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Jhon Bodmer, DT de Atlético Nacional: “Quiero ser el mejor técnico de Colombia”

El entrenador de Nacional cuenta detalles inéditos de su vida: fue desplazado por la pobreza y la violencia, su padre lo abandonó, además se quedó solo a los 17 años cuando murió su mamá. Tiene 4 hijos.

  • El técnico Jhon Bodmer viene convenciendo a los hinchas verdes con el fútbol del equipo. FOTO Jaime Pérez
    El técnico Jhon Bodmer viene convenciendo a los hinchas verdes con el fútbol del equipo. FOTO Jaime Pérez
04 de noviembre de 2023
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Tiene 42 años y de a poco el técnico Jhon Bodmer le imprime su sello al Atlético Nacional, con el que acaba de clasificar a la final de la Copa Betplay y se alista para los cuadrangulares semifinales de la Liga. Dos títulos en juego que pondrá a prueba su capacidad para dirigir a un elenco grande.

Su edad contrasta con todo lo que le ha tocado vivir. En esta entrevista con El COLOMBIANO reveló detalles inéditos de su vida y de su carrera.

¿Cómo llega al fútbol?

“Arranco en el fútbol formativo entre 2001 y 2002. Hice algunas temporadas en escuelas y después llegué a dirigir torneos de Liga, nacionales e internacionales. Finalizando el 2009 llegué a Expreso Rojo como asistente, me capacité y me preparé. Duré 6 meses en ese cargo y en junio de 2010 quedé como técnico encargado hasta que pasó el tiempo y quedé en propiedad en 2011. Más o menos así fue mi llegada al fútbol profesional”.

¿Dónde nació y creció?

“Nací en Bogotá, pero según mi mamá no alcancé a cumplir un mes cuando ella decidió irse para Manizales donde están todos mis familiares maternos. Nos fuimos para Villamaría, Caldas, y allí viví hasta los 13 o 14 años; jugaba fútbol en las calles. Nunca tuve la oportunidad de estar en una escuela por las condiciones socioeconómicas en las que estábamos. Volvimos a Bogotá y tuve la oportunidad de estar en una escuela de barrio, llegué a Santa Fe, pero al final me di cuenta que no iba a trascender por mis condiciones. Además, por una calamidad familiar tuve que decidir entre trabajo, estudio o si me quedaba apuntándole al fútbol. Preferí trabajar y estudiar Educación Física y Deportes”.

¿En qué posición jugaba?

“Era lateral derecho, aunque para ese momento se les decía marcadores”.

¿Quién lo acercó a la dirección técnica?

“Realmente a mí me gustaba mucho el fútbol, lo había jugado de niño como también jugué baloncesto, deporte en el que sí alcancé a llegar al profesionalismo con el equipo de Saludcoop. En la universidad me tocaba buscar algún enfoque, de algún deporte o administrativo, y yo no me veía ni como docente ni como administrador, quería estar en campo abierto aunque mi madre quería que yo fuera ingeniero civil o arquitecto. Pero no me hallaba en cuatro paredes y por eso me enfoqué en deportes de conjunto, específicamente en fútbol y cuando tuve mis primeras oportunidades laborales entré a una caja de compensación y me enrolé en el tema formativo del fútbol y empecé a especializarme, a hacer seminarios y demás”.

¿Qué es lo más difícil que le ha tocado atravesar?

“Lo más difícil fue que a los 17 años murió mi mamá, un momento muy fuerte para mi vida, porque cuando ella quedó embarazada y yo nací en el año 81 mi padre se desapareció, razón por la cual ella decidió irse a Manizales porque no podía sustentar el hogar sola en Bogotá y en Manizales tenía a su familia. Ella era mamá y papá y en una situación socioeconómica muy difícil, de hecho casi que dejamos Villamaría y volvimos a Bogotá por temas delicados del entorno social que nos obligaron a irnos, no por gusto sino porque tocó. Después de ver a mi madre en una situación económica tan difícil, ver lo que hacía para que saliéramos adelante, yo quería ser exitoso para darle todo. Ese era mi plan de vida y que ella falleciera cuando yo tenía 17 años, dejó ese plan ahí. Me preguntaba, ¿ahora qué hago? Fue un tema muy duro que marcó muchas cosas en mi vida, me estrellé contra el mundo”.

¿Cómo salió de esa situación?

“Cuando llegó el nacimiento de mi primera hija, ahí logré poner los pies en la tierra y entendí que otra vez tenía un motivo para salir adelante. Ese fue un primer momento maravilloso para mí, porque marcó el camino del orden, la disciplina, el esfuerzo, la resiliencia. Mi hija hizo que fuera así”.

Además de la muerte de su mamá, ¿qué más lo ha marcado?

“En plena temporada, siendo entrenador, otro de mis hijos, Philippe, tuvo un problema respiratorio: venía con una gripa normal, se acostó y en la mañana vimos que tenía los labios morados, nos fuimos para urgencias y por cosas de la vida, aunque yo digo que fue Dios el que estaba allí, salió una doctora y vio al niño que yo tenía cargado y me dijo que tenía que entrarlo ya mismo. Le hicieron todos los exámenes inmediatos, lo pusieron en una camilla con oxígeno y la doctora me dice: ‘papá, 10 segundos más tarde y su hijo se muere’. Él tenía 4 añitos y la recuperación que vino después, con las secuelas, fue un encontronazo con la vida muy fuerte, en el que uno dice que lastimosamente nosotros como sociedad a veces armamos broncas, luchas y peleas por temas que no son lo más importante en la vida. Eso me llevó a entender que realmente lo importante para mí es Dios y mi familia”.

¿Qué ha sido lo más reconfortante?

“Cada vez que ha nacido un hijo mío y poder ver a mi hijo salir de esa situación tan difícil cuando casi que lo dábamos por muerto. Salió en 8 días de la clínica cuando nos dijeron que iba a estar un mes. Cuando salió lo aplaudieron por su capacidad de superar esa infección en el pulmón, un virus sincicial, creo que se llama. Eso fue una señal de que en la vida hay cosas realmente importantes y hay que tratar de ignorar lo que uno como sociedad a veces quiere darle tanta relevancia, cuando ser más humanos y cercanos es más importante”.

¿Ha sentido la presencia de su mamá en los éxitos de su vida?

“La recuerdo y es inevitable no preguntarse, ‘¿qué pensaría mi mamá de mí hoy?’, ‘¿qué sería de ella con sus nietos?’ El ver cómo he progresado como persona y profesional. Siempre en cada contexto la imagino ahí, pero ya la recuerdo de otra manera y sigo con mi vida adelante, sin mirar el pasado con tristeza sino con alegría”.

¿Cuántos hijos tiene?

“Soy casado y tengo 4 hijos. Este tema del fútbol no permite estabilidad en muchas cosas, sobre todo en mis inicios cuando tuve una situación económica muy difícil, pero le debo al fútbol el enseñarme a emprender, a hacer empresa, porque en ese momento no podía vivir del fútbol, no había manera de hacerlo, ni siquiera cubría las necesidades básicas, pero con la fe de que algún día todo iba a cambiar. Tengo una chiquita de 21 años (risas), Valentina, en la universidad y ya casi es profesional, otros dos de 9 y 11 años, Geremy y Philippe y la más pequeña, Emily, que apenas tiene 22 meses de nacida”.

Muchos técnicos hablan muy bien de usted, ¿cuál es el secreto?

“Es muy difícil halagarse uno mismo, pero sí puedo hablar desde los valores. Por ejemplo, cuando estuve en Costa Rica con el profe Luis Fernando Suárez yo decía: ‘quiero un asistente leal, transparente, que me diga las cosas con criterio, pero con respeto, que me cuide la espalda’ y como yo sabía que era lo que quería de un asistente, me propuse ser el mejor asistente técnico del mundo, así que mostré respeto, criterio, transparencia, lealtad, algo que es difícil de encontrar en un medio tan complicado como el fútbol, donde hay muchos intereses de por medio. Fui a vivir lo que quería ser, yo quería ser asistente, no entrenador, porque había que absorber mucho conocimiento y aprendí un montón”.

En una entrevista usted dijo que su sueño era dirigir a Millonarios y hoy muchos hinchas de Nacional le cobran eso...

“Es cierto, lo dije porque en ese momento estaba en Bogotá y viendo el entorno de Millonarios, Santa Fe y Equidad. A mí me enseñaron siempre a pensar en grande y lo más cercano que yo tenía eran esos tres equipos profesionales. En ese momento yo trabajé en Tigres y en Expreso Rojo y en las pretemporadas hacíamos amistosos contra esos equipos, entonces yo analizaba que el lugar más cercano para llegar a primera división eran Millonarios, Santa Fe o Equidad y yo quería dirigir al que tenía la hinchada más grande de Bogotá y una de las más grandes del país; veía que con Millonarios se llenaba el estadio y en ese momento pensar en grande era dirigir a Millonarios”.

¿Ahora qué piensa?

“En ese entonces jamás pensé que tendría una situación tan incómoda como esta, es incómodo porque como nací en Bogotá, me relacionan con los equipos de allá. Si dijera de quién fui hincha no me creerían, porque uno trabajando en el fútbol pierde esa relación. Hoy en día estoy pensando que donde estoy quiero ganar todo, mi presente es Nacional y me interesa ganarme absolutamente todo con este equipo”.

¿Cómo convencer a los hinchas molestos con las decisiones dirigenciales para que vuelvan al estadio?

“Sé que heredé esa responsabilidad y solo hay dos opciones: sueño con la mejor, aunque no puedo garantizarle a nadie que vamos a ser el mejor equipo de Colombia y campeones siempre, pero yo quiero que sea así. Al grupo le dije que si había alguien que puede hacer que nuestro entorno se una en un solo sentimiento, somos nosotros y los jugadores en la cancha. Creo que vamos por buen camino, lo que sí puedo garantizar es que vamos a dejar el mil por ciento todos los días de nuestro trabajo. Yo quiero ser el más ganador y tengo toda la disposición, creo que es posible lograrlo”.

¿Era el momento indicado para ser el técnico verde?

“Nunca será el momento indicado, si te quedas esperando el momento preciso quizás nunca llegue y cuando te das cuenta empiezas con los arrepentimientos. En esto del fútbol se trata de construir. Por Nacional han pasado entrenadores de muchos pergaminos, calificados para el club y no se les ha dado las cosas, no soy yo quién para señalar el porqué. Si me quedo esperando el momento preciso nunca lo voy a identificar. Pueden pasar dos cosas: construimos algo grande, le sumamos a la grandeza de la institución y me voy por la puerta grande, como puede que pase lo contrario, pero voy a dejar todo e intentaré que esta oportunidad realmente se aproveche y tenga trascendencia porque yo quiero ser el mejor entrenador de Colombia. Trabajo a diario, me capacito y me asesoro solamente con el fin de serlo”.

¿Con cuál escuela se identifica, la de Guardiola o la de Mourinho?

“No me encasillo en ninguna de las dos, lo que he hecho es adaptar muchas cosas al entorno en el que me encuentre. Lo que hacía en Costa Rica no es igual a lo que hago en Nacional, porque tengo jugadores distintos, con capacidades y necesidades diferentes. Entonces no puedo ser tan cuadriculado de quedarme con una sola teoría. Conozco ambas corrientes y trato de ir sumando. Hace unos 5 años sí me encasillé con la corriente de Pep Guardiola, Joan Vilà, Paco Ciruela, pero después entendí otras cosas con las vivencias y abrí la mente, porque el fútbol es más que una teoría o una corriente, siento que a veces nos quedamos en el libro, la lectura, el detalle, pero esto no funciona si no se hace una buena gestión del ser humano”.

¿Con qué se iría tranquilo de Nacional?

“Mi vida se centra en mis hijos y el fútbol después de Dios; desayuno, almuerzo y ceno fútbol, planificando, viendo videos, asesorándome, gestionando con los jugadores. Mi esfuerzo para darle a Nacional lo mejor es innegociable. El día que me vaya espero que sea por la puerta grande, pero lo haré tranquilo porque trabajé honestamente, transparentemente, al 100 por ciento, porque le dedico un porcentaje de tiempo muy grande de mi vida”.

En un minuto: Cómo se gana el respeto y qué imagen quiere proyectar

¿Cómo un técnico tan joven convence al jugador y se gana su respeto?

“Argumentando el conocimiento, porque el jugador de fútbol no es bobo, sabe quién sabe y quién no. Después hay que hacer gestión humana, ya sea uno mismo o personas del staff para sensibilizar a la persona, porque antes de jugadores son seres humanos con familia, sentimientos, emociones, dificultades, miedos, como todos. Hay unos futbolistas con un gran talento, pero por dentro necesitan gestionar un montón de cosas que el dinero y la fama no pagan. Siempre habrá incomodidad, equilibrio no existe, que los 25 de la planilla estén contentos y felices no sucede ni estando primeros en la tabla ni jugando la final, ni siquiera siendo campeones. Siempre va a haber incomodidad, pero esto hay que gestionarlo y hay que intentar encontrar la vía más directa para que ellos entiendan qué quiere uno y cómo se quiere”.

¿Cómo quisiera que lo viera la gente? ¿Qué imagen quiere transmitir?

“Quiero irme de Nacional por la puerta grande y que digan: ‘este era el entrenador que Nacional necesitaba’”.

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