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Doce años sin agua: la odisea de 350 familias de un barrio en El Carmen de Viboral, Antioquia

En El Carmen de Viboral, un municipio que siempre se ha enorgullecido de su riqueza hídrica, 350 familias de un barrio de estrato tres llevan más de una década bañándose por turnos, guardando agua en ollas y baldes y llamando a vecinos desconocidos para pedir prestada una ducha.

  • Los habitantes del barrio Villas de la Paz buscan cocas, baldes o cualquier recipiente que les sirva para guardar agua. Foto: Camilo Suárez
    Los habitantes del barrio Villas de la Paz buscan cocas, baldes o cualquier recipiente que les sirva para guardar agua. Foto: Camilo Suárez
  • Este es el Tanque Norte de El Carmen de Viboral. Foto: Camilo Suárez.
    Este es el Tanque Norte de El Carmen de Viboral. Foto: Camilo Suárez.
03 de septiembre de 2026
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Era casi mediodía cuando Cecilia Correa recibió una llamada de un vecino:

—Vecina, ¿usted tiene agua en su casa?

El vecino, a quien Cecilia apenas conocía, le explicó que tenía que bañarse urgentemente para salir a una cita médica: desde la noche anterior no tenía agua en su casa. Minutos después, ese hombre que no conocía estaba bañándose en su ducha.

Estas son las maromas que tienen que hacer los habitantes de la urbanización Villas de la Paz, en El Carmen de Viboral, ante la escasez de agua.

Pese a lo que muchos podrían creer, esto no es algo que empezó con el fenómeno de El Niño: llevan viviendo así más de diez años. No es un asentamiento irregular ni una invasión: es un barrio legal, con escrituras, licencias e impuestos al día, que siempre ha tenido escasez de agua. “Estamos en casas bonitas, en un barrio bonito, tranquilo, pero no tenemos agua. No tiene sentido”, afirma una de las habitantes.

Aún con todo, siguen construyendo. A las cientos de familias que padecen hoy la escasez de agua, se podrán sumar más en los edificios de tres pisos y varios apartamentos y las casas sobre casas que están levantando.

Por esta situación, este jueves 3 de septiembre, varios habitantes se pararon frente a las instalaciones de la empresa de la empresa de servicios públicos Cimarrona ESP para exigir soluciones definitivas.

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Un tanque construido con la plata de los propios vecinos

Para entender la problemática hay que regresar a los cimientos del barrio, cuando apenas llegaban los primeros diez propietarios, hace cerca de doce años.

La empresa constructora, COAR y Cía. Ltda., con sede en Rionegro, nunca les advirtió a los compradores que había un problema con el agua. Solo cuando fueron a recibir las escrituras se enteraron: la Cimarrona había exigido un tanque de almacenamiento y motobombas por la altura del barrio. Ese tanque debían construirlo y pagarlo los propios habitantes.

“Nos pidieron como 300.000 pesos por propietario y, para que nos dieran la escritura, teníamos que dar esa plata para construir el tanque de almacenamiento y ponerlo a funcionar con bombas”, recuerda Natalia, una de las primeras residentes.

El tanque, subterráneo, no cumplía con las especificaciones técnicas: no estaba impermeabilizado, era de cemento y estaba expuesto a la humedad; además, las bombas, instaladas en un lugar húmedo, se dañaron al mes de funcionar.

Por un mes, los nuevos dueños estuvieron contentos en sus hogares recién estrenados. Después volvió a ocurrir: abrían la llave y apenas salía un chorrito de agua, y eso cuando salía, porque en los segundos y terceros pisos muchas veces no había chorro en absoluto.

Los pocos vecinos que había entonces —diez o doce casas— hicieron una colecta para arreglar las bombas, pero el daño ya era demasiado costoso. Fue el inicio de una batalla de peticiones ante Cimarrona, la Alcaldía y la Personería que, doce años después, sigue sin resolverse.

Eventualmente llegaron más vecinos que, al darse cuenta de las dificultades que se avecinaban, empezaron a comprar baldes y tanques para recoger agua. Las casas se llenaron de recipientes.

Vivir entre baldes

En los baños de los pequeños apartamentos hay que caminar con dificultad entre baldes para poder ducharse o vaciar el inodoro. Ollas, cocas, tarros: cualquier cosa sirve para recoger agua.

“Yo tengo siete baldes. Esta semana pedí otros dos”, cuenta una vecina, quien reutiliza toda el agua posible: la de la lavadora para trapear y la del enjuague para los baños de sus mascotas, a quienes ahora les pone pañal todo el día porque no puede sacarlas ni limpiar con la frecuencia que necesitaría.

“Eso es muy horrible. Uno lavando trastos con un tarrito. Eso no queda ni bien lavado”, dice.

Otra vecina, que no tiene tanque de reserva y vive en un segundo y tercer piso, describe la semana del racionamiento de El Niño como “casi las 24 horas” sin agua: “Si me quería bañar, me tenía que levantar de madrugada a recoger, porque cuando me levantaba ya no había”.

Ni la lavadora ni el calentador se salvan: “La presión que llega es una goterita, entonces se queman las bombas de la lavadora”, cuenta una residente que un día dejó su ropa lavando, salió un momento y volvió a encontrarla enjabonada y sin agua, con la máquina detenida en error.

Y salir de la casa, caminar unas calles y abrir un grifo con naturalidad en otro barrio les recuerda que eso no es normal, que algo está mal en Villas de la Paz. Siguieron los PQR y los permisos, y la Alcaldía, viendo crecer la problemática, decidió invertir en un Tanque Norte, presentado como la promesa de solución definitiva.

El Tanque Norte

El proyecto se empezó a estructurar desde 2017, en la fase de estudios y diseños, y se construyó entre 2020 y 2021, con una inversión que superó los 3.700 millones de pesos.

Estaba pensado, según explicó Eliana Bentancur, actual gerente de Cimarrona ESP, para garantizar el suministro constante de agua a entre 3.000 y 4.000 usuarios de la zona norte del municipio, en un tanque con capacidad para 2.100 metros cúbicos.

Ocurrió lo mismo que con el primer tanque: al mes de funcionar, las bombas se quemaron y la escasez volvió. Según Bentancur, ya se hicieron los arreglos correspondientes —revestimientos, nuevos sistemas de bombeo y válvulas—, pero la problemática ha persistido.

Hoy, explica la gerente, el tanque funciona con un sistema de bombeo programado por horarios, generalmente en la noche, en vez del bombeo constante inicial.

El nivel de agua que normalmente alcanza el tanque —dos metros de altura, cerca del 100 % de su capacidad— ha bajado por la disminución de las lluvias, afectando no solo a este tanque, sino a los demás del municipio.

Para los vecinos, sin embargo, la explicación técnica no cuadra con lo que ven todos los fines de semana: a las 12 en punto del mediodía, sábados, domingos y festivos, el agua se corta de golpe en todas las casas del barrio, como si alguien cerrara una sola llave maestra. “Nosotros decimos que a nosotros nos administran el agua”, aseguran.

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Este es el Tanque Norte de El Carmen de Viboral. Foto: Camilo Suárez.
Este es el Tanque Norte de El Carmen de Viboral. Foto: Camilo Suárez.

6 millones en escombros

Este año, la historia volvió a repetirse, pero con un giro más amargo. Cimarrona propuso reactivar el viejo tanque subterráneo construido por COAR, aportando planos. Los vecinos también señalan que recibieron insumos de construcción —cemento y varillas—, aunque Cimarrona asegura que esos materiales no fueron donados por ellos.

La comunidad también hizo una nueva colecta: 300.000 pesos por familia para construir una caseta protectora sobre el tanque y comprar nuevas motobombas.

“Ellos nos dijeron: vea, nosotros le vamos a hacer los planos, y nos los entregaron. Y ya nosotros, confiados de que eran ellos los que nos estaban respaldando”, recuerda Natalia.

Cuando la construcción ya estaba casi terminada —solo faltaba el techo—, llegó la Secretaría de Planeación municipal y suspendió la obra: un vecino cuyo predio colindaba con el tanque había presentado una queja porque la caseta no contaba con licencia de construcción.

La entidad ordenó su demolición, que se ejecutó a mediados de este año, después de que la comunidad ya había invertido más de seis millones de pesos.

Eliana Bentancur reconoció que la empresa sí acompañó el proceso, pero matizó su responsabilidad: “El compromiso de la empresa era que cuando ya tuvieran los tanques, nosotros entrábamos a hacer unas intervenciones —la impermeabilización—, no la construcción como tal. Eso era más un trámite del constructor o de las personas que ellos organizaron”.

Sobre si Cimarrona notificó formalmente a la Secretaría de Planeación antes de iniciar la obra, la gerente no tuvo una respuesta clara: “Pudo haber sido como un tema ahí de error, pero nosotros no fuimos quienes entramos a construir”.

Una comunidad cansada

La comunidad denuncia que cada vez que logran reunirse con Cimarrona o con la Alcaldía, el patrón se repite: durante ocho o diez días después del encuentro, el agua mejora notablemente y luego vuelve a fallar.

La comunidad —que hizo su propio censo puerta a puerta hace cinco meses y contó 330 familias, cifra que ya calculan superior a 350, pues el barrio sigue en construcción— insiste en que esto no es un asunto político, pese a que en redes sociales han circulado versiones que buscan enmarcar la protesta como una agenda partidista.

“No tenemos nada que ver con eso. Esto no tiene color político. Lo estamos haciendo porque realmente es una necesidad”, afirma una vecina.

Lo que más les indigna, dicen, es la contradicción entre los discursos institucionales: hace apenas unos meses, cuando la comunidad preguntó por el riesgo del fenómeno de El Niño, la respuesta oficial fue que “El Carmen tiene abastecimiento de agua” suficiente.

Semanas después, empezó el racionamiento. Las facturas, mientras tanto, siguen llegando —hasta 180.000 pesos mensuales en algunas casas—, pese a las horas y horas sin servicio.

Además del desgaste físico y emocional, el problema ya empezó a afectar el valor de las propiedades del barrio. “Muchos inquilinos se han ido. Acá mucha gente vive de la renta del arriendo, y los inquilinos se van porque, si se pueden ir para un barrio donde no se les va el agua, obviamente van a irse para allá”, cuenta una residente.

Sin embargo, muchos han intentado vender, pero ya el barrio es famoso en El Carmen por la falta de agua. Hay personas que llevan hasta cinco años o más intentando vender sus casas.

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¿Cuál es el problema, entonces?

Tanto Cimarrona como la Secretaría de Planeación coinciden en que el fondo del asunto no es la escasez de agua, sino la presión y la infraestructura.

El Carmen de Viboral es, según todos los funcionarios consultados, uno de los municipios más ricos en recursos hídricos de la región, pero sus redes de acueducto —según reconoce la propia administración— llevan más de 30 años sin una renovación integral.

Mientras tanto, la población del municipio se ha duplicado en las últimas tres décadas, impulsada por la migración de personas que llegan desde Medellín y otras ciudades hacia el Oriente antioqueño.

Miriam Vásquez, la secretaria de Planeación, fue clara en admitir la responsabilidad estatal: “Nosotros no podemos decir que no es una responsabilidad del Estado. Nosotros somos Estado y, como tal, tenemos que entrar a solucionar siempre las situaciones y los problemas de los ciudadanos”.

Según explicó, el municipio nunca antes había formulado un Plan Maestro de Acueducto y Alcantarillado —la principal herramienta de planificación técnica para este tipo de infraestructura—, algo que la actual administración está desarrollando, con un avance del 60 % en sus estudios y diseños, financiado mediante un empréstito de 2.205 millones de pesos.

La administración municipal enumera cuatro grandes frentes de acción para enfrentar la crisis: la actualización del Plan Maestro de Acueducto y Alcantarillado; la optimización de la actual Planta de Tratamiento de Agua Potable, con la construcción de dos nuevos tanques de 200 metros cúbicos cada uno —uno ya terminado y el otro con un 50 % de avance— que aumentarían la capacidad de almacenamiento en un 25 %.

También proyectan la ampliación de la concesión de agua de la bocatoma Los Andes, de 25,5 a 36 litros por segundo, junto con la construcción de una nueva planta de tratamiento, Viveros de los Andes, ubicada en una cota más alta, que beneficiaría a cerca de 5.000 nuevos habitantes; y, como solución estructural de largo plazo, el proyecto de la Bocatoma Río San Lorenzo, que aportaría al menos 60 litros por segundo adicionales al sistema.

Según Betancur, el segundo tanque de 200 metros cúbicos estaría listo en un mes —hacia octubre— y los estudios de la nueva planta Viveros de los Andes se recibirían en dos meses, con la expectativa de empezar su construcción el próximo año.

Pero para los residentes de Villas de la Paz, esas fechas suenan a promesas ya escuchadas antes.

“Ninguna administración ha resuelto nada. Una viene y nos lava las orejitas y no hace nada. Viene la otra, pasa lo mismo”, dice uno de los fundadores del barrio, que lleva once años viviendo ahí. “Esto no es nuevo. Esto viene desde hace tiempo”.

Según registros de la Cámara de Comercio del Oriente, COAR y Cía. Ltda., la empresa que construyó Villas de la Paz tiene su sede en Rionegro y fue fundada por Luis Carlos Ospina Gómez, actual presidente de Asocomunal Rionegro. Su representante legal es hoy María Irene Duque y su secretaria, Luisa Fernanda Ospina Duque, quien ha trabajado en distintas empresas públicas de Rionegro en los últimos años.

EL COLOMBIANO contactó a la representante legal de COAR y Cía. Ltda. para conocer su versión sobre la problemática del barrio, pero hasta el cierre de esta edición no había recibido respuesta.

Según conoció EL COLOMBIANO, la gerente de Cimarrona se reunió con algunos de los manifestantes que participaron del plantón y prometieron dar una respuesta a sus exigencias en un plazo de 5 días.

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Bloque de preguntas y respuestas

¿Por qué el barrio Villas de la Paz no tiene agua potable constante?
A pesar de ser un barrio legal con escrituras y servicios al día, presenta problemas de presión topográfica y fallas estructurales en la red. La constructora entregó un tanque deficiente y las bombas de impulsión del Tanque Norte (de Cimarrona ESP) han sufrido reiteradas averías.
¿Quién es la empresa constructora responsable del proyecto?
Se trata de COAR y Cía. Ltda., firma radicada en Rionegro fundada por Luis Carlos Ospina Gómez (actual presidente de Asocomunal Rionegro), representada legalmente por María Irene Duque. La empresa entregó el barrio sin advertir a los compradores sobre las limitaciones de presión del agua.
¿Qué sucedió con el Tanque Norte construido por la Alcaldía y Cimarrona ESP?
Construido entre 2020 y 2021 con una inversión superior a los $3.700 millones de pesos, el Tanque Norte prometía solucionar el abastecimiento a 4.000 usuarios. Sin embargo, al mes de operación sus bombas se quemaron y hoy opera únicamente por ciclos de bombeo nocturno.
¿Cuáles son las soluciones estructurales que plantea el municipio a largo plazo?
La Alcaldía adelanta la formulación del Plan Maestro de Acueducto y Alcantarillado (financiado con un empréstito de $2.205 millones), la adición de dos tanques de 200 m³, la ampliación de la concesión en la bocatoma Los Andes y la futura captación en el Río San Lorenzo.

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