La Exfanfarria, el grupo de teatro fundado por José Manuel Freidel hace 40 años, cerró su sala ayer para siempre.
Establecido en 1976 con el nombre de La Fanfarria, “fue una de las primeras salas de teatro que se abrieron en esta ciudad”, sostiene Beatriz Hernández, actriz que se desempeñó como administradora de este colectivo en los últimos diez años.
La razón del cierre es el desgaste de quienes se dedicaban a la conducción de la entidad: ella en la administración y Fernando Zapata en la dirección escénica.
Así, afirman ambos, dejan de vivir en el dilema de encontrar recursos o crear.
“Es un desgaste anímico-estructural por conseguir recursos y mantener la sala abierta a cualquier costo. Lo triste es que la Exfanfarria no se acaba por confrontaciones con la Administración Municipal, ni con los amigos teatreros, ni entre nosotros los integrantes del grupo”, dice Fernando Zapata.
El director de escena explica que las salas establecidas requieren un componente de administración muy fuerte y el sostenimiento de estas es complicado, con desembolsos que por lo general superan los 2 millones y medio de pesos mensuales, sumando arriendos y pago de servicios, sin contar la remuneración del personal artístico y administrativo, ni las reparaciones de averías de la sede y un largo etcétera difícil de costear.
Además, continúa explicando Zapata, cualquier evento —“porque las salas se convierten en sitios de eventos”— requiere, después de su realización, el llenado de cerros de papeles de informes cuantitativos: número de funciones efectuadas, cuántos espectadores asistieron...
Para colmo, agrega, “nuestras obras no son comerciales; no se venden, porque no son sencillas y a las personas no les interesa pensar”.
Y aquí viene una crítica, dice Fernando, de lo que consume el público, porque, según él, lo que se vende es el teatro de entretenimiento. “El público no exige”.
Regístrate al newsletter