Una acción violenta, que sucedió en la noche de este lunes 6 de abril, volvió a afectar al Norte de Santander. Según reportes oficiales, se registró un ataque con drones cargados de explosivos en la vereda 4 Esquinas, zona rural del municipio de El Tarra.
Imágenes de los estragos que dejó el impacto se compartieron inmediatamente a través de redes sociales. Hasta el momento se conoce que el ataque ha dejado a varios civiles heridos tras las explosiones.
De acuerdo a la información que se conoce hasta el momento, el artefacto explosivo que fue lanzado cayó directamente en una finca del sector. Los efectos del explosivo fueron inmediatos. La infraestructura quedó completamente bajo las llamas.
Si bien todavía la información es preliminar, por ahora el atentado dejó un saldo inicial de dos personas con heridas de gravedad; sin embargo, las labores de rescate se complicaron debido a que el lugar de la emergencia se encuentra a aproximadamente una hora del casco urbano.
La distancia dificultó tanto el acceso de los organismos de socorro como el traslado inmediato de los lesionados hacia un centro asistencial.
Lamentablemente, en la madrugada de este martes, las autoridades confirmaron el fallecimiento de una de las víctimas debido a la complejidad de sus heridas.
Las ‘escuelas de drones’ en la zona
Tan solo este pasado fin de semana, este diario publicó información que relata sobre la existencia de una escuela clandestina para adiestrar a noveles terroristas en el ataque con enjambres de drones en la región del Catatumbo.
Atentados con esa modalidad implicarían el despliegue de varias máquinas coordinadas en el aire, con software de inteligencia generativa, que podrían arrojar múltiples granadas de mortero con un efecto devastador.
De acuerdo con fuentes militares, dicha escuela está en Filo Gringo, un corregimiento localizado a una hora de camino de la cabecera urbana de El Tarra, en Norte de Santander. Es un área peligrosa y de difícil acceso.
Desde ese centro de adiestramiento se habrían coordinado atentados que causaron graves destrozos en la población civil. Aún no se sabe si fueron errores de los pilotos o si en efecto impactaron los objetivos que pretendían.
Si bien el atentado de este pasado 6 de abril todavía no se puede adjudicar a esta escuela, la cercanía a la misma resulta, por lo menos, diciente.
Otro de los atentados ocurrió el 16 de mayo de 2025 en el vecino municipio de Tibú. Desde uno de estos aparatos fue lanzada una granada de mortero que cayó en una humilde casa de la vereda Veinte de Julio, en el corregimiento Versalles.
Rompió el techo de zinc y explotó en la habitación que compartían Marli Aragón Vaca y su hijo Luis Antonio, de 12 años, quien murió. Doce personas más, incluyendo a la madre, sobrevivieron con heridas, según la Asociación Campesina del Catatumbo.
En contexto: Las ‘escuelas de drones’ con las que ELN y disidencias escalan el conflicto armado en el país