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Mirna Rodríguez cuida con esmero el muñeco que se utiliza en Quinamayó en las centenarias Adoraciones al Niño Dios. Para las comunidades negras del suroeste de Colombia febrero es Navidad.
La figura oscura, con su ajuar, es protagonista de los festejos, que se celebran cada tercer sábado de febrero, con casi dos meses de retraso con respecto al 24 de diciembre por una vergonzosa herencia de la esclavitud.
En esa época los blancos impedían a sus esclavos -inmersos en los menesteres de las haciendas- celebrar la natividad junto a ellos, según cuentan los pobladores.
Rodríguez es una matrona de 55 años que asumió “una responsabilidad muy grande” tras el fallecimiento de su madre hace ocho años: conservar el muñeco en perfectas condiciones.
Durante el año el Niño Dios, empacado en varias bolsas, reposa sobre la parte alta del armario.
Este festejo que combina música, teatralidad, fuegos artificiales y disfraces, gira en torno a un imaginario: el Niño Dios ha desparecido.
Resistencia
De modo que todo...