Justo cuando iba a comenzar a pedalear la pequeña bicicleta que un niño chocoano me prestó, Donaldo Zuluaga —fotógrafo y amigo— dijo que me iba a caer. Si me caía corría el riesgo de que se me mojara la grabadora y la libreta y aun así, recuerdo que Donaldo se rió y volvió a decir: “¡Te vas a caer!”. Y lo dijo porque la bicicleta no era de mi tamaño, claro que no. Yo, una periodista de 1.73 de estatura en una bicicleta de un niño que no alcanzaba el metro.
Y llegamos ahí porque el proceso electoral de 2011 nos llevó, a Donaldo y a mí, a recorrer Quibdó en busca de los candidatos a la Alcaldía. Pero queríamos más. Y por eso fuimos a buscar las voces de los líderes y los rostros de esa gente que en el día a día, sufren por asuntos como el agua y la energía. Por eso, llegamos a uno de los barrios periféricos a buscar a esa gente que vive del agua del río Atrato.
En el camino a uno de los barrios del norte, el camino se puso pantanoso, había llovido y todo estaba inundado. No había forma de avanzar, al menos sin ensuciarme los zapatos. Justo cuando me iba a devolver, un niño venía jugando en su bicicleta y le pido que me la preste para yo poder cruzar el tramo inundado. El niño me la entrega, así sin más, como si fuéramos amigos de la escuela. Justo ahí, Donaldo dijo que me caería. Cuando pasé al otro lado, el niño y yo nos abrazamos como quien llega a la meta, cual triunfo olímpico. Y entonces, el niño —en un acto generoso— se devolvió con la bicicleta para que Donaldo, si señores, intentará la misma hazaña, cruzar el charco sin mojarse, mientras yo del otro lado rogaba para que no se cayera.
Ya en el barrio, nos encontramos la realidad de quienes viven con agua lluvia y la historia de una mujer que estaba bañando a su pequeño de un mes en las aguas del Atrato... porque el periodismo es eso, verle los ojos a las personas que resisten en el Atrato. El periodismo es eso, vernos a los ojos y es cruzar los tramos inundados.