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Los detalles desconocidos en el camino de Nacional hacia la crisis actual

Directivos amenazados, un fracaso internacional, un pobre rendimiento en Liga e incertidumbre. Así se llegó hasta acá.

  • En las imágenes aparecen Esteban Escobar, Benjamín Romero, Mauricio Navarro y la barra Los Del Sur. FOTOS El COLOMBIANO

    En las imágenes aparecen Esteban Escobar, Benjamín Romero, Mauricio Navarro y la barra Los Del Sur. FOTOS

    El COLOMBIANO

02 de marzo de 2024
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Atlético Nacional es el equipo más grande de Colombia y así lo demuestran sus 33 títulos, dos de ellos de la máxima competición de clubes en Sudamérica, la Copa Libertadores, pero hoy vive una profunda crisis y un divorcio con su hinchada. Hay una serie de problemas alrededor del club y los señalados son los dirigentes, quienes en los últimos días han recibido miles de amenazas después de que sus números de WhatsApp fueran filtrados en las redes sociales, pero ¿cómo se ha llegado hasta esta lamentable situación en 8 años?

Desde 1996 Nacional pertenece a la organización Ardila Lule, uno de los tres conglomerados más poderoso del país y eso se ha visto reflejado en la consecución de títulos, logros internacionales y fichajes de jugadores estelares, a excepción de los últimos años. El objetivo de la organización era promocionar sus marcas a través del equipo, que después de ganar la Copa Libertadores de 1989, generó hinchas en todo el país.

El grupo Ardila Lule empezó a inyectarle dinero al club, que hasta ese momento tenía 6 títulos de Liga. El verde volvió a quedar campeón en 1999, pero a comienzos de los 2000 las cosas no le salían bien y la organización decidió invertir más y así llegan una seguidilla de títulos: 2005 (Apertura), 2007 (Apertura y Finalización), 2011 (Apertura), 2013 (Apertura y Finalización), 2014 (Apertura), 2015 (Apertura), 2017 (Apertura), 2022 (Apertura). Además de la Libertadores de 2016, las copas Colombia de 2012, 2013, 2016, 2018, 2021 y 2023, las superligas de 2012, 2016 y 2023 y la Recopa de 2017. Ya tenía la Merconorte de 1998 y del 2000.

Juan Carlos de la Cuesta llegó a la presidencia de Nacional en 2010 y desde ese momento la política del club era incluir a su barra más numerosa, Los del Sur en sus proyectos. En 2016, ya el club tenía varios contratos con las barras y patrocinaba varias de sus iniciativas. “Tenemos un acuerdo y hacemos convenios de cooperación para que el club de formación que ellos tienen tengan balones, uniformes y lo necesario para su proyecto social. Les dimos la logística para que ellos hagan la logística de la barra en el estadio y le entregamos en contraprestación por ese servicio unas boletas”, dijo en su momento De la Cuesta.

Ese fue el año más glorioso para Nacional, pero también el comienzo de la crisis que hoy tiene su punto más álgido.

Aparece Carolina Ardila

En 2017 aparece el nombre de Carolina Ardila, la heredera del dueño del club, Antonio José. Ella trabajaba de banquera en una firma de inversiones en Nueva York y, según sus propias palabras, vino a Colombia para desarrollar una labor social. Jorge Mendes, el representante más afamado del mundo, es su amigo y fue uno de los que la impulsó a meterse en el mundo de la representación de futbolistas, razón por la cual creo su empresa Elite Player. En la actualidad en la nómina de Atlético Nacional hay 6 jugadores de esa empresa: Andrés Salazar, Simón García, Kilian Toscano, Yeicar Perlaza, Juan Pablo Torres y Jayder Asprilla.

Sobre ella se dice que es la que toma las decisiones en el club, pero ninguno de los directivos ha aceptado ese tema. Víctor Marulanda, que fue gerente y presidente verde, contó que antes de él salir de Nacional tuvo la oportunidad de conocerla, pero que nunca le dio una orden y que la vio solo en un par de entrenamientos. “Sé que tiene una agencia de representación de jugadores y eso lo puede hacer cualquiera, lo importante es que lo personal no supere lo institucional, porque eso debe estar por encima de todo”, dijo Marulanda.

Carolina solo ha dado dos entrevistas desde que regresó al país y en una de estas, que fue con EL COLOMBIANO, aseguró lo siguiente: “Mi papá tiene su equipo, que es Nacional y yo tengo mi proyecto, que es Élite...En Nacional, yo no tomo decisiones”.

Sin embargo, se insiste en que ella es la que tiene la última palabra en el club, y la salida de Giovanni Moreno generó ese tipo de comentarios, ya que el mismo Gio dijo que ella lo había llamado tras el título de 2022 y le dijo: “usted no se va mijito, usted se queda”. Pero antes de esta situación hay que volver al 2017 cuando se da la salida del técnico Reinaldo Rueda, quien dijo que no se quería ir pero debía hacerlo. Muchos culparon a Juan Pablo Ángel de esa situación. Incluso, consultamos a Juan Pablo sobre el tema y dijo que no iba hablar sobre algo que no era cierto. El mismo Reinaldo Rueda aseguró que Ángel no tuvo nada que ver que, al contrario, él tenía las mejores referencias de él y por eso lo recomendó como técnico encargado cuando a él lo operaron de la cadera.

El tema es que Ángel era uno de los abanderados del Centro de Alto Rendimiento de Nacional y el preparador físico de Rueda, Carlos Velasco, no le estaba dando el uso ideal a ese espacio. Marulanda contó que a Rueda le ofrecieron volverse una especie de mánager deportivo en el equipo, pero que Velasco no iba a continuar y, por esa relación de lealtad a Velasco, Rueda dijo que también se iba.

Llega la inestabilidad

La organización le apostó a Juan Manuel Lillo, entrenador que fue recomendado por Juan Carlos Osorio, pero después de 22 partidos, 13 triunfos, 2 empates y 7 derrotas, el español decidió dar un paso al costado. Ese mismo año la organización cometió un grave error y fue el de nombrar a Andrés Botero como presidente del club. Botero venía de haber sido director de Coldeportes y cuestionado por la gestión de los Juegos Nacionales de 2015, además nunca había tenido experiencia en el fútbol. Nacional le dio un “cheque en blanco” para que él gestionara el club.

En ese momento se contrató al técnico argentino Jorge Almirón, quien trajo a tres jugadores de la cuerda del empresario Cristian Bragarnik: Diego Braghieri, Fernando Monetti y Gonzalo Castellani. Todos tenían contratos con salarios exorbitantes hasta de 300 millones mensuales, mientras que al mismo tiempo cursaba una demanda del Cortuluá al club por el caso de Fernando Uribe, jugador que había debutado en el elenco vallecaucano y que Nacional prestó a Millonarios, pero le dejaron vencer el contrato, quedó libre y Cortuluá no recibió dinero después del traspaso.

A esto se sumó que el equipo verde tenía más de 30 jugadores prestados a otros clubes a los que les tenía que pagar la mitad de su salario. Así, como se diría popularmente, “no hay papá rico que aguante”.

En 2018 se pudo haber cambiado la historia en la final que Nacional perdió frente al Tolima, de haberla ganado, sus finanzas tendrían un respiro y otro habría sido el cantar.

Los números no cuadran

Según un informe de comportamiento financiero de los clubes realizado por Supersociedades, desde 2015 Nacional solo terminó el año con buenos dividendos financieros en 2016 y 2017. Todos esos problemas los heredó el nuevo presidente, Juan David Pérez, quien reemplazó a Andrés Botero. Cuando Pérez estaba llegando a la recuperación económica y el punto de equilibrio, apareció la Pandemia, que durante los 3 años de duración generó entre cinco y siete millones de dólares por año de déficit.

Debido a que todas las empresas del grupo Ardila se habían visto afectadas, se tomó la decisión de que no se le iba a inyectar más dinero a Nacional, que el club tendría que buscar la manera de ser autosostenible y que se le iba apuntar a fortalecer la cantera, porque con la nueva dinámica del fútbol, los equipos ya no viven de las taquillas, sino que son más importantes los derechos de televisión y la venta de jugadores.

El brasileño Paulo Autuori decide asumir el reto de dirigir a Nacional dándole mayor proyección a los jóvenes, acompañados de algunos jugadores de experiencia. Sin embargo, ante la demanda de Cortuluá, Nacional no podía contratar jugadores y debía asumir la competencia con lo que ya tenía. Sin embargo, el entrenador brasileño decide renunciar en mayo de 2019. Por eso se criticó que lo hubieran vuelto a traer para finales de 2022.

Técnicos van y vienen

En 2019 deciden llamar nuevamente a Juan Carlos Osorio, que tras 50 partidos en su segunda etapa y un registro de 20 victorias, 18 empates y 12 derrotas para un rendimiento del 52 %, tampoco continuaría en el equipo. En el 2021, el presidente Juan David Pérez decide dar un paso al costado y quien se encarga de su gestión es Emilio Gutiérrez quien, nuevamente haciendo equipo con las barras, logra un título de Liga con Hernán Darío Herrera como técnico encargado. Después vino la salida de Gio Moreno, pero en el segundo semestre el club no pudo meterse entre los ocho y el equipo terminaría con un déficit de unos 12.000 millones de pesos, además, tuvo que pagar más de $10.000 millones a Cortuluá tras la sentencia definitiva en la demanda de Fernando Uribe. Así mismo, $1.700 millones adicionales por el caso de Marlos Moreno. Si no hubiera sido campeón del primer semestre, lo que le generó un premio de 500 mil dólares de parte de la Dimayor y que significó también la clasificación a la fase de grupo de la Libertadores que supuso un ingreso de 3 millones de dólares, la situación hubiera sido más complicada. También ayudaron las ventas de Yerson Mosquera al Wolverhampton por 5,2 millones de euros, y la de Juan David Cabal al Hellas Verona, por 4 millones de euros.

Nuevos y cuestionados dirigentes

Emilio Gutiérrez también dejaría de ser el presidente de la institución y la organización decidió poner en ese cargo a Mauricio Navarro, quien estaba dentro del equipo desde el año 2009. Después llegó Benjamín Romero al puesto de vicepresidente ejecutivo, mientras que Esteban Escobar asumió como director deportivo y debía encargarse de las contrataciones. A ellos les encomendaron hacer el “trabajo sucio”, debían acabar con varios de los acuerdos con las barras, porque para ellos era económicamente inviable. Además, empezar a sacar personas que filtraban informaciones, también a jugadores que fueran muy cercanos a esas barras, porque ellos creían que los hinchas querían codadministrar y no lo iban a permitir.

Sin embargo, les faltó tacto y Benjamín, hincha de Millonarios, se equivocó al llegar a decir a la mesa de trabajo que tenían con los hinchas que de un día para otro le había aflorado el amor por Nacional, cosa que no cayó bien entre los representantes de las barras. Mientras que Navarro llegaba con el antecedente de haberle tenido que comunicar a Macnelly Torres que no seguiría en el club durante la época de Almirón. Mientras que Esteban Escobar no le atinaba a la mayoría de contrataciones, tema en el que hoy en día, todavía está en deuda.

Alguien debe responsabilizarse

El club ha tenido graves errores de comunicación para dar a conocer sus decisiones y hablar con los hinchas, como lo reconoció el mismo Carlos Raúl Yepes, prestigioso empresario antioqueño que venía mediando entre ambas partes (hinchas y dirigente): “Lo que yo analizo es que hay un problema de comunicación grande que va desde los gestos, el tono, las palabras y el lenguaje que se usa y ahí toca crear conciencia e inteligencia emocional. En una mesa de trabajo uno no puede ir diciendo cualquier cosa que se le ocurra. Se puede decir lo que quiera, pero saber en qué forma”.

En abril del año pasado, Navarro y Benjamín manifestaron que los resultados hablarían por ellos, que les dieran tiempo, pero pese a que financieramente el equipo viene mejorando y supuestamente en 2026 habrá superado esa crisis económica, la deportiva se profundizó.

Hoy Nacional ocupa los últimos lugares de la Liga y acaba de hacer un ridículo internacional en la Copa Libertadores. El técnico Jhon Bodmer renunció por supuestas amenazas a él y a su familia y los directivo también están siendo intimidados.

Este lunes asume un nuevo entrenador, el uruguayo Pablo Repetto al que le pusieron de condición alejarse del empresario Cristian Bragarnik, quien era su representante, por los antecedentes antes mencionados con el verde.

El clamor de los hinchas es que alguien de los dirigentes asuma la responsabilidad por lo que está sucediendo y que Antonio José Ardila, dueño del equipo, se pronuncie al respecto. Lo claro es que esta crisis se generó por un cúmulo de malas decisiones, pero como lo dijo Víctor Marulanda, Nacional tiene una gran oportunidad de cambiar las directrices y resurgir. No obstante, la solución requiere de la humildad y el esfuerzo de sus dueños, directivos, jugadores e hinchas.

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