Hace tres meses, Mauricio Gómez Correa se quería morir. Con solo veintiocho años de edad, su vida no tenía sentido, “estaba hundido en lo físico y espiritual, ya no podía más, mi cuerpo ni reaccionaba para caminar y solo pensaba en la muerte”, reconoce Mauricio. Las drogas habían tomado posesión de su vida y terminó como la mayoría de jóvenes cuando toman los alucinógenos como escape a sus problemas.
Pero todo cambió el día que un pastor cristiano le dijo que aún en el fondo en que estaba, había salidas: “me explicó que existía la Casa de Acogida, me acompañó e inicié la recuperación y en ese proceso estoy”.
Va firme Mauro. Él hace parte de los 50 jóvenes que atienden en este lugar y que un día decidieron dejar las calles para recuperar su dignidad y enderezar el rumbo perdido de sus vidas.
La Casa de Acogida es una de las etapas del proceso de resocialización que viven los habitantes de calle de Medellín y que incluye etapas como la asistencia, cuatro meses, a una comunidad terapéutica, y otros seis en una institución semiabierta donde aprenden artes y oficios para su reinserción laboral una vez egresan del programa.
Juan David Montoya, coordinador de la Casa de Acogida para Jóvenes -Prado Centro- explica que este lugar es como la segunda etapa del proceso que desde la Alcaldía, a través de la Secretaría de Inclusión Social y Familia, se sigue con los habitantes de calle en la intención de que retornen a la sociedad.
“Acá están cada día 200 personas de 7:00 a.m. a 7:00 p.m., vienen directamente de la calle ya sea porque han sido abordados por nuestros equipos de enlace en calle (que les explican el proceso y los inducen acercarse e iniciarlo) o la estrategia voz a voz, que es la mejor porque son motivados por otros habitantes de calle”, explica Juan David.
Como una familia
En la Casa de Acogida vive fijo un grupo de 50 personas como si fueran una familia. Allí comen, se bañan y duermen en cómodos camarotes e incluso en las tardes -de 4:00 a 6:00 p.m.- pueden salir. De los 50 fijos, solo la mitad sale y de estos, prácticamente todos retornan.
De los otros 150 que llegan allí flotantes, algunos se quedan para reemplazar a los que van egresando de los 50 fijos. Para dejarlos se les hace un seguimiento durante una semana en asistencia, permanencia, convivencia y respeto por las figuras de autoridad.
“Cosas tan sencillas como dormir en un colchón son complicadas: algunos piden permiso para dormir en el piso, porque no están enseñados a la comodidad”, detalla Juan David.
“Solo pensaba en vicio”
Hundirse en la marihuana, el perico, el alcohol o la delincuencia es fácil. Salir es lo más complejo. Así lo reconoce John Alexánder Ramírez, un muchacho de 23 años que avanza en el proceso de salir de las drogas en la Casa de Acogida.
Él, que llegó a las calles y las drogas por quedarse prácticamente sin hogar, siente que es muy joven para tirarse en su vida. Y se muestra dispuesto a retornar a lo que era antes: “una persona trabajadora, que vivía bien, yo trabajaba como picador de carne, hasta estudié gestión de finanzas y mecánica automotriz, pero dejé eso por las drogas, empecé a ganar mucha plata y eso lo va empujando a uno”.
Hoy está dispuesto a recuperar lo perdido y sueña con hacer una carrera y ser alguien útil para la sociedad: “Uno mismo se tira en las cosas, a mi madre yo la perdí, pero ahí está y la voy a recuperar”, expresa John Alexánder, a quien un accidente en moto también lo lanzó a la desgracia.
Luis Bernardo Vélez, nuevo secretario de Inclusión Social y Familia, trabaja afinando su proyecto para la población de calle. Tiene claro que hay falencias y cosas que no han funcionado bien, pero se está enterando, analizando y reuniendo elementos para pulir su propuesta.
“Hay que lograr una caracterización de fondo de la población vulnerable, que no es solo la habitante de calle, y con esa herramienta diseñar estrategias diferenciadas de atención para que sea efectivo el proceso”, adelanta Vélez.
En la pasada Administración fue concejal y un crítico de las falencias del sistema, en el que reconoce “improvisación, desarticulación e ineficacia” en varios de los programas y procesos.
Cuando tenga todo claro diseñará su programa propio. “Lo que sí es un hecho es que para el alcalde, Federico Gutiérrez, lo social es prioritario y en el Plan de Desarrollo habrá una línea llamada Equidad Social”, asegura.
En Medellín son cerca de 3.000 los habitantes de calle, un problema que, dice, no va a esconder, pero lo va a tratar con dignidad .
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usuarios del proceso de resocialización han egresado y “recuperado” sus vidas.