Las fachadas de las antiguas casas del barrio Prado están varadas en una condición patrimonial que aún no ha sido reivindicada con acciones concretas de recuperación. Al tiempo, la nostalgia por el pasado en deterioro sobrevive junto a la prostitución, el abuso sexual de menores, ollas de vicio y miembros de grupos ilegales.
Algunos pobladores e investigadores sociales hablan de los males alojados en los inquilinatos en que se han convertido los caserones, subdivididos por cuartos ante la imposibilidad de los dueños de mantener propiedades de espacios desproporcionados para el presente. En cambio, las autoridades no hablan. Todavía no miran tras puertas y ventanas.
Según el sociólogo Óscar Chaparro, presidente de la Organización No Gubernamental...