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Un balance del trabajo del ente multilateral durante la pandemia y lo que le espera cuando la emergencia sea controlada con la vacunación masiva.
Aunque las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) tienen una resonancia global, las decisiones de los Estados nacionales no siempre se rigen por su opinión. En agosto de 2020, Tedros Adhanom Gebreyesus, el director general de esa entidad, advirtió lo inconveniente que sería enfrentar la pandemia del coronavirus usando una lógica de “nacionalismo de vacunas”.
“Esto no es caridad, hemos aprendido por las malas que la forma más rápida de poner fin a esta pandemia y reabrir las economías es comenzar por proteger a las poblaciones de mayor riesgo en todas partes, en lugar de a la población entera de solo algunos países”, dijo con vehemencia.
Pero el mundo no escuchó. En su discurso de apertura en la Asamblea Mundial de la Salud el pasado 24 de mayo dijo que la inequidad en el acceso a las vacunas era “escandalosa”. Y sostuvo que el 75 % de las dosis habían quedado en las manos de solo diez países.
Para Mauricio Jaramillo Jassir, internacionalista y profesor de la Universidad...