Sentarse frente al ataúd. Rodearse de familiares, amigos y conocidos. Llorar, dudar, negar.
El mejor momento para estas reacciones es la velación. La misma, es la posibilidad de caminar hacia el duelo y que permitirá la aceptación de que una persona a quien se le tenía cariño dejará de estar presente físicamente.
Juan Sebastián Acosta Zapata, psicólogo coordinador de rituales significativos de Villanueva Casa de Velación, resalta que “las velaciones son determinantes para la elaboración de un proceso de duelo por varias razones, una de estas es que la velación favorece la aceptación de la pérdida. Es decir, la confrontación con la realidad, que el otro que yo amaba se ha transformado y ya no va a estar de la manera que usualmente estaba. Permite que la persona se confronte con esa realidad”.
El especialista agrega que este también es un espacio que permite recibir un apoyo simbólico de las personas cercanas. “Es uno de los pocos espacios que quedan en la sociedad a través de los cuales hay un lugar y un espacio adecuado para recibir el apoyo simbólico y leal de las personas que nos quieren y nos acompañan. Allí se da la ternura, la solidaridad, el acompañamiento, el apoyo de manera masiva. Además permite la expresión emocional que en otros contextos no sería bien vista: el llanto, el alargue del dolor, el grito, todo aquello que permita que el ser humano elabore ese primer momento del duelo y pueda expresar la emocionalidad”, dice.
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