los valores pueden ser tanto buenos como indeseables. Eso es algo que nos advierte el concepto aristotélico de vicios y virtudes. Por ejemplo, la solidaridad es un valor que, llevado al extremo, se convierte en derroche. Lo que plantea Aristóteles es una mesura, un justo medio para hacer el bien”.

La directora precisa, además, que hay valores negativos como la avaricia, la mezquindad o la imprudencia. Para rematar, estos son moldeados por las sociedades. Por ejemplo, ser esclavista no estaba mal visto en el siglo XVI, pero esa práctica es hoy condenada por la humanidad. “Los valores van mutando”.

Desde Eafit, la experta agrega que los principios se diferencian de los valores porque son una “impronta, una incorporación dentro del alma que dan una luz que la enaltece. Los principios no son negociables. Están en el fondo de la persona y determinan la esencia de cada uno”.

Sobre los valores, la filósofa española Adela Cortina advierte que hay de varios tipos. “Aunque hay discrepancias en su definición, los más conocidos son los llamados “valores morales”: la bondad, la justicia, la lealtad. Pero también hay algunos sensibles, como el dolor, la alegría o la pena; útiles, como la incapacidad y la capacidad, la eficiencia y la ineficiencia; vitales, como la salud o la enfermedad; o estéticos, es decir, lo bello y lo feo.

El aprendizaje

Los valores y principios, dice Franco, son vitales para el buen funcionamiento de la sociedad. Para probarlo, expone que la felicidad solo puede alcanzarse cuando los individuos actúan de manera armoniosa con sus principios. En cambio, cuando los traicionan, se sienten desdichados. Pero, ¿qué tiene que ver la felicidad con el buen funcionamiento de la sociedad? Franco responde, de inmediato: “El fin último de la vida es la felicidad. En la posmodernidad, cuando abunda el subjetivismo, cada uno tiene su manera de llegar a la felicidad. Este valor nos indica que la sociedad está sana”.

En este punto surge una pregunta: ¿cómo se aprenden los valores y principios? Aunque la pregunta suena obvia, la respuesta no es tan sencilla. Pareja explica que la escuela, la familia y la sociedad hacen parte de la primera fase de aprendizaje. “Estas instituciones le hacen la primera invitación a la persona, pero es solo el primer paso”, explica.

Esa etapa primigenia se considera preconvencional. En ella se enseña con castigos, es decir, cuando se comete una acción incorrecta, la persona es castigada. Después aparece la convencional, cuando el individuo adopta esas propuestas que le han hecho las instituciones mencionadas. Pero el desarrollo pleno moral llega después, cuando la persona puede ver con sentido crítico los valores aprendidos. “Esa es la última etapa, se llama crítica o postconvencional y es cuando el individuo puede definir en qué cree y en que no. Ha hecho una crítica de lo aprendido. Acá no hace las cosas por miedo al castigo, sino por convicción”, precisa Pareja.

El experto señala que no hay una edad para adquirir la madurez. Incluso, hay personas que nunca la encuentran en aspectos como la sexualidad, lo político o lo ciudadano.

Para Franco, por su parte, lo más importante es enseñar desde el ejemplo, tanto en la escuela como en la familia. “Hay que ser consecuentes. Yo no les puedo pedir a mis hijos que sean buenas personas cuando yo trato mal a la gente”, comenta.

El ejemplo de Eafit

El Centro de Integridad de Eafit resume bien el papel y la importancia de los valores y los principios en las organizaciones. Esa entidad, creada en 2016, pero que había sido pensada desde 2011, acompaña a toda la comunidad educativa en la formación moral. “Somos un alto en el camino, una invitación a pensar. Hacemos conferencias, mantenemos el diálogo abierto. Acompañamos los casos de fraude, de discriminación por cualquier tipo”, explica Franco, directora del Centro.

Añade que las instituciones tienen sus propios valores. La entidad que preside, por ejemplo, fomenta la vida buena, justa y feliz. Una de sus propuestas, explica, es dejar de poner el ojo en lo malo para centrarse en los buenos ejemplos. De ahí nace Docentes que inspiran, una iniciativa para resaltar a profesores comprometidos con sus labores y con comportamientos éticos ejemplares.

Para el doctor en Procesos Sociales y Políticos en América Latina, Álvaro Andrés Hamburger, la ética es indisoluble del ejercicio de las organizaciones. El académico habla de varios ejes. Uno de ellos señala que las empresas deben humanizarse, es decir, acompañar el proceso de formación de sus empleados, además de brindarles las mejores condiciones laborales. Esta propuesta ha sido varias veces apoyada por la mencionada filósofa Adela Cortina, quien ha dicho que “la ética es rentable”, haciendo alusión a la responsabilidad ética de las compañías.

Pareja, desde la UPB, concluye que cada quien debe escoger las instituciones a las que quiere pertenecer, según sus principios

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