Javier Zapata reconoció, al final de su nueva aventura, y tras cumplir una extenuante jornada, acompañado siempre por un inclemente sol y la emoción de gente a su lado, que estuvo a punto de tirar la toalla.
“Esto es muy bravo mi hermano. Varias veces sentí las ganas de bajarme de la bicicleta, pero en esos momentos encontré el aliento de mucha gente que en las escalinatas me impulsaba a seguir”.
Y así, finalmente, el biketrialista paisa que estuvo más de un año en retiro forzoso debido a una lesión de rodilla, y que no sabía, a ciencia cierta, si su organismo iría a resistir esta nueva tarea, cumplió la meta de subir las 1.049 escalas del cerro Pan de Azúcar. Lo hizo en 59 minutos 5 segundos pese a que, por tramos, siempre se preguntaba “ah, para qué me metería yo a hacer esto”.
La pendiente de las escalas en piedra fue lo más duro, muy pesada y agreste. Zapata tomó la salida en el aula escuela del barrio 13 de Noviembre, abordando, inicialmente, 43 piedras arqueológicas, luego un trayecto amplio en escalinatas de cemento y, al final, otras 249 de piedra rematando en la cima. “Ese man es un teso”, atinaban a decir quienes lo aplaudieron al bajarse de la cicla.
En su faena estuvo acompañado por su pequeño hijo Matías, su esposa Cristina Yarce, y por Francisco Ossa, practicante de flatland y su soporte técnico.
Este registro no es ni récord mundial ni menos Guinnes; sin embargo, Zapata ya lo carga como una de sus más importantes hazañas, superando la de 2010, al subir los 649 escalones de la piedra de El Peñol (43 minutos y 40 segundos). Este hombre de 42 años de edad apunta ahora a un reto mayor: la torre Bacatá, de 67 pisos y cerca de 1.500 escalinatas.