María* pensó en su hijo y salió cuesta abajo con dudas sobre su futuro. Pensaba en qué sería de ellos al dejar las filas guerrilleras. Mientras se adentraba en el monte huyendo de su pasado y de la guerra, sintió el temor de morir a manos de sus perseguidores. Pidió perdón y una segunda oportunidad. Y la tuvo. Volvió a la sociedad convertida en una mujer de bien que, junto a otros 486 desmovilizados, dejaron las armas y terminaron su proceso de reintegración.
“Yo estaba cansada de estar escondida sin saber de mi hijo. Con temor de morir y no volverlo a ver. Por eso dejé todo eso y ahora soy una persona nueva”, cuenta María.
Junto a la mujer, otros 486 desmovilizados del Eln, las Farc y los grupos paramilitares, culminaron su ruta de reintegración...