Cuando el cantante argentino Miguel Mateos inauguró el siglo XXI con una canción cuyo estribillo es un himno para quienes andan tristes por la pérdida de un amor, la ciencia había acabado de descubrir que el dolor de las ausencias u otros sucesos que causaban un estrés extremo sí podían romper el corazón de alguien.
El tema de Mateos repite una y otra vez: ¡Es tan fácil romper un corazón!, y la medicina señala que físicamente este órgano sí se puede alterar cuando lo que causa el rompimiento se encuentra con una persona predispuesta a ello. En tal caso, médico y paciente se enfrentan a una enfermedad conocida como el síndrome del corazón roto —su nombre vulgar— o de Tako-Tsubo, y que ocurre cuando hay una situación emocional que produce un estrés súbito.
«Proviene de un miedo terrible o de una alegría intensa, como la muerte de un ser querido o ganarse la lotería. Esta miocardiopatía por estrés afecta el sistema simpático, luego de que se produce una descarga exagerada de hormonas. Cuando se estudia, puede observarse que el corazón del paciente deja de contraerse de manera adecuada», explica el cardiólogo e investigador de la Universidad de Antioquia, Carlos José Jaramillo Gómez.
Según el especialista, la imagen que se observa del corazón cuando ocurre este episodio es parecida a la de una vasija para pescar pulpos, usada en Japón, y cuyo nombre es Takot-Tsubo. Los síntomas tienen cierta similitud a las de un infarto: dolor en el pecho y dificultad para respirar, por lo que en consulta suele ser confundida con esta cardiopatía, al punto de que se estima que un 2 % de los casos diagnosticados como infartos son en realidad el síndrome de Takot-Tsubo, según la revista American Journal of Cardiology.
La gran diferencia es que un infarto ocurre por la obstrucción completa de una arteria coronaria, «mientras que ante el síndrome de corazón roto las placas que se realizan de las arterias se ven completamente normales», anota el cardiólogo Jaramillo Gómez.
Y aunque el síndrome podría causar la muerte, al igual que un infarto, las personas que sobreviven a este, logran recuperarse completamente, después de 3 o 4 días, sin mayores dificultades. Pese a ello, un estudio reciente de la Sociedad Española de Cardiología señala que el 30 % de los casos viene acompañado de alguna insuficiencia cardíaca, por lo que es necesario que ante este evento los pacientes reciban la atención necesaria.
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