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Un paisa es pionero del in vitro en EE. UU.

Jairo E. García hizo parte de la primera fertilización por fuera del útero de la madre que se hizo en ese país.

  • El trabajo del doctor García tiene un alto valor académico y científico en la historia de la fertilidad. FOTO Cortesía Universidad Johns Hopkins
    El trabajo del doctor García tiene un alto valor académico y científico en la historia de la fertilidad. FOTO Cortesía Universidad Johns Hopkins
22 de abril de 2019
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Tenía una cita con el Papa Juan Pablo II, pero era 1983 y el Sumo Pontífice fue designado como mediador en el conflicto bélico entre Argentina y Chile. El colombiano Jairo E. García, seleccionado como el portavoz ante el Vaticano para discutir las cuestiones éticas que causaban gran preocupación alrededor de lo que llamaban bebés de diseñador, terminó conversando con el cardenal Caffara, secretario del Instituto de Familia que por aquella época tenía como director a Joseph Ratzinger, quien llegara a ser el Papa Benedicto XVI.

Graduado como médico y especialista en ginecobstetricia de la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia e integrante del equipo que desarrolló el primer embarazo por reproducción asistida en Estados Unidos, a García lo recibieron en Roma con un “usted está creando vida”. Ante lo que le dijo el cardenal, él respondió: “El esperma y el óvulo tienen que estar vivos, yo solo permito que se encuentren. No soy Dios, solo un instrumento de él”.

Pero ellos no entendieron, así que García le preguntó: “¿Cuándo es que el alma toma posesión de ese embrión?, ¿cuándo es una célula o cuándo el espermatozoide toca (la superficie del óvulo)?”. Y monseñor lo paró y le dijo “en la célula”. Ante lo que él respondió, “Monseñor, con todo respeto, ¿el alma se divide? Porque ese embrión se puede dividir 14 días después y tener dos mellizos; el problema es que estamos tratando de unir un concepto biofísico con uno metafísico. Y como católico creyente que soy, me queda claro que no destruyo vida, no apoyo el aborto, no destruyo embriones, simplemente ayudo a la gente”. No quedaron satisfechos y así terminó la reunión.

García cumple 50 años de graduado de la Universidad de Antioquia este año y en abril visitó la ciudad después de 36 sin venir para participar del Congreso Internacional de Ginecología y Obstetricia de esa institución.

EL COLOMBIANO habló con él. Hoy es director de la División de programas de Fertilización in vitro (FIV) de endocrinología reproductiva e infertilidad del prestigioso Hospital Johns Hopkins en Estados Unidos. Bajo su dirección se han creado 75 centros de in vitro en el mundo y esos han sido la semilla para que otros sigan creciendo.

¿Por qué dedicarse a estudiar la reproducción humana?, ¿qué lo entusiasmó sobre un área de conocimiento en sus inicios?

“Cuando era estudiante de Medicina me gustaba la endocrinología y la cirugía. La ginecología me daba la oportunidad de combinar las dos. La medicina de la reproducción era una rama de la ginecología que estaba empezando en los años 70 y por ello me fui a Estados Unidos. Tuve la buena fortuna de ir a la universidad de Johns Hopkins y hacer mi subespecialización con los doctores y pareja Howard y Georgeanne Jones, los líderes en el país en este tema. Los había conocido en 1973, siendo residente de segundo año en Medellín. Como no tenía dinero me tocó manejar cinco días para llegar a un congreso en Quito (donde eran los profesores invitados a un congreso latinoamericano). Ya antes había escrito a varias partes en Estados Unidos porque yo tenía esa visión de hacer medicina de la reproducción, pero siempre me respondían que eso que yo pensaba no existía, excepto para esta pareja que hacía mucho de esas cosas: ella endocrinóloga, él cirujano”.

¿Y cómo un colombiano logra ser hacer parte del equipo que consigue el primer embarazo exitoso por reproducción asistida en Estados Unidos?

“Los esposos Jones me habían pedido mandar el curriculum y me aceptaron en el Hospital Johns Hopkins con el compromiso de que ellos no tenían dinero para pagar. En un principio el doctor Botero (decano de la Facultad de Medicina de la U. de A. en aquella época) me consiguió una beca con la Agencia Internacional para el Desarrollo (AID) para ir a hacer mi entrenamiento de subespecialidad con ellos. Era extraordinaria, pero la mala fortuna fue que un mes antes de irme, me llegó un telegrama diciendo que por recortes de presupuesto se veían en la penosa obligación de cancelarla. Con mi esposa decidimos vender todo lo que teníamos, pero eso solo bastó para un año. Trabajé muy intensamente hasta que tuve que decirles que realmente no podía seguir, pero le hice prometer a la doctora Georgeanne que me recibiría de nuevo. Un poco antes de venirme recibí una llamada a las 11:00 de la noche; el doctor Jones me preguntaba si no era muy tarde para quedarme. Tiempo después vine a descubrir que ellos mismos donaron el dinero para que yo pudiera hacer mi segundo año”.

Específicamente sobre la investigación, ¿cuáles fueron sus aportes allí?

“En ese segundo año hice proyectos que otros no habían sido capaces de completar y realmente me adoptaron como un hijo. Quizás ese fue alguno de los factores por los cuales me llamaron, porque fue una sorpresa dentro del medio americano que ellos no escogieron a médicos de allá, sin barrera de idioma, con otras credenciales mucho mayores, de universidades más famosas. Aunque creo que aquí la medicina que me enseñaron era extraordinaria, quizás eso fue lo que confluyó. Vieron en mí determinación y constancia, siempre he tenido una mente muy inquieta para generar ideas, proyectos y todo. Fueron dos años muy duros, me tocó desarrollar las jeringas de aspiración de óvulos, técnica de aspiración de óvulos, incluso el análisis del ciclo menstrual. Como no teníamos el test que usaban en Inglaterra entonces hicimos un protocolo propio.

Fue muy intenso, había que predecir exactamente cuándo la paciente iba a ovular porque los ingleses nos habían dicho que si usábamos hormonas no funcionaría. En nuestro protocolo antes de hacer el procedimiento, ella se venía por tres meses a donde nosotros estábamos, las veíamos diariamente empezando el día del ciclo menstrual para examen de ultrasonido, examen de células de la vagina, hormonas y todo eso, y cuando se estaba aproximando la ovulación, le hacíamos muestra cada 4 horas de día y de noche. Esa era la función más importante, yo llegaba temprano, me iba a la casa a las nueve de la noche, después de haber tomado las muestras de las ocho; a las doce de la noche y a las cuatro de la mañana las pacientes venían a mi casa para sacarles sangre y así estuve por seis meses. Todo ese cúmulo de información me dio las bases para desarrollar los protocolos que he podido extender y hacer que esto fuese una realidad.

Entonces de 50 pacientes logramos una fertilización en 21 y buenos embriones, pero cero embarazo. Ahí fue cuando se dio el gran cambio, y tuve mucho que ver con eso, que fue cuestionar la recomendaciones de los ingleses. Nosotros teníamos experiencia usando esas hormonas en pacientes que nunca ovulan porque les falta la hormona y el lío que teníamos era los embarazos múltiples, entonces les decía a mis profesores, ¿cómo no va a actuar en una paciente normal? Tiene que ser así. Y logramos hacer los cambios, empezamos a usar las hormonas y empezó el primer embarazo, el segundo (...).

En el camino encontramos que todas las hormonas no tenían el mismo nivel, habían lotes buenos y malos y todo eso me toco descubrirlo”.

Lea aquí: Diferentes caminos conducen a la fertilidad

Luego de eso llegó a tener un gran programa de fertilización in vitro.

“Luego de seis años llegó el momento de independizarme, con mucho dolor. Me fui a otra institución en Baltimore, donde llegué a tener el programa más grande de los Estados Unidos en fertilización in vitro. Llegué a hacer 850 ciclos, que en esa época era un escándalo. En 1985 llegaron otras hormonas, comencé a aplicarlas, hubo muchos cambios, hice mucha investigación allí. Este era un hospital privado sin ánimo de lucro, pero llegó un momento en que me quisieron limitar a hacer la investigación clínica y le dije a los directores, yo no estoy trabajando por hacer dinero, mi tarea es completar este rompecabezas, fue ahí cuando regresé a Johns Hopkins en 1997 y desde ese entonces estoy como director del centro de fertilidad y el programa de fertilización in vitro”.

Sobre el futuro de estas técnicas, ya nacieron bebés por fertilización in vitro de tres personas porque literalmente el bebé termina teniendo el ADN del padre, la madre y una donante de óvulos. ¿Cómo lo ve?

“En los Estados Unidos nunca va a suceder eso. Esa técnica consiste en extraer los cromosomas o el núcleo del óvulo de una paciente joven al óvulo de otra paciente. El problema es que este va a tener contaminación de los cromosomas y las mitocondrias, lo que puede llevar a una cantidad de problemas genéticos impredecibles. Esa es la objeción al respecto”.

El Colegio Americano de Obstetras y Ginecólogos quitó la edad límite para embarazarse. ¿Está de acuerdo?

“Eso ha sido un problema muy controvertido, realmente estoy en desacuerdo en hacer un in vitro en una paciente mayor de 45 años, aunque en mi institución lo aceptan hasta los 50. Aquí hay que pensar, ¿cuál es el papel de la menopausia, la sudoración y los dolores de cabeza? Es un mensaje con el que la naturaleza le dice al cuerpo que es hora de cerrar ese capítulo, y la otra parte importante es que no solo tengo responsabilidad con la pareja, mi responsabilidad es también con ese bebé que viene. Tengo que velar por su bienestar y una cosa que me preocupa es que una paciente de 55 años que se embarace y que tenga éxito, cuando tenga 70 su hijo va a tener 15 años; entonces ¿quién va a cuidar a quién? Esa madre y ese hijo nunca se van a encontrar y eso puede generar un impacto psicológico negativo en esa nueva vida y tomo eso seriamente. Como pionero in vitro, una de las cosas que me angustia y que realmente reniego es que abusen del procedimiento”.

Lea aquí: Se puede ser mamá después de loa 40 años

Otro camino es la adopción

“Lógicamente. Hace seis años tuve una lección increíble de uno de mis hijos, que con su esposa y a pesar de que tenían tres hijos decidieron venir a Colombia a adoptar una bebé y Eliana que hoy tiene seis años es la felicidad de la familia. Hago mucho énfasis a los pacientes, de considerar la adopción como una opción, además en Estados Unidos en este momento se estima que hay un millón doscientos mil embriones abandonados y nadie los puede destruir”.

Algunos ginecólogos dicen que el in vitro está muy avanzado en Medellín. ¿Es así?

“La doctora Natalia Posada Villa fue una de mis fellows (estudiantes). Es extraordinaria y muy honesta, y creo que trabaja en el mejor programa del país: Inser. Traté de que se quedara con nosotros, pero no fue posible (risas)

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