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Colombia | PUBLICADO EL 08 febrero 2022

“Estar vivos es un milagro en Buenaventura”: Monseñor Rubén Darío Jaramillo habla sobre amenazas

  • En conversación con EL COLOMBIANO, el obispo de Buenaventura contó los motivos de las amenazas que han recibido él y la comunidad. FOTO COLPRENSA/El País
    En conversación con EL COLOMBIANO, el obispo de Buenaventura contó los motivos de las amenazas que han recibido él y la comunidad. FOTO COLPRENSA/El País
  • En conversación con EL COLOMBIANO, el obispo de Buenaventura contó los motivos de las amenazas que han recibido él y la comunidad. FOTO COLPRENSA/El País
    En conversación con EL COLOMBIANO, el obispo de Buenaventura contó los motivos de las amenazas que han recibido él y la comunidad. FOTO COLPRENSA/El País
Luisa María Valencia

Las amenazas a monseñor Rubén Darío Jaramillo, obispo de Buenaventura, comenzaron en el 2020. Su voz inconforme con la situación humanitaria de esta ciudad del Valle del Cauca, que él mismo se ha encargado de visibilizar desde el rol eclesiástico, ha generado tanto polémica como una reiterada intimidación a su labor en el territorio, donde este año completará 5 años.

Por eso, luego de darse a conocer las amenazas recientes, monseñor Jaramillo se refirió a la situación actual de la ciudad: “La violencia es una espiral que tenemos aquí. Va aumentando por épocas y cuando hay presencia de fuerza pública, disminuye”, aseguró.

“Pero es toda la comunidad la que está amenazada, no solo el obispo. Es toda una comunidad. Yo digo que estar vivos es un milagro en Buenaventura”, afirmó el obispo, quien el pasado 5 de febrero hizo un recorrido aéreo de más de una hora por distintos sectores del territorio, para pedir por el cese de la violencia.

Los hechos que motivaron su denuncia pública se presentaron el diciembre pasado, cuando monseñor Jaramillo iba a visitar el Bajo Calima, donde celebraría unos sacramentos. “Antes de ir, unos hombres que hacen parte de las bandas de esas veredas donde están estos grupos delincuenciales comenzaron a preguntar para precisar el día y la hora. Preguntaron insistentemente a quienes son cercanos a la iglesia”, relató.

Como los habitantes del lugar sabían que estas personas estaban vinculadas con grupos armados ilegales, consideraron sospechoso que preguntaran de forma tan reiterada, por lo que le pidieron al obispo que se abstuviera de ir al lugar. “No fue una amenaza directa, sino a través de unas personas. Al fin no fui y me tocó traer al casco urbano de Buenaventura a las personas que iban a celebrar sus sacramentos allí”, explicó monseñor Jaramillo.

Las amenazas podrían haberse motivado, según cuenta el obispo, porque él emitió algunos comunicados a la opinión pública para evidenciar, precisamente, lo que venía ocurriendo en zonas rurales como el Bajo Calima, donde de acuerdo con la Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento (CODHES), más de 700 familias –conformadas por cerca de 2.800 personas– fueron desplazadas por enfrentamientos entre el Eln y las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC).

En las zonas rurales, además, se han presentado amenazas constantes, “han quemado casas”, según cuenta el obispo, y habría una ley de silencio para que nadie denuncie. “A todos los sapos los vamos a exterminar”, cuenta monseñor que citan los panfletos difundidos por la zona.

El respaldo de las instituciones

Las amenazas a monseñor Rubén Darío Jaramillo se dieron a conocer el lunes a través de un comunicado de la Conferencia Episcopal de Colombia, en el que el padre Darío Echeverri, secretario general de la Comisión de Conciliación Nacional (CCN), relató que al obispo de Buenaventura le tenían prohibido acercarse a las regiones de su diócesis y le vetaron ciertos lugares.

“Nos preocupa enormemente la vida de monseñor Rubén Darío Jaramillo, el obispo de Buenaventura. Él como buen pastor y llevando en su corazón el dolor de su gente ha denunciado lo que está pasando allí. Cómo los actores armados se han ensañado en esta región contra esa población y como ha tenido la valentía, el valor profético de denunciar lo que allí está pasando, ahora él es la víctima”, apuntó el padre Echeverri en el comunicado.

Así mismo, desde la Conferencia Episcopal de Colombia reclamaron al gobierno nacional una atención especial sobre el Puerto de Buenaventura, donde “entra gran parte de la riqueza del país, pero no solamente eso”, señaló el secretario general de la CNN, sino que es un lugar donde “ha habido un gran descuido por el dolor de la población”.

La Defensoría del Pueblo también rechazó, a través de Twitter, las amenazas al obispo y recordó alertas tempranas emitidas por la misma entidad en las que se ha identificado presencia del ELN y AGC en esa región del país. Además, recordaron que respaldan “el trabajo humanitario que viene adelantando la Diócesis de Buenaventura” y pidieron prontitud en las investigaciones para dar con los responsables.

Por su parte, monseñor Rubén Darío Jaramillo insiste en continuar en el territorio, donde considera que su misión es servir de puente entre la comunidad y los distintos sectores políticos y económicos. La Unidad Nacional de Protección (UNP) y la Policía Nacional le están prestando acompañamiento, aunque reconoce que debe ser prudente con ciertos desplazamientos.

“Hay que ser voz de los ‘sin voz’ y eso siempre implica amenazas y también actitudes en contra, pero estamos aquí en esta misión y esta es la tarea que tenemos. No vamos a irnos del territorio. Seguiremos aquí trabajando con la comunidad”, aseveró.

Luisa María Valencia

Sueño con un mundo que dimensione el valor de la palabra de los niños y las niñas. Creo en el periodismo que apuesta por un enfoque diferencial.

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