El Congreso de Colombia aprobó la denominada Ley Bartolo, una iniciativa que reconoce oficialmente a Titiribí como la capital mundial de la Mula de Silla. Además, vincula a la Nación con la conmemoración de los 250 años de fundación del municipio y abre la puerta para que el Gobierno promueva programas de protección y fomento de la tradición arriera. La norma, que ya surtió su cuarto debate, está a la espera de sanción presidencial.
El senador antioqueño Germán Blanco, impulsor de la propuesta, destacó que la ley es el resultado de un trabajo legislativo construido con las comunidades y criadores del mismo municipio.
Además del reconocimiento simbólico, la ley tiene un alcance concreto: autoriza al Gobierno Nacional a promover actividades culturales, turísticas y académicas relacionadas con el sector mular, apoyar proyectos que fortalezcan la identidad arriera del municipio y a producir un documental sobre la historia de Titiribí y su vínculo con la mula de silla.
En ese sentido, Jaime Humberto Salazar, criador de mulas e inspirador de la norma, manifestó que esperan que el Ministerio de Cultura asigne los recursos necesarios para producir ese material, pues considera que Titiribí es el municipio madre del Suroeste antioqueño, con una historia que merece ser contada.
Para una región donde la cría y el mejoramiento genético de estos animales ha sido durante generaciones una actividad central de la economía y la cultura, el respaldo del Estado es un gesto de gran importancia.
Con miras al futuro, Salazar también expresó que la esperanza de los titiribeños con la ley es que el Gobierno Nacional asigne recursos importantes al municipio con motivo de la conmemoración de sus 250 años, para seguir impactando el ecosistema educativo y cultural de sus habitantes.
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Identidad cultural para el municipio
Para entender el peso de esta declaratoria, hay que remontarse a las montañas antioqueñas en la época colonial, cuando las mulas fueron durante siglos el principal medio de transporte de mercancías y personas en una región cuya topografía escarpada hacía compleja la construcción de vías.
En ese contexto, Titiribí se fue especializando en la producción de ejemplares destinados tanto al trabajo como a las competencias y exposiciones equinas, desarrollando una experticia que con el tiempo lo convirtió en referente nacional e internacional.
Ese proceso de mejoramiento genético fue obra de un trabajo que él viene haciéndose desde hace aproximadamente 100 años, según cuenta Salazar, cuando varios criadores comenzaron a cruzar burros con yeguas de mejor calidad para mejorar el producto final: las mulas.
Ahora en Titiribí las mulas son mucho más que animales de trabajo. La tradición mular hace parte de la identidad colectiva del municipio. Pocos lugares en el mundo han desarrollado una relación tan estrecha con la cría de mulas como Titiribí.
Durante décadas, criadores, arrieros y familias enteras han construido una cultura alrededor de estos ejemplares, que hoy se expresa en ferias especializadas, cabalgatas, concursos de genética y eventos que atraen visitantes de distintas regiones del país e incluso del exterior. Gran parte de los ejemplares campeones que participan en las principales ferias nacionales tienen origen en criaderos del municipio o descienden de líneas genéticas desarrolladas allí.
Hoy, esa tradición sigue viva. Para el alcalde Alex David Restrepo, la ley es el reconocimiento que esa historia merecía: “Hoy estamos honrando la historia de grandeza de un municipio como Titiribí y el trabajo que por generaciones se ha hecho para mejorar la genética de estos ejemplares”. El mandatario subrayó que la declaratoria no solo dignifica el pasado, sino que abre oportunidades concretas para el turismo y la economía local en el presente.
El burro Bartolo
El nombre de la norma no es aleatorio ni caprichoso. Bartolo fue un burro criollo nacido en Titiribí, hijo de Carolo y nieto de Cosaco. Es parte de una línea genética que se ha trabajado en el municipio durante décadas con un propósito claro: elevar la calidad de los mulares a través del cruce con yeguas seleccionadas. Aunque físicamente no llamaba especialmente la atención, terminó convirtiéndose en un fenómeno genético que redefinió los estándares de la cría mular en Colombia.
Sus descendientes dominaron durante años las pistas y exposiciones más importantes del país. Mulas como Contragolpe del Teatro, Lola de la Máquina y Desafío del Teatro, todas campeonas nacionales, provienen de su línea genética. El año pasado, en la Mundial de Caballos de Paso celebrada en Cali, cuatro hijas de Bartolo fueron declaradas campeonas mundiales. Es decir, la descendencia de Bartolo tiene una calidad genética tan elevada que puede ser comparada con los caballos de paso fino. Se estima que a lo largo de su vida reproductiva sirvió entre 4.000 y 5.000 yeguas, una cifra extraordinaria incluso para los estándares internacionales.
“En casi todas las ferias del país se ven los resultados. Hijos de Bartolo obtienen constantemente los principales galardones”, explicó Jaime Humberto Salazar, conocido como Paco, uno de los mayores promotores de su legado y figura clave en la preservación de su historia.
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Pero el impacto de Bartolo trascendió ampliamente las pistas. La comercialización de su semen permitió financiar cerca de 120 viviendas prefabricadas para familias del municipio y apoyar la educación superior de alrededor de 150 jóvenes en programas técnicos, tecnológicos, universitarios e incluso de posgrado. Un burro criollo que, sin pretenderlo, se convirtió en un motor de movilidad social para el municipio.
“El legado de Bartolo se va a mantener por toda la vida en este municipio porque impactó fuertemente todo el ecosistema social”, aseguró Salazar.
Por eso su nombre también fue usado para bautizar la ley que reconoce la tradición mular de Titiribí. Bartolo ya era mucho más que un reproductor campeón: era un símbolo de identidad colectiva y del desarrollo social del municipio, una historia que los habitantes del municipio conocen y repiten con orgullo.
Ahora, además de dejar miles de descendientes en las montañas colombianas, deja su nombre escrito en las leyes de la República.
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