Lionel Messi estaba ahí ante su anhelado momento: levantar la Copa del Mundo, esa deseada por todos y ganada por pocos. Pero antes de alzar el trofeo sagrado y gritar, por fin, campeón del mundo, el “10” fue investido por el emir de Qatar, Tamim bin Hamad Al Than, con una particular túnica que lo acompañó en el festejo gaucho: el besht, una prenda que solo dignidades como el mandatario lucen en las naciones árabes.
La prenda, confeccionada con hilos de pelo de camello, lana de cabra y oro en sus bordes, fue entregada al capitán de la selección Argentina justo en uno de los días en los que se utiliza: el Día Nacional que se celebraba este 18 de diciembre en suelo qatarí.
Messi, aunque asombrado, accedió a utilizar la túnica sobre la albiceleste con la que conquistó la tercera Copa del Mundo para su país y pese a que algunos no vieron con buenos ojos que el capitán opacara la camiseta para el sublime momento en el que iba a alzar el trofeo, no se la quitó porque quien se la puso, además de ser el emir de Qatar, es el dueño del París Saint-Germain, el club donde actualmente juega.
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Además del Día Nacional, el besht es usado en ocasiones especiales como bodas, festivales, graduaciones, entre otros por políticos, eruditos religiosos y personas de alto rango en los países árabes.
Hassan Al Thawadi, jefe del Mundial de Qatar le explicó al diario Marca de España que el besht “es una cosa muy importante para nosotros, no solo en Qatar, en el mundo árabe, en el mundo del Golfo en particular. Es la mejor ropa”.
Tras los actos protocolarios en el escenario que se instaló en la cancha del estadio Lusail, Messi se desprendió de la túnica y celebró junto a sus compañeros en el arco donde estaba gran parte de la hinchada argentina.