El deportista Diego Ignacio Gómez es malo para las fechas, pero el día que nunca va a olvidar es el 2 de diciembre de 2011, ya que ese día su vida cambió radicalmente. Y no es una frase de cajón: esa vez, el joven soldado profesional que tenía 27 años cayó en un campo minado mientras realizaba labores de erradicación de cultivos ilícitos, sufriendo la amputación de sus extremidades.
Sin una de sus piernas y con la otra destrozada, este antioqueño sintió en varias ocasiones que se iba de este mundo. Casi desangrándose por las lesiones y con apenas un soplo de vida, Diego Ignacio fue evacuado de la zona —se encontraba en el Nudo de Paramillo— y trasladado a Medellín, al Hospital Pablo Tobón Uribe, donde le salvaron la vida.
Fueron dos meses entre la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), la hospitalización y una decena de cirugías e intervenciones para frenar la infección que le produjo el material de la mina explosiva. Durante ese tiempo, el hombre independiente que solía salvar vidas junto a su perro como guía canino, pasó a ser un ser totalmente dependiente de su madre y sus hermanas. Ellas lo cuidaron como a un bebé, pues no podía valerse por sí mismo.
“Me bañaban, me tenían que cambiar, no me podía mover de la cama y todo dependía de lo que ellas pudieran hacer por mí”, recuerda el hoy deportista, quien confiesa que pertenecer al Ejército siempre fue su sueño de niño. Por eso, tan pronto terminó su servicio militar, se enfiló en la institución. Tiempo después, debido a una enfermedad que le afectó el corazón, dejó el combate directo para convertirse en guía canino, pues amaba a los perros y sentía una gran afinidad para trabajar con ellos.
Ejerciendo esa labor llegó el atentado, el día y la circunstancia que transformaron su vida. Aunque al principio pensó que era el fin de todo, fue allí donde encontró no solo su camino, sino el rumbo para dejar huella, trascender y reencontrarse con Dios.
Fueron meses difíciles; días en los que sintió morir y otros en los que pensó en dejar este mundo. Sin embargo, luego de la lucha y gracias al trabajo social que realiza el Ejército con los militares heridos en combate, Diego Ignacio conoció el deporte. Tras experimentar lo que era jugar sentado en una cancha de voleibol, reconoció que allí estaba su futuro y que, en su nueva condición, también podía ser feliz, pues lo más importante era que seguía vivo.
Diego reencontró la felicidad
Ese amante del fútbol, que jugaba cada vez que tenía la oportunidad y que sufría por no poder seguir en las canchas con sus amigos, encontró en el coliseo de voleibol otro lugar para la felicidad. Tras ser pensionado por la institución debido a su discapacidad, Diego enfocó su vida en convertirse en deportista. Su anhelo era representar a Antioquia y a Colombia; así comenzó el camino que hoy lo tiene como el pasador de la Selección Tricolor que se prepara para el Campeonato Parasuramericano de voleibol sentado que se disputará en Valledupar.
Su entrenador en la Selección Colombia, Miguel Yepes, destaca que Diego Ignacio cuenta con muchas capacidades, su agilidad y experiencia serán vitales para buscar un buen resultado en el torneo.
Y es que Gómez, además de lograr el sueño de ser Selección Antioquia, también pudo cumplir la meta de ponerse la tricolor. Ya ha estado en torneos internacionales y ahora sueña con ser medallista en casa, junto a sus compañeros de equipo a quienes ve como hermanos. “La mayoría de los integrantes son exmilitares y, por ello, la unión y hermandad que tenemos es tan sólida. Siento que la Selección está fuerte y esperamos darle una gran alegría a nuestras familias y al país”, comenta.
Gómez reconoce también que, gracias al deporte, ha podido salir adelante y valerse por sí mismo, conocer países e ir a lugares donde jamás pensó que podría estar. Su disciplina lo ha llevado a México, Brasil, Perú y Costa Rica, destinos que ha disfrutado.
Su pasión por el deporte la combina con su pequeña empresa de bordados con la que se sostiene económicamente, aprovechando el tiempo para sentirse útil y seguir adelante. Además de ser deportista, Diego Ignacio también dicta charlas en colegios, empresas y cualquier lugar donde lo inviten a compartir su testimonio. Tras la tragedia vivida, realizó un retiro espiritual y recuperó su fe, algo que también agradece profundamente para reencontrarse con el amor de Dios.
Ahora, junto a sus compañeros de Selección, sueña con alcanzar un lugar en el podio del Campeonato Parasuramericano en Valledupar, para volver a defender los colores del país y dejarlo en todo lo alto.
¿Quiénes integran la Selección Colombia de voleisentado?
En Medellín, la Selección Colombia de voleibol sentado realizó una concentración, la tercera, en su preparación con miras al Campeonato Parasuramericanos que se realizará en Valledupar, del 4 al 9 de julio, con la presencia de Brasil, Argentina, Perú, Bolivia, Venezuela y Colombia.
El grupo que representará al país está integrado por deportistas de Antioquia, Fuerzas Armadas, Bogotá, Santa Marta y Córdoba. Los elegidos completan tres concentraciones: Bogotá, Tolemaida y Medellín y tendrán una más el próximo mes de nuevo en la capital de la República donde quedarán listos para el torneo.
Además del trabajo físico, en Medellín el equipo nacional se fogueo con la selección Antioquia de volei sentado, pero también con equipos convencionales de categorías menores para llegar con buena preparación y competencia al Parasuramericano.