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Tras más de 50 años, Alberto Lechona cerró su local de toda la vida: ¿dónde abrirán ahora?

Debido a las obras del Metro de la 80, el restaurante familiar cerró su primera y más antigua sede ubicada en Laureles. Alberto Lechona abrirá una nueva sucursal para seguir atendiendo a su clientela que lo ha acompañado por más de cinco décadas.

  • Así lucía Alberto Lechona varios años atrás. El restaurante ahora se encuentra en una sede provisional ubicada en la Calle 34C #80A-26. FOTO: Cortesía
    Así lucía Alberto Lechona varios años atrás. El restaurante ahora se encuentra en una sede provisional ubicada en la Calle 34C #80A-26. FOTO: Cortesía
09 de enero de 2026
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“La ochenta no es la ochenta sin Alberto Lechona”, cuenta Aura Palacio González. Ese es uno de los cientos de mensajes y comentarios que ha recibido esta semana, en la que el restaurante, con 52 años de historia, bajó las rejas de su sede de toda la vida. Y es que, en esas más de cinco décadas, Alberto Lechona se convirtió en un sitio de visita obligatoria en Medellín: ubicado en la glorieta de Don Quijote, en la carrera 81 con la 34A, el restaurante familiar pasó a la tradición gastronómica de los paisas gracias a la receta de su famosa lechona.

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Desde el lunes, las alarmas de sus clientes frecuentes –y de aquellos que por lo menos alguna vez probaron alguno de sus platos– se encendieron cuando el restaurante publicó en sus redes sociales un video anunciando que había tenido que irse de su primera sede. Y es que, al igual que los salpicones de Campo de Paz –los llamados Salpimuertos, bautizados así por su clientela y también con más de 50 años de historia–, Alberto Lechona cerró debido a las obras del Metro de la 80.

Pero, a diferencia de los autores de esa receta dulce compuesta por frutas, queso y helado, Medellín seguirá teniendo lechona “para rato”, como dice la misma Aura, quien también cuenta que desde hace 40 años su familia es dueña del negocio. Fue en la década de los ochenta cuando su mamá, doña Silvia González, y sus tíos se lo compraron a don Alberto Arroyave, cuyo nombre fue el que bautizó el restaurante.

Desde su dueño anterior, Alberto Lechona siempre estuvo en la misma dirección. Por eso ha sido común leer y escuchar a muchos lamentar su partida con comentarios que lo recuerdan como uno de los puntos de referencia cuando alguien estaba perdido o buscaba una dirección en Laureles. Y aunque el negocio que hizo la familia de Aura vino con receta incluida, fue con ellos que Alberto se expandió –hoy también tiene una sede en el Mall Llanogrande–, comenzó a llevar la lechona a domicilio a otros barrios de la ciudad y hasta incluyó más platos en el menú.

—¿Por qué cree que su lechona ha gustado durante tantos años?

—Siempre hemos procurado mantener la calidad y la buena materia prima, y poner el mismo amor con el que esto se ha hecho toda la vida. Cuidamos cada detalle: desde la compra de los insumos hasta la elaboración y la atención al cliente, explica Aura, quien también asegura que el tamal tolimense, el ajiaco y el mondongo son otros de los platos que más salen en Alberto.

Y si bien este restaurante entró en la memoria de la ciudad por esa preparación con arroz, cerdo, arveja y variados aliños –en una semana, dice Palacio, pueden vender alrededor de 60 lechonas de 200 porciones–, para la familia, más que el valor de las recetas, el significado de Alberto reside en que ha sido su segundo hogar: ya son tres las generaciones que por ahí han pasado y que ahora lamentan haberle tenido que decirle adiós al restaurante.

La buena noticia es que tendrán una nueva sede. Actualmente se encuentran en la calle 34C #80A-26, en un local transitorio en el que estarán hasta marzo, cuando les entreguen el que será el nuevo espacio de Alberto Lechona, también ubicado en Laureles en la Calle 34C #80A-78. Allí funcionará un negocio de tres pisos, uno administrativo y dos abiertos al público, en el que esta familia continuará sirviendo la lechona que, para algunos, es la mejor de Medellín.

“Vamos a continuar y a seguir adelante. La nueva sede será mucho más linda que la anterior, con la misma calidad y los mismos cocineros. Que la gente no se preocupe. Seguimos todos juntos, para adelante, y esperamos que la clientela venga, nos visite y nos conozca. Mientras tanto, pueden apoyarnos viniendo a comprar, por domicilio o en mostrador. Aquí los estaremos atendiendo con mucho amor”, concluye.

Siga leyendo: Adiós a los salpicones de Campos de Paz, se los lleva las obras del Metro de la 80

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