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“Acá sigue temblando”: el drama de más de 200 familias de Andes tras sufrir avalancha y terremoto en dos meses

Si usted desea ayudar a los habitantes de Andes que quedaron afectados después del terremoto, puede hacer su aporte a la llave de Nequi @NEQUISIL1354, que está a nombre de Silvia Restrepo.

  • Así como Hugo, Sorany, Ángela, Luz Elena y María, cientos de familias viven hoy en medio de la incertidumbre tras el terremoto que les quitó gran parte de lo poco que tenían. FOTOS Camilo Suárez.
    Así como Hugo, Sorany, Ángela, Luz Elena y María, cientos de familias viven hoy en medio de la incertidumbre tras el terremoto que les quitó gran parte de lo poco que tenían. FOTOS Camilo Suárez.
hace 52 minutos
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En Andes, el miedo no terminó cuando dejó de moverse la tierra. En las veredas y corregimientos de este municipio del Suroeste antioqueño todavía quedan paredes abiertas, techos improvisados con plásticos, baños inutilizados y habitaciones que las personas miran con desconfianza cada vez que una ráfaga de viento sacude una teja.

Han pasado casi tres semanas desde el terremoto del 10 de agosto y el municipio sigue tratando de dimensionar el golpe. Un censo comunitario realizado en varios de sus corregimientos permite estimar que más de 200 familias resultaron afectadas, aunque sus propios impulsores advierten que la cifra puede seguir creciendo a medida que llegan a veredas apartadas que todavía no han sido visitadas.

Andes, además, venía de afrontar otra emergencia. En la primera semana de junio de este año, una avenida torrencial de la quebrada Santa Bárbara obligó a activar una evacuación preventiva en el corregimiento de Santa Inés y dejó viviendas inundadas, puentes destruidos y varias comunidades con problemas de comunicación. Son, para muchos habitantes, dos golpes muy duros en tan poco tiempo.

Lea más: Este será el proceso para recuperar el Santuario San José de Venecia tras el terremoto

No obstante y a pesar de tan “malas rachas”, la sensación que queda entre los vecinos es que todavía hay tiempo para recuperarse, retomar el aliento y seguir de largo, así parezca imposible.

“Hugo, se cayó la casa”

En la vereda Media Luna del corregimiento de Santa Rita, la vivienda de Hugo Vélez quedó casi que destruida. Cuando ocurrió el terremoto él no estaba en casa. Se movilizaba en el camión con el que trabaja por las carreteras de la zona y ni siquiera sintió el temblor. Lo que sí observó mientras avanzaba por una vía destapada fueron pequeños deslizamientos y hasta un tronco que cayó cerca del camino.

Su esposa tuvo que irse con los niños donde la suegra porque en la vivienda ya no había condiciones para permanecer todos. Tres camas quedaron debajo de los escombros y terminaron perdidas. La lavadora sufrió el impacto de una teja y también quedaron destruidos utensilios, ropa y otros objetos que estaban dentro de la casa.

Por ahora, Hugo no puede entrar a su propia vivienda. La recomendación es no permanecer allí por el riesgo de que algún elemento termine de desprenderse.

“Todos me dan mucha moral y me dicen que yo sin casita no me quedo. Ver así lo de uno es muy triste, mucho”.

Sorany corrió, aún embarazada

Ese día, Sorany Cadavid Zapata se organizaba para ir a una cita de control prenatal. En el momento en que comenzó a temblar pensó que se trataba de un movimiento más, de esos que una vez sintió y a los segundos se esfumó. Pero esta vez fue muy diferente.

Cuando cayó en cuenta de que el tronar no cesaba, salió como pudo, corriendo y con una blusa a medio poner, incluso, con la toalla en su cintura. Desde afuera observó cómo empezaban a caer el techo, objetos, cuadros y partes de la estructura, y pensó que la casa se vendría abajo.

El techo de la zona exterior terminó en el patio. Otro fragmento cayó sobre unas camas y una mesa. Algunas pertenencias quedaron dañadas, pero el mayor problema llegó después: durante varios días la vivienda quedó expuesta al agua.

Entre el lunes del terremoto y el sábado siguiente, la familia tuvo que arreglárselas como pudo con las tejas que todavía servían y materiales improvisados para evitar que la lluvia entrara. Entre lo malo y la crítica situación, un grupo de personas -del que se hablará más adelante- reunió los materiales y le instaló un techo nuevo.

Su embarazo transcurre ahora entre las grietas de una casa que necesita más reparaciones, pero la que sigue intacta es su fe, que, según ella, es lo que la sostiene.

Un golpe de suerte para Ángela

El terremoto encontró a Ángela Cañas en la casa con sus tres hijos menores de edad. Su esposo había salido a trabajar y ella permanecía en la cama porque los niños no tenían clase.

Cuando comenzó el temblor una de sus hijas la alertó. Ángela salió con los niños, pero regresó por el celular. Su familia le gritaba que no entrara, pero ella, en medio de su shock, ingresó bajo todo tipo de riesgo, además, no quería perder el contacto con el resto de su familia.

Dice que el temblor fue tan fuerte que sintió como si la casa fuera a desprenderse desde la raíz y que afuera la carretera parecía abrirse. Los daños después fueron evidentes: el techo de zinc y teja quedó afectado, varias amarras se partieron y el baño se desplazó. Las paredes terminaron llenas de grietas y parte del entablado quedó vencido.

Ahora, según su relato, cualquier ruido puede devolverla a ese momento. “Imagínese que cuando la lavadora está en ciclo y suena duro, mis hijos y yo nos llegamos a asustar porque creemos que está temblando otra vez”, relató.

A todo eso se suma la incertidumbre económica, pues su esposo sufrió hace un par de años un accidente en su mano con una pulidora y la movilidad de esta es casi que nula. Mientras llegan las ayudas, el techo permanece tapado con un plástico especial para evitar que se filtre el agua lluvia o que un rayo de sol se entrometa donde no debe.

Luz Elena pende de unas vigas

Ella y su esposo, Jorge Jesús Patiño, llevan 44 años en la misma propiedad, ubicada en la vereda San Pedro Abajo, también del corregimiento de Santa Rita.

La casa tiene una historia sísmica anterior, pues ya había sufrido daños graves durante el terremoto de 1979. Después fue reconstruida con materiales diferentes, entre ellos adobe macizo y adobe de coco. Sin embargo, el movimiento del 10 de agosto volvió a ponerla a prueba.

Jorge tiene movilidad reducida y necesita un caminador. Durante el terremoto, Luz Elena tuvo que ayudarlo a salir mientras ambos intentaban alejarse de un poste de energía que temían pudiera caer sobre la vivienda. Adentro quedaron platos rotos, un espejo destruido y pedazos del techo desprendidos.

Luz Elena dejó de trabajar el año pasado y su esposo lleva años enfrentando problemas de movilidad. Por eso, la posibilidad de reparar la vivienda depende en buena parte de las ayudas que puedan conseguir. Por fortuna, algunos vecinos ya comenzaron a aportar arena, cemento, adobes y perfiles. Aquí la respuesta, una vez más, nació de la comunidad.

La casa de María quedó sin baño

En el centro poblado de Santa Rita, en el barrio Patio Bonito, María Amada Contreras y su esposo, ambos adultos mayores, viven otra de las consecuencias menos visibles del terremoto.

Durante el sismo estaban dentro de la casa. Su esposo no podía desplazarse rápidamente y apenas tuvieron tiempo de ponerse a salvo. El principal daño se produjo en la parte trasera de la vivienda, donde quedó afectado el baño. Para resolverlo, familiares improvisaron una alternativa con una caneca de pintura, una solución especialmente difícil para una persona con problemas de movilidad.

La casa también quedó con filtraciones, puesto que en algunos puntos la luz entra por los huecos que dejaron las tejas desplazadas. Lo más importante, según dice, es que una hermana llegó para acompañarlos mientras esperan los materiales con los que puedan recuperar lo que antes era su hogar.

“Me acuerdo que los vecinos me gritaban y me decían que saliera rápido de la casa con mi esposo, pero pues nosotros no podíamos correr entonces nos asustamos mucho”.

Entérese: ¡Atención! Dos techos se desplomaron tras el sismo de este miércoles en el Oriente antioqueño

Así como Hugo, Sorany, Ángela, Luz Elena y María, cientos de familias viven hoy en medio de la incertidumbre tras el terremoto que les quitó gran parte de lo poco que tenían. Por ejemplo, otro de los corregimientos que padeció la inclemencia del sismo fue San José, donde actualmente hay unas 35 casas comprometidas.

De acuerdo con Daniela Vélez Arboleda, habitante de Andes y quien nació en este corregimiento, de las 35 viviendas, seis ya no pueden ser habitadas, mientras que en las demás los daños se concentran en techos y paredes.

Un video que lo cambió todo

La respuesta comunitaria en Andes nació de una publicación en redes sociales. Juan Camilo Vélez, creador de contenido y oriundo del municipio, cuenta que al principio muchos habitantes de Andes pensaban que la situación no había sido tan grave en su territorio, pero una publicación realizada por él dos días después del terremoto mostró lo que estaba pasando en uno de los corregimientos. Fue ahí cuando la gente se volcó a ayudar.

Si las donaciones estaban llegando al Chocó y otras zonas gravemente afectadas, ¿por qué no ayudar también a las familias de Andes que estaban enfrentando daños en sus propias casas? A partir de ese momento empezaron a aparecer centros de acopio, primero en Andes y luego en Medellín.

Lo que comenzó como una reacción espontánea terminó convirtiéndose en un colectivo integrado por cerca de 12 personas. A su vez, comenzaron a trabajar con líderes comunitarios para llegar a lugares donde los censos institucionales todavía no habían logrado entrar. Y afortunadamente, más de 500 mercados y miles de materiales ya han sido entregados.

En los últimos días, llegó un camión procedente de San Pedro de los Milagros. Se espera también un camión con alimentos desde Urabá. Habitantes de La Estrella, Angelópolis, Betania, Jardín y otros municipios se han unido con comida, materiales, dinero o mano de obra.

Vélez explica que quieren comprobar las necesidades, organizar las entregas y volver a los hogares en unos días para comprobar qué hace falta. La intención es que las familias puedan comer mientras reconstruyen.

El proyecto pretende ir más allá de la emergencia inmediata. La intención es que, cuando desaparezcan los titulares sobre el terremoto y disminuyan las donaciones, permanezca una actividad que permita seguir ayudando y, al mismo tiempo, visibilizar el trabajo de las comunidades rurales.

Andes ya había aprendido, apenas dos meses atrás, que una emergencia puede cambiarlo todo en minutos. Ahora enfrenta otro golpe que dejó miles de historias pequeñas detrás de una cifra general de damnificados.

A raíz de ello, se creó esta red solidaria, que si bien todavía no ha sido bautizada con un nombre específico, tiene como único objetivo servir, ser puente y abrir puertas para los más afectados.

Bloque de preguntas y respuestas:

¿Cuántas familias resultaron afectadas por el terremoto en Andes?
Un censo comunitario realizado en varios corregimientos de Andes estima que más de 200 familias resultaron afectadas por el terremoto del 10 de agosto. La cifra podría aumentar porque todavía hay veredas apartadas que no han podido ser visitadas.
¿Qué daños dejó el terremoto en Andes?
El sismo provocó grietas en paredes, daños en techos, desprendimiento de estructuras, baños inutilizados y pérdida de muebles y pertenencias. Algunas viviendas quedaron inhabitables y otras necesitan reparaciones para evitar que la lluvia siga causando daños.
¿Qué zonas rurales de Andes resultaron afectadas?
Entre los sectores mencionados están los corregimientos de Santa Rita, Santa Inés y San José, además de diferentes veredas. En San José, por ejemplo, unas 35 viviendas presentan afectaciones y seis de ellas ya no pueden ser habitadas.

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