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Cultura | PUBLICADO EL 26 septiembre 2021

Ya son 15 años de lecturas con la Fiesta del Libro

Aunque se festejan en medio de la pandemia, vuelve a lo presencial. Del pasado a los retos que vienen.

  • FOTO andrés suárez
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Mónica Quintero Restrepo

La Fiesta del Libro celebra 15 años en un mundo que ha cambiado (en comparación con 2007): la gente va por la calle usando tapabocas, se lavan las manos constantemente y hay miedo de contagiarse de un virus llamado SARS-Cov-2. Parece un cuento de ciencia ficción, pero no.

Era viernes 7 de septiembre. Había llovido en la madrugada e iba a llover el resto de los 10 días que duró la primera edición. A las 10:00 a.m. abrieron el Jardín Botánico, ese lugar que apenas se estaba terminando de reconstruir y al que días antes habían visitado casi que con botas, pero en el que creían se podría hacer no una feria sino una fiesta. Ese año entraron 90.000 personas y el espacio era pequeño: se usó tal vez solo una cuarta parte del Jardín.

Algunos alcanzaron a pensar que se habían equivocado eligiendo el sitio. Había partes en obra como el edificio Científico, llovía, aún no era muy clara la demarcación, tenían problemas logísticos. Estaban aprendiendo del lugar y también de cómo hacer una fiesta.

Porque eso fue lo importante: la creación del concepto. En el libro 10 años de Fiesta, en el que hacen un recuento de la primera década, cuentan que en 2006 nadie quería hacer la feria que tenían desde 1993 en el Palacio de la Cultura. Había antecedentes tristes: en 1996 un aguacero tumbó el techo del pabellón amarillo y se perdieron cerca de mil millones de pesos. De ahí en adelante fue un ir y venir. Era un evento privado que lideraban la Cámara Colombiana del Libro, la Biblioteca Piloto, entre otros. Solo se vendía, no era cercana al público.

En ese no querer crearon una nueva. No se podía usar el nombre de Feria del Libro de Medellín, cuenta Guillermo Cardona, el primer director, porque era marca registrada, y así fue que llegaron a Fiesta, que encajaba más con lo nuevo: promocionar la lectura, más que vender libros, y enfocarse en los no lectores. Tuvieron suerte.

La pregunta –citan a Jorge Melguizo, entonces secretario de Cultura, en el libro mencionado– era cómo promover la lectura, y la respuesta fue encantar, entusiasmar, conmover. Para ello necesitaban un buen lugar, y Melguizo los invitó al jardín, que era un pantanero. “Bajo las hojas de los árboles se leen mejor las hojas de los libros”, dijo. Encontraron ese sitio para sacar al libro de lo cerrado y volverlo cercano a la gente. Se empantanaron, pero fue una buena idea.

¡Funcionó!

Tanto que lleva 15 años. Guillermo Cardona explica que en todos los eventos se hacen encuestas con público y se tabula por edades y procedencias. En las tres primeras, el 70 % de quienes compraban libros eran mayores de 35 años. En los últimos años ese 70 % es de menores de 30. Para él eso muestra un interés de las nuevas generaciones, gente creciendo con la Fiesta. En este tiempo se han creado nuevas editoriales, hay autores jóvenes escribiendo, Medellín es la ciudad más lectora de Colombia, según la Encuesta Nacional de Lectura del Dane, publicada en 2018. Y él cree que, si bien la Fiesta no lo ha hecho todo, sí lo ha jalonado.

Además, por ejemplo, al año siguiente de esa primera Fiesta se estructuró un Plan Municipal de Lectura y Escritura que hoy sigue y es fundamental.

¿Y por qué ha funcionado? Cardona señala que la Fiesta la han hecho muchos. Esa primera idea no fue de uno solo, sino que había un comité técnico de diferentes sectores, todos pensando. Para él esa suma de voluntades, de gente que la cuida, que incluye a los que van, a los grupos de teatro, de música, a los que venden comida, y entenderla como política pública la han hecho cumplir tantos años. También un poco de milagro: dónde mires, la gente está sonriendo. La gente la vive.

Con esto coincide Juan Diego Mejía, director de 2013 a 2016. Hay un segmento que se podría llamar “la gente”. El milagro está en que no se decepcione y se cree una complicidad: la Fiesta no es de los organizadores ni de la Alcaldía, es de la gente. Eso no es tan sencillo, precisa, porque requiere interpretar el deseo del progreso intelectual de las personas.

Eso tiene que ver, mucho, con el hecho de ser Fiesta y que no solo se vendan productos. Para Diego Aristizábal, director de 2017 a 2019, la Fiesta ha demostrado, dice, que es posible hacer de la lectura algo divertido, y ha hecho que se acerquen los jóvenes, los niños, los adultos, los viejos, rompiendo las maneras tradicionales. Por supuesto, tiene que ver también con uniones entre organismos privados y públicos que promueven la lectura, y otros que no, precisa Aristizábal, pero que creen que a través de ese propósito una ciudad puede cambiar. Los espacios así, sigue él, construyen ciudadanos más críticos, que incluso ayudan a que elijan mejor a sus gobernantes.

Estos dos exdirectores coinciden en otro logro, el espacio: haber llegado a la zona Norte. Juan Diego lo explica: nadie decía que iba a leer un libro allá, incluso Moravia era un territorio medio prohibido por ser el basurero. Era como si esa zona estuviera desconectada, y luego la Fiesta ha llevado una multitud (antes de la pandemia, se llegó a 500.000 visitas) que estaba asustada, a una especie de ceremonia espiritual. La Fiesta ayudó a exorcizar el miedo: esos fantasmas se fueron, y ojalá no vuelvan, explica Mejía.

Diego Aristizábal añade: los ciudadanos necesitan pretextos para encontrarse con los libros y enamorarse de ellos, y el espacio ha sido adecuado, porque ahí en medio de la tranquilidad, de lo que la zona norte representa, o representaba, lo lograba porque la Fiesta se apropió de espacios oscuros y los iluminó con nuevos lectores y ciudadanos. Le parece que la intención de hacerla allá era darle fuerza vinculando (a medida que ha crecido) a Explora, Parque de los Deseos, Carabobo, U. de A., Centro Cultural de Moravia. Esas entidades y espacios, indica él, que han sido aliadas, le han dado fuerza. De ahí que le parezca un retroceso que este año se haya quedado Explora por fuera. La Fiesta se ha tejido en esas relaciones con otros.

15 años en pandemia

Por supuesto que la crisis por el covid-19 también tocó a este evento de ciudad: el año pasado fue virtual. En este 2021, precisamente para celebrar el cumpleaños, volverá a la presencialidad. Aunque más pequeña, será en el Jardín Botánico, en la Casa de la Música en el Parque de los Deseos (las últimas habían llegado a Carabobo y Parque Explora) y en 12 sitios como teatros. Esto debido a temas de bioseguridad y de presupuesto.

Ana Piedad Jaramillo, la directora actual, explica que la pandemia lo que hizo fue llevar a la Fiesta a lo digital, y aunque esta vez pocos eventos lo serán (algunos sí grabados), queda una plataforma virtual importante para el sistema de libros, que estará activa y permitirá a los usuarios que no puedan asistir conectarse con las librerías. Aclara que la idea, por ejemplo con Explora, es volver a trabajar con ellos, que son importantes. Esto es coyuntural.

Para ella, el reto ahora es la internacionalización, que si bien se han dado pasos y lo digital permitió llegar a otras fronteras, aún falta.

Señala que es importante que, dadas las condiciones de la pandemia, se haga la Fiesta. Es posible que no tan grande como antes, comenta, pero es la única en el país que se ha podido hacer de manera presencial con tantas actividades. Serán unas 2.000. Ana Piedad expresa que la pandemia por supuesto golpeó los eventos y que el presupuesto no es el de otros años, en tanto la ciudad ha tenido que invertir en la crisis. De ahí que su invitación es a volver presencialmente a uno de los eventos más queridos de la ciudad. Uno fundamental que ha contribuido a hacer de Medellín una ciudad lectora.

¿Cómo cuidarla?

Que la Fiesta del Libro siga cumpliendo años es un trabajo de todos, y hay cosas fundamentales. Guillermo Cardona cree que debe seguir siendo una política pública y la gente la debe cuidar.

Mejía señala que por supuesto hacer la Fiesta vale dinero, y eso no se puede negar, pero el gran beneficio es indudable y lo recompensa. Hay que ser audaces en ello, precisa, y por eso lamenta que no vayan a estar en esta edición ni Carabobo ni los salones de Explora.

Para él, además, el pluralismo es fundamental. No se puede caer en lo que pasó en la Feria del Libro de Madrid, invitar a uno sí y al otro no. Eso no puede pasar nunca en la Fiesta, hace énfasis. Quienes la dirigen, sigue Mejía, deben tener total autonomía, no depender del secretario de Cultura ni del alcalde. Por supuesto que debe haber conexión, es un evento público, pero no depender del criterio político. Esto es lo que ha hecho, agrega, que la programación sea bien recibida.

Aristizábal espera es que sea libre como una quinceañera, que no se deje controlar y que siga siendo ella, una joven rebelde. Además, que no pare de crecer. Debe hacerlo cada año, llegar a toda la ciudad, porque las buenas fiestas no se acaban.

Sobre esto, el escritor y editor Santiago Rodas explica que hay que inyectarle presupuesto y darle el valor que se merece en el contexto cultural y saber que es fundamental para la formación de ciudadanía crítica. La Fiesta ha sido un lugar en el que se ha formado como lector y escritor. Ha descubierto libros, y le ha pasado lo que, seguramente, a otros: gastarse todo el dinero en libros y tenerse que devolver a casa a pie. Aunque haya valido la pena.

Porque eso es la Fiesta, ese lugar en el que aquel que va se enamora. Guillermo lo resume: el arte ocurre cuando hay gente. La Fiesta también. Por supuesto, libros y gente, y en la mitad, todo lo demás: música, conversaciones, teatro, arte, un espacio cómodo, amigos. La cultura, con todo su etcétera.

¡Felices 15, Fiesta del Libro!

Mónica Quintero Restrepo

Es periodista porque le gusta la cultura y escribir. A veces intenta con la ficción, y con los poemas, y es Camila Avril. Editora de la revista Generación. Estudió Hermenéutica Literaria.

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