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¿Por qué la cultura de Medellín empieza el año fracturada?

Varios han sido los encontronazos entre los gestores culturales y la administración. Este es el panorama.

  • Los rifirrafes entre el sectores del teatro y la administración municipal. FOTOS el colombiano
    Los rifirrafes entre el sectores del teatro y la administración municipal. FOTOS el colombiano
02 de enero de 2022
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2021 no trajo consigo la reactivación plena del circuito cultural de Medellín: el fantasma del déficit alarma a un ecosistema débil, compuesto en su mayoría por pequeñas y medianas empresas. Además de tal circunstancia, las fisuras en los vínculos de la sociedad civil con el Estado completan un año de luces tenues y sombras largas. La disputa de Álvaro Ósmar Narváez Díaz –secretario de Cultura Ciudadana de Medellín– con el gremio del que proviene, el del teatro, y el muy cuestionado nombramiento de Ángel Ovidio González Álvarez en la dirección de la Biblioteca Pública Piloto fueron los temas que más desvelos le ocasionaron al universo cultural de la capital antioqueña.

Contra las cuerdas

La crisis económica llevó a los siete miembros de la Corporación Canchimalos –Santa Lucía– a dar el salto al vacío del desempleo: entregaron el primero de enero sus cartas de renuncia. Lo hicieron para aligerar el peso financiero de un grupo cultural con 46 años de gestión. Por lo pronto, se dedicarán a trabajar por horas en los proyectos artísticos y a buscar opciones laborales distintas, al menos eso informó Arturo Vahos, director de la entidad. Incluso, la permanencia de la sede está en vilo: los arriendos de enero y febrero –$5.750.000 cada uno– penden en la incertidumbre.

Los balances financieros de Canchimalos están subrayados en rojo: entre 2020 y 2021 dejaron de recibir $400 millones mientras el monto de pérdidas llegó a $200 millones. Los números son una soga atada al cuello. “El año pasado algunos teníamos unos ahorros no representados en dinero, sino en capacidad de endeudamiento. Ya para este año perdimos toda capacidad de endeudamiento, o sea si en este momento me dice usted ‘te presto un millón de pesos y me lo pagas en seis semanas’, no lo puedo recibir porque no puedo garantizar el pago’”, cuenta Vahos.

El 17 de noviembre el Concejo de Medellín le concedió a Canchimalos la Condecoración Orquídea, en la modalidad de mérito cultural. Al conocer la noticia –narra Vahos–, Álvaro Ósmar Narváez Díaz les propuso una reunión, llevada a cabo el 23 de noviembre a las 2:00 de la tarde. Al conocer la estrechez económica del grupo, el funcionario no ofreció alternativa distinta a la de esperar hasta abril la apertura de una convocatoria oficial. “Él dijo que posiblemente iba a hablar con una fundación, le envié la carta y nunca más volví a recibir respuesta”.

La de Canchimalos no es una realidad insólita, extraordinaria: otros colectivos –Agité Teatro, Ziruma y Elemental Teatro– están contra las cuerdas. Otros ya zozobraron: en 2021 cerraron sus salas Casa Arte y Teatriados. Si esto fuera poco, las tensiones entre Narváez y algunos gestores municipales de cultura han llegado a puntos críticos.

Escenas de un divorcio

La más reciente escena de una serie de desencuentros se dio a inicios del mes. Luego de un plantón en el Edificio Vásquez y de un debate en el recinto del concejo municipal, un sector de las artes de Medellín convocó el 6 de diciembre una asamblea en el auditorio del teatro Matacandelas. Después de tres horas y media de discusión, representantes de los gremios de los museos, editoriales, audiovisuales, artes plásticas, bibliotecas, danza, música, teatro, teatros sin sala, títeres, circo, payasos y cultura viva comunitaria concertaron las ideas principales de un documento para ser leído en una cita programada para el día siguiente con el secretario Narváez Díaz. El documento despliega una artillería de preguntas: entre otras cosas, a los firmantes les inquieta el estado del Plan de Desarrollo Cultural de Medellín, el programa de Formación de Públicos y el presupuesto de la Secretaría para 2022: cuál será su distribución entre becas, estímulos y proyectos afines.

Varios de los delegados manifestaron su incomodidad por desplantes previos a la reunión: sin avisarles se cambió el lugar del encuentro. Se dieron cuenta por las redes sociales de que el evento se realizaría en el Museo de la Memoria. Y, en lugar de ser una reunión de diálogo –según ellos–, el secretario ofreció un balance de sus labores. “Realmente fuimos invitados a un diálogo y nos encontramos con un monólogo del secretario de Cultura Ciudadana donde lo que hizo fue hacer una rendición de cuentas de su gestión. Nos demuestra lo erróneo que es en este momento el manejo de la política cultural en la ciudad. No se puede hablar de la cultura como una sumatoria de eventos, no se puede manejar con tarimas y equipos de sonido”, afirma Iván Zapata, director del Teatro Popular de Medellín y uno de los gestores más críticos con el trabajo de Narváez Díaz.

Una vez el secretario concluyó su discurso –de más de media hora–, a los interlocutores se les concedió unos cuantos minutos de réplica. Luis Fernando Velásquez, director del Teatro Carantoña, sintió que el evento fue una burla para él y para los delegados. “Apenas se pudo leer el comunicado. Le dimos al secretario una copia de las preguntas y hasta ahora no hemos tenido respuesta alguna”, afirma.

Una y otra vez, la carta pública insiste en la importancia de construir las políticas públicas de Medellín después del diálogo del gobierno local con los artistas y los actores de la vida cultural de las comunas y los territorios. “Todos los asistentes coinciden en que el Plan de Cultura de Medellín no es plan si no hay participación de artistas, gestores, mediadores, representantes de organizaciones culturales”, se lee en la rendición de preguntas, dirigida a la Secretaría encabezada por Narváez Díaz.

En esta historia hay varios momentos críticos. El primero se dio el 19 de mayo: 27 salas de teatro de Medellín le presentaron al secretario y a sus asesores un plan de salvamento económico: les indicaban que los gastos operacionales de las salas –incluso en cierre– ascenderían a los $12.930 millones. El informe –contaron a EL COLOMBIANO varias fuentes– fue descalificado por funcionarios de la Secretaría. En ese momento, no se llegó a ningún acuerdo. Sí se produjo una herida.

El segundo round no tardó en darse, el motivo fue el tira y afloje respecto a la financiación de la XVII Fiesta de las Artes Escénicas: el colectivo organizador –Medellín en Escena– pidió a la administración de Daniel Quintero $180 millones. En carta dirigida a Jaiver Jurado –director del Teatro Oficina de los Sueños–, la Secretaría de Cultura Ciudadana ofreció $100 millones, pero administrados por un operador logístico. La propuesta no cayó nada bien en los gestores. Decidieron rechazar el apoyo y montar a renglón seguido una colecta a favor de la Secretaría.

En días recientes las pullas se han trasladado a la órbita digital: en el circuito cultural de Medellín circuló profusamente un mensaje, tomado de las redes sociales del secretario Narváez Díaz, en el que llama “Neardentakes” (sic) a sus críticos. En su cuenta personal de Facebook acusó a Iván Zapata de mentiroso. Más allá de las minucias, estos enfrentamientos dejan a la vista una fractura seria en el sector cultural. Por un lado, Luis Fernando Velásquez, por ejemplo, no duda en calificar a Narváez Díaz de corrupto por, en sus palabras, “aceptar un cargo para el que no tiene las aptitudes”, mientras el funcionario interpreta las objeciones de la contraparte como la reacción de “unos pocos privilegiados históricamente”.

El aguacero en la Piloto

El nombramiento de Ángel Ovidio González Álvarez en la dirección de la Biblioteca Pública Piloto fue un baldado de agua fría para numerosos sectores sociales de la ciudad. Por su doble naturaleza –de biblioteca pública y al tiempo de reservorio patrimonial–, la BPP tiene profundas conexiones con la vida intelectual de Antioquia y del país. Por tal motivo, hay preocupación por las decisiones que una persona sin las competencias profesionales necesarias pueda tomar en un cargo que la excede.

La desazón cobija a los herederos de los autores cuyos archivos descansan en la Piloto. “La preocupación nuestra es que uno no aprende hablar chino de un día para otro. Uno tampoco aprende a hablar esos lenguajes de la cultura y de lo que implica la memoria de una sociedad de un día para otro. Nos preocupa que no se comprenda la dimensión de los acervos que tienen ahí y de la importancia que tienen para saber quiénes somos y para dónde vamos”, afirma Valeria Mejía, hija del autor de El día señalado (Premio Nadal, 1963) y La casa de las dos Palmas (Premio Rómulo Gallegos, 1989), Manuel Mejía Vallejo. El desvelo es natural: los originales de las obras de Mejía Vallejo, pero también los del poeta Carlos Castro Saavedra y de otras plumas antioqueñas, están en la Piloto.

Aunque la BPP es un instituto descentralizado, su consejo directivo está conformado en su mayoría por funcionarios de la Alcaldía de Medellín. De ahí el llamado de Sandra Suescún –coordinadora de la Red Nacional de Bibliotecas Públicas– para que Daniel Quintero reconsidere la escogencia de González Álvarez.

Entre tanto, la familia Mejía examinará las condiciones para que los manuscritos del novelista continúen en la Piloto. De no encontrar conciencia patrimonial y de cuidado cultural, a lo mejor decidan aceptar las propuestas de las universidades extranjeras de comprar los papeles del escritor. Una mala decisión administrativa puede echar por la borda años de labor a favor de la memoria regional. Tal panorama, por supuesto, afecta los trabajos de estudiosos no solo de la literatura sino también de la idiosincrasia antioqueña.

Una fuente le habló a EL COLOMBIANO de la cercanía del nuevo director de la BPP con el senador por el partido Liberal Julián Bedoya, muy criticado por su título de abogado de la U. de M., que finalmente fue anulado por la institución de educación superior. Sumado a esto, medios nacionales han informado de supuestas cuotas burocráticas de Bedoya en la Alcaldía de Medellín.

NOTA

EL COLOMBIANO se comunicó con la asesora de prensa del secretario Álvaro Ósmar Narváez Díaz para conocer sus apreciaciones sobre los temas tratados en este artículo. La profesional pidió que las preguntas fueran enviadas al mail institucional del secretario con copia al suyo. Hasta el momento del cierre de la edición no han sido recibidas las respuestas.

En un diálogo anterior, el secretario no quiso pronunciarse en profundidad sobre la salida de Shirley Zuluaga de la BPP. Y aceptó que el presupuesto de cultura se disminuyó, pero aclaró que eso no quiere decir que la inversión será menor a la del año pasado. Ojalá pueda encontrar espacio en su agenda para conversar sobre estos temas

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