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Colombia | PUBLICADO EL 30 septiembre 2022

Víctimas no se vieron con el general Montoya

Las diligencias de este 29 y 30 de septiembre en Medellín son parte de las acciones judiciales dentro del Caso 03.

  • Al menos 240 ‘falsos positivos’, de 6.402 documentados por la JEP, habrían sido cometidos en municipios de la jurisdicción de la IV Brigada bajo comandancia del general (r) Mario Montoya. FOTO cortesía
    Al menos 240 ‘falsos positivos’, de 6.402 documentados por la JEP, habrían sido cometidos en municipios de la jurisdicción de la IV Brigada bajo comandancia del general (r) Mario Montoya. FOTO cortesía
  • Al menos 240 ‘falsos positivos’, de 6.402 documentados por la JEP, habrían sido cometidos en municipios de la jurisdicción de la IV Brigada bajo comandancia del general (r) Mario Montoya. FOTO cortesía
    Al menos 240 ‘falsos positivos’, de 6.402 documentados por la JEP, habrían sido cometidos en municipios de la jurisdicción de la IV Brigada bajo comandancia del general (r) Mario Montoya. FOTO cortesía

Miguel Angel solo pudo ver a su victimario a través de una pantalla, y se le quedó atorada la pregunta que ha tenido preparada desde hace 20 años: general Mario Montoya ¿Por qué asesinaron a mi hija?

La lucha de Miguel por conocer la verdad se vio opacada luego de que por segunda vez, el general en retiro Mario Montoya, evadiera las preguntas que le hacía la magistrada Catalina Díaz en la Sala de Reconocimiento de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), por el caso 03 de ejecuciones extrajudiciales, capítulo Antioquia, en el periodo 2002 - 2003.

La audiencia se realizó en dos lugares simultáneamente. En el sexto piso de la Universidad Cooperativa de Colombia, sede Medellín, el militar (r) Mario Montoya no pudo escuchar las preguntas que, así como Miguel, casi 50 víctimas acreditadas tenían listas para el militar (r) dos pisos arriba. Todas en busca de un solo objetivo: la verdad sobre lo que pasó mientras estuvo al frente de la Cuarta Brigada.

Afuera de la universidad protestaba el resto de las víctimas que no ingresaron a la audiencia porque rechazaban que la JEP hubiera implementado el recurso de “sala espejo”, una metodología que según varios colectivos y abogados “vulnera los derechos de participación material, directa y efectiva, al principio de centralidad de las víctimas, y que genera afectaciones psicosociales.”

Este mecanismo fue creado mediante el Auto 080 del 28 de mayo de 2019. Frente a esta decisión de la JEP, los colectivos presentaron dos recursos ante el despacho de la magistrada Díaz con el objetivo de reconsiderar la decisión contemplando que no puede ser una decisión unilateral, pero la decisión no fue revocada y las víctimas estuvieron apartadas durante toda la audicencia.

En realidad, la sala era un salón de clases con una pantalla de video beam desde donde las víctimas reunidas podían seguir la audiencia y de donde podían salir cada tanto a tomar el sol, hablar con el grupo y contarles, en algunos momentos, que estaban desesperados y querían irse. Las corporaciones dispusieron psicólogas para asistirles y recordarles que las diversas respuestas desde la angustia o la calma, también estaban bien.

“Estoy defraudado, triste. Es muy duro verlo ahí tranquilo, como si nada hubiera pasado. Esto es un golpe muy fuerte pero hay que hacer de tripas corazón”, concluyó Miguel.

Mientras Miguel y el resto de espectadores aguantaban en ese salón una mezcla espesa de sentimientos como la rabia, la angustia y el dolor, afuera de la Universidad esperaban otras víctimas tejiendo y pintando en medio del plantón. Algunas víctimas como Marta Isabel, simplemente decidieron no ingresar.

“A nosotros nos están tratando como delincuentes y a él que es nuestro víctimario lo tratan como una víctima. Nos pusieron al otro lado de una pantalla porque no quieren que escuche insultos de nuestra parte o porque creen que lo vamos a agredir, pero nosotros estamos en la capacidad de hablar y expresar nuestras preguntas formalmente”, señaló Marta.

Mientras se pasaban hilos, tijeras, dedales y agujas, Marta iba bordando un pájaro en color rojo y sonreía mientras recordaba a su hermano, Juan Carlos, desaparecido en el 2002 en Granada, Antioquia.

Juan Carlos estaba en el cafetal recogiendo la cosecha cuando hacia las 10:00 a. m. un grupo del Ejército llegó para llevárselo. Marta solo pudo escuchar cuando le explicaron que iba a volver, pero Juan Carlos no ha regresado y ella no ha parado de buscarlo.

Esa misma tarde del 26 de agosto, en el pueblo se regó el rumor de 8 muertos con botas y uniformes, todos sabían de qué vereda era cada uno porque no eran guerrilleros aunque los hubieran vestido. Marta no fue a mirar porque tenía miedo pero una vecina le dijo días después que a Juan Carlos lo habían enterrado en una tumba. Sin embargo, la Fiscalía le confirmó que las huellas no correspondían.

Marta se detuvo un momento y dejó de tejer. En su rostro ya no estaba la sonrisa con la que recuerda a Juan Carlos recogiendo café, ahora piensa en Mario Montoya y en las veces que ha jugado con la verdad de miles de víctimas. “¿Cómo un comandante no va a saber que en su pelotón están matando gente? A los soldados les dan órdenes”.

Si bien las preguntas van a ser entregadas por los abogados representantes a Mario Montoya luego de la audiencia, para ellos el mecanismo de sala espejo vulneró sus derechos y, a fin de cuentas, tampoco recibieron la verdad durante la primera sesión porque, según lo que las víctimas le dijeron a este medio, el general en retiro se dedicó evadir, contradecir y excusar su actuación durante el periodo señalado.

A Montoya se le atribuyen alrededor de 230 casos de falsos positivos en Antioquia, los mismos por los que las víctimas siguen reclamando la verdad

Paulina Mesa Loaiza

Periodista de la sección Actualidad.

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