Pico y Placa Medellín
viernes
7 y 9
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Recorrimos las ruinas del viejo Armero, un terreno hoy estéril y desolado. Los turistas llegan preguntando por la tumba de Omaira y la cruz del Papa.
A las 11 de la noche del miércoles 13 de noviembre de 1985 un muchacho corre por la calle principal del pueblo gritando: Armero se acabó, Armero se acabó. Hilda Pedroza lo escuchó y ella también empezó a correr, sin rumbo. El recuerdo es nítido: Hilda y su pequeño hijo Ricardo Andrés Cárdenas tratan de subirse a un lavamanos para alcanzar el techo de una casa cualquiera, mientras un hombre rompe las tejas, pero la avalancha viene y el tiempo se acaba. Se acabó.
Hilda grita, pide misericordia: ¡que la Virgen Santísima y todos los Santos me salven y salven a mi hijo, que los ángeles me salven! Otro grito agudo que nadie escuchó y otro y otro, ¡que la virgencita nos salve y salve a Ricardo! Hasta que una bocanada de lodo la calló y Ricardo, el pequeño de cinco años, desapareció.
Han pasado 29 años y Ricardo ya debe ser un hombre. Nadie sabe dónde está. Ya son 29 años en que Hilda cuenta esta historia. Igualita. Siempre llora. Se desvanece y se silencia. Dice que el día en que la cuente sin llorar,...