Si el letrero de Hollywood tiene 103 años, ¿cómo se explica que el Museo de la Academia, el que guarda la historia del cine norteamericano, solo lleve 5 años desde su inauguración en 2021?
La pregunta tiene varias respuestas. La primera es que el letrero de Hollywood no nació para exaltar el cine sino como una estrategia de marketing inmobiliario, tardó muchos años en ser un símbolo del séptimo arte en Estados Unidos. Y otro punto importante es que la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood sí había pensado en su propio museo desde 1929 -dos años después de su fundación-, pero entonces no se dio y hubo otro intento fallido en 1960.
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A pesar de todo la Academia seguía recopilando material para unir toda su razón de ser, su historia y su proceso para compartirlo con el mundo en un museo. Fueron 10 años de trabajo antes de abrir las puertas, porque hasta la pandemia en 2020 retrasó un año más la apertura y fue así como a finales de 2021 nació por fin The Academy Museum (El Museo de la Academia), el museo más grande del mundo dedicado al cine.
EL COLOMBIANO, con su revista cultural GENERACIÓN, tuvo la oportunidad de recorrerlo virtualmente en abril de 2021 y conocer todos esos miles de objetos representativos que no solo abarcan la historia de la cinematografía en Estados Unidos sino que incluía a otros países y cineastas internacionales. Al sumarlo todo, en ese momento tenían más de 12.5 millones de fotografías, 250.000 películas y videos, 90.000 guiones, 66.500 carteles y 138.000 piezas de producción artística.
Cinco años después de ese primer recorrido virtual, en 2026, pudimos estar físicamente en este lugar ubicado en el vecindario Miracle Mile de Los Ángeles, Estados Unidos. Un lugar de 27.870 metros cuadrados repartidos en siete pisos que albergan espacios de exposición, para eventos especiales, un estudio de conservación, salas para ver películas, una cafetería y una tienda. Las exposiciones están repartidas entre el segundo y cuarto piso.
Pero ojo, este no es un museo lleno solo de estatuillas doradas o de trajes y afiches icónicos. Es un espacio para quienes llevan el cine por dentro, para quienes pueden emocionarse con ver -en una caja transparente con protección de seguridad- las zapatillas rojas de Dorothy que usó July Garland en El mago de Oz en 1939 (cuyo valor real se conserva de manera confidencial pero que se sabe están aseguradas por un poco mas de 2 millones de dólares) o libretos originales de películas como Pulp Fiction al alcance de la mano para ojearlo y más detalles.
Cómo es el recorrido en el museo de la Academia
Al llegar, un jueves al medio día, la entrada del museo estaba sola. Me recibe un guarda quien revisa minuciosamente mi bolso (con linterna en mano) y me indica el lugar de la taquilla al que debo dirigirme para obtener mi manilla de invitada. Al lado derecho de la misma está la cafetería, al lado izquierdo la tienda. A la primera me recomendaron ni entrar –por que su relación calidad y precio no fue la adecuada para el amigo sonidista que ya había ido– y la segunda es una perdición para los amantes del cine. Por ahora ese recorrido será al final.
En la taquilla también me indican el orden en que debo seguir las exhibiciones, al final es una recomendación porque los visitantes pueden subir y bajar los pisos a su antojo y entrar y salir y volver a entrar de nuevo a cada piso de la exhibición. Yo hice el recorrido en dos horas, hay personas que pueden demorarse más, otras menos, cada quien es libre de hacerlo cómo quiera.
La entrada al museo cuesta 25 dólares para adultos (unos 78.000 pesos colombianos al cambio a la fecha), 19 para los mayores de 62 años ($59.000), 15 para estudiantes ($47.000) y para miembros del museo y menores de 17 años es gratis.
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La parada número uno fue el segundo piso. Allí se encuentra el segmento dedicado a los Premios Óscar, una más llamada Identidad: vestuario, cabello y maquillaje, un espacio dedicado a los guinoes y la escritura en las películas y dos exposiciones temporales: una dedicada al director Bong Joon Ho, el ganador del Óscar por Parasite en 2020 y otra a Studio Ghibli’s PONYO (ambas abiertas hasta el 10 de enero del próximo año). En ese piso también está la experiencia fotográfica de El padrino: un set que recrea el escritorio de Vito Corleone con piezas que fueron proporcionadas por el equipo de diseño de producción de The Offer, una miniserie sobre la creación de El Padrino, narrada desde la perspectiva del productor. Ahí usted puede sentarse las veces que quiera y tomarse las fotos que desee.
Antes de entrar a cada exposición hay sillas repartidas en todo un pasillo con libros dedicados al cine, que se pueden ojear y disfrutar en periodos de descanso que los visitantes quieran tener en medio del recorrido. Libros que no se podrá llevar porque tienen su chip de seguridad, pero que seguro disfrutará de ver. Yo le tomé foto a un par de títulos que más adelante quisiera leer completos.
Así es el recorrido del Museo de la Academia
Si entramos en el orden determinado llegamos a la sala que se dedica, desde su inauguración, a la historia de los Premios Óscar. “A través de una colección de los Óscar más importantes (a algunos se les nota incluso el paso del tiempo, con rayones y enmendaduras propias de los años), una cronología ilustrada de la historia de los premios y una presentación de discursos y atuendos icónicos de la ceremonia, las galerías de la Historia de los Premios Óscar muestran las historias glamorosas y a veces complejas de los Premios”, cuentan desde el museo.
Y sí, este espacio tiene una primera sala explicando las 19 secciones de la Academia, los premios a animación, actores, directores, etc, de ahí se pasa a la muestra llamada Identidad en donde se puede ver de primera mano el vestuario, cabello y maquillaje de las películas. En la inauguración, en el recorrido virtual hace 5 años estaba el monstruo de La forma del agua, por ejemplo, esta vez vimos otros objetos cinematográficos como las prótesis usadas en la película Amadeus para recrear a Old Salleri, interpretado por el actor F. Murray Abraham; Los trajes usados en películas como Moulin Rouge! (2001) y Wicked (2025), además de estudios de maquillaje y peluquería para películas como Amadeus (1984), Dreamgirls (2006) y Ma Rainey’s Black Bottom (2020).
Y ahí están los icónicos zapatos de rubí de El mago de Oz (1939) redescubiertos en los estudios de MGM alrededor de 1970, y que son hoy el único par idéntico que se conserva. Esta muestra la van cambiando y renovando. Dicen que lo que hoy se está viendo se quedará también hasta el 10 de enero de 2027.
Siguiendo el orden podemos ver la exposición del director coreano Bong Joon Ho, la primera dedicada al aclamado director de cine, ganador del Óscar®. Aquí se puede ver todo el proceso creativo, la filmografía y las influencias cinematográficas de Bong Joon Ho.
Cabe anotar que cada pieza de las exposiciones tiene su escrito en inglés y en español y que a medida que se avanza se encuentran espacios muy instagrameables como el paredón lleno de afiches de grandes cintas como El silencio de los inocentes, Phyco, Marathon Man, Fargo, Touch of evil, entre oras.
De ahí se pasa a un espacio que transporta a la noche de gala de los Óscar, un corredor con el mismo diseño que tuvo la gala de este año, con un espejo y el sonido de las cámaras, emulando que el visitante es la estrella y más adelante están los fotógrafos haciendo las imágenes que le darán la vuelta al mundo. Ahí las miradas son de sorpresa, la gente no sabe cómo actuar, solo se miran en el espejo, se toman una foto, se ríen y siguen el recorrido.
Después de ese corredor llegué de nuevo a la muestra de la historia de los Óscar, en un espacio gigante lleno de pantallas alrededor que emiten los discursos de los ganadores para toda la sala, todos están activos, como los de Federico Fellini, Barbara Kopple, Miky Lee, Sidney Poitier, pero solo hay uno con volumen y los van rotando, me tocó escuchar el de Meryl Streep en 1982 cuando recibió el Óscar por Sophie’s Choice. Al centro hay una maqueta del escenario acompañada de un montaje de decorados de los Premios de la Academia y memorables atuendos de estrellas como Paul Reubens y Elizabeth Taylor.
Conocimos la estatuilla de los Óscar
De esa sala se llega a otra que tiene –protegidas y custodiadas– varias estatuillas de ganadores del Óscar, como las de Marlee Matlin, la mejor actriz de 1986 por la pelicula Children of a Lesser God, la de Mejor canción original por la película Flashdance de 1983 o la de Mejor director para Billie Wilder por The Apartment (El apartamento) en 1961. Estatuillas doradas en las que se ve el paso del tiempo, uno que otro rayón y más detalles de sus inscripciones.
Una actividad que no hice y que se debe pagar aparte de la entrada al museo es la Oscar Experiencie, (vale 10 dólares, $31.000). Esto se graba en un espacio oscuro en el que la persona sostiene una auténtica estatuilla del Óscar; y recibe un video que inmortaliza su momento. La idea es que pueda sentir lo que significa subir al escenario y ganar un Óscar, su nombre aparece iluminado y se sube al escenario con una ovación de pie, es una simulación con sonido envolvente Dolby Atmos que se vuelve muy realista y que cada persona se lleva de recuerdo en un video.
Voy a pasar al piso tres antes de hablar de las dos exposiciones que me dejaron con la boca abierta y palpitaciones de emoción en el corazón. Hay un espacio llamado Hollywoodland (así como el letrero inicial del que ya hemos hablado) que narra los orígenes del cine en Los Ángeles a principios del siglo XX, destacando el impacto de los cineastas, en su mayoría judíos, cuyo establecimiento del sistema de estudios cinematográficos estadounidenses transformó a Los Ángeles en un epicentro mundial del cine. Ahí usted va a entender desde el proceso del letrero de Hollywood, la llegada de los estudios y por qué Los Angeles se convirtió en la capital mundial del cine.
Dos exposiciones impactantes: Studio Ghibli y Tiburón
Llegó la hora de pasar a la sección dedicada al Studio Ghibli. “Hayao Miyazaki, PONYO celebra a Studio Ghibli y la animación tradicional dibujada a mano presentada en su querida película de 2008”, cuentan en la reseña. El recorrido es una maravilla para los amantes de la animación. Hay objetos como un escritorio original que usan los animadores, más de 100 materiales raros cuidadosamente seleccionados por Studio Ghibli, incluidos tableros de arte, carteles, y dibujos originales a mano de Hayao Miyazaki, la mayoría son objetos que se exhiben en Estados Unidos por primera vez.
Es fascinante descubrir cómo los animadores de este estudio trabajan juntos en una sala abierta para fomentar la colaboración cercana, cómo dibujan a mano y cómo usan vidrio retroiluminado para calcar y garantizar la continuidad de los dibujos.
Hay todo un espacio con una pantalla gigante y sillones que emiten apartes de la película Ponyo, de 2009 y otro salón lleno de los increíbles afiches de las películas de este estudio, con una decoración pensada para que los asistentes se tomen fotos en cada rincón. Todo aquí es lúdico, inmersivo, la idea es que la gente se sienta dentro de la animación que descubra la estética única y fluida de este arte cinematográfico artesanal y que vaya más allá y pueda descubrir, concretamente en PONYO, los temas de transformación y conexión humana presentes en la cinta.
Llegando al cuarto piso está la exposición Tiburón: la exhibición. Parada obligada para celebrar los 50 años de esta película de Steven Spielberg. Lastimosamente este segmento terminó el pasado 26 de julio, pero abrieron nuevas exposiciones temporales hasta el próximo año.
Reconociendo Tiburón en sus 50 años
Con esta muestra temporal se reivindica la importancia de una película para un director y cómo esta se volvió una cinta de culto –y estudio– para los amantes del séptimo arte.
Un primer mural con más de 15 fotografías originales daban la bienvenida a este espacio inmenso, de varias salas dedicadas a Tiburón, “fue la primera exposición de esta magnitud en el Museo de la Academia, dedicada exclusivamente a una sola película”, precisaron.
Aquí se revivió Tiburón escena por escena, gracias no solo a objetos originales como los guiones de la película (bien cuidados y protegidos en cajas transparentes), como la máquinas de escribir que usaron para los guiones, un pequeño teclado que le explica cómo tocar esa melodía inicial creada por John Williams, una réplica a escala del tiburón mecánico diseñado y construido por el artista de efectos especiales de la cinta, Robert A. Mattey, y su equipo, que puede mover con tres palancas para entender su funcionamiento y varios sets de la película (incluido el de una escena dentro del barco).
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La experiencia también tenía dos momentos fotografiables, el primero para hacer el efecto vértigo o también conocido como el Dolly Zoom -una de las escenas de la película protagonizada por el actor Roy Scheider- y que se ejecutaba ubicando el celular en una base mientras alguien genera el movimiento hacia adelante, ya luego se generaba un código QR para guardar el video en el celular.
Y el segundo momento era un montículo para ubicar su mano y recrear una de las escalofriantes escena de la película, cuando de día, encuentran los restos de una mano en la playa. En la película, en realidad era una mano viviente, con arena amontonada alrededor para ocultar el resto del cuerpo, porque Steven Spielberg no estaba contento con la prótesis disponibles para la escena.
Este recorrido dura varios minutos porque hay acceso directo a las colecciones de Steven Spielberg y el Archivo Amblin Hearth, los Archivos y Colecciones de NBC Universal. La exposición profundiza en la historia de la producción de la película y explora su impacto perdurable. Caminarla es entender la influencia de Tiburón en el cine contemporáneo. Esta exposición tiene guías gratuitos que hacen el recorrido y explican, en inglés y español, los detalles que la gente puede ver allí. En general hay guías que usted puede buscar en la taquilla del teatro.
Yo terminé el recorrido, a mi ritmo, en casi dos horas. La parada final fue la tienda: libros, libretos de las películas, pines, calcomanías, afiches, peluches, postales, vasos, imanes, figuras de la estatuilla y hasta juegos, vinilos de bandas sonoras, buzos y camisetas. En su mayoría tienen que ver con las exposiciones activas como Ghibli, Tiburón, Barbie, y otras más. La tienda, como el museo, se renueva con las exposiciones y siempre habrá algo nuevo y llamativo. Mi recorrido terminó y si me preguntan si lo visitaría de nuevo, la respuesta es sí, si uno ama el cine debe entrar las veces que pueda.
La nueva exposición de Marilyn Monroe
La exposición Marilyn Monroe: Icono de Hollywood se acaba de inaugurar en el Museo de la Academia.
“Con cientos de objetos originales, incluyendo carteles, retratos, fotografías, documentos de producción, cartas y material personal poco visto -muchos de ellos expuestos por primera vez-, la exposición ofrece una perspectiva única sobre su papel protagónico en convertirse en un icono de Hollywood. La muestra también incluye una extensa colección de vestuario que Monroe lució en pantalla”, detallan desde el Museo.
Bloque de preguntas y respuestas
- ¿Cuánto cuesta entrar al Academy Museum en Los Ángeles en 2026?
- La entrada al Academy Museum cuesta 25 dólares para adultos (aproximadamente 78.000 pesos colombianos), 19 dólares para mayores de 62 años (59.000 pesos), 15 dólares para estudiantes (47.000 pesos). Los menores de 17 años y los miembros del museo entran gratis. La
Oscar Experience (grabarse un video recibiendo un Óscar) tiene un costo adicional de 10 dólares (31.000 pesos).
- ¿Cuánto tiempo se necesita para recorrer el Academy Museum?
- La reportera realizó el recorrido completo en aproximadamente dos horas, aunque señala que cada visitante puede tomarse más o menos tiempo según sus intereses. No hay un orden obligatorio y se puede subir y bajar entre pisos libremente según las preferencias del visitante.
- ¿Las explicaciones del Academy Museum están en español?
- Sí. Cada pieza de las exposiciones tiene su descripción escrita en inglés y en español. Además, el museo cuenta con guías disponibles que el visitante puede solicitar en la taquilla del teatro, y la exposición de Tiburón contaba con guías que hacían recorridos explicativos en ambos idiomas.