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La liberación de los secuestrados, antes de la firma del Acuerdo Final, es una de las peticiones hechas por las víctimas a las Farc.
Leonor Bonilla quiere a su hijo devuelta, en su casa, vivo o muerto. Quiere tocarlo, y sacarse ese dolor reprimido por 18 años desde que las Farc decidieron llevárselo a la selva, de la que nunca más salió. Por eso para ella el punto de víctimas, firmado hace un mes entre el Gobierno y las Farc, se reduce a una sola premisa: saber la verdad de lo que sucedió con él.
Leonor no entiende de acuerdos ni procesos de paz, pero aún llora cuando se le menciona a Luis Hernando Peña Bonilla; cuando ve en la televisión a los que salieron con vida del secuestro. Pide a las Farc, una y otra vez, le entreguen a su hijo, el intendente de la policía que se enfrentó a esta guerrilla en Mitú en 1998 hasta que se le acabó la munición y que después soportó en silencio los años de cautiverio, a la espera de su libertad, un “silencio que lo volvió loco y terminó llevándolo a su fusilamiento”, como dijeron, una vez libres, sus compañeros de encierro.
“Lo único que pido es que las Farc me digan dónde está. Que...