En esta época cuando la tecnología ocupa tanto de nuestro tiempo, escribir a mano parece una actividad olvidada. Ahora los dedos y manos se ocupan más que todo en los teclados digitales. Las clases de caligrafía, los cuadernos doble línea se quedaron atrás. Pocos sabrán que el 23 de enero fue designado como el Día de la Escritura a Mano, tal vez no solo por recordar esa habilidad, sino por el desarrollo cerebral que hay detrás de la posibilidad de tomar un lápiz y crear, con palabras, dibujos e imágenes, plasmar nuevas ideas.
“Existe una zona de escritura en el cerebro que queda muy cerca del lenguaje hablado, por lo tanto, estas dos funciones tienen una cierta conexión. El cerebro en la medida que se escriba tiene mejor desarrollo, más habilidad, rapidez y mayor activación de diferentes zonas cerebrales y conexiones neuronales”, explica el neurólogo Luis Alfredo Villa.
Por su parte, Joaquim Valls, creador del método Kimmon, un sistema de grafotransformación, asegura que con la escritura a mano se puede desarrollar la inteligencia emocional y construir una psicología de vida plena, además de lograr mejores niveles de memoria, dado que esta habilidad está vinculada con la motricidad y por supuesto, los movimientos de la mano.
“Mi generación en el colegio hacía caligrafía, dictados y redacciones a mano continuamente: no padecíamos ansiedad, probablemente éramos más creativos, y desde luego teníamos mucha más memoria. En Estados Unidos, adolescentes que casi nunca escriben a mano carecen de un nivel aceptable de memoria, y eso es demoledor para su creatividad, puesto que contrario de lo que pensábamos, hoy sabemos que se crea desde la memoria”, dice Valls.
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