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Animales de asistencia y de apoyo: un pilar para muchos

Gracias a la relación que humanamente se ha construido con los animales, hoy, estos tienen la capacidad de ser un pilar según diferente circunstancias físicas o mentales.

  • Los animales de apoyo emocional y los animales de asistencia sirven para diferentes cosas. Foto: Pixabay.
    Los animales de apoyo emocional y los animales de asistencia sirven para diferentes cosas. Foto: Pixabay.
  • Java es una perra de asistencia que acompaña a Janibel a la universidad. FOTO EL COLOMBIANO
    Java es una perra de asistencia que acompaña a Janibel a la universidad. FOTO EL COLOMBIANO

La interacción humano y animal que empezó desde la prehistoria ha mostrado grandes beneficios, uno de ellos es la posibilidad de que los animales le generen tranquilidad a los humanos y les sirvan de ayuda con vínculos afectivos que no necesariamente son biológicos, según explica el médico veterinario Santiago Henao Villegas al detallar la importancia de los animales de apoyo emocional.

Sin embargo, surgen dudas: ¿a qué se refiere con “apoyo emocional”? Y, ¿dentro de esa clasificación caben los también llamados animales de asistencia o son dos cosas distintas?

Para la psicóloga Sara Beuth Álvarez, una de las directoras de Latimos Bocalán Colombia, los animales de apoyo emocional “son aquellos que tienen una educación básica y actúan como pilar de una persona que cuenta con un certificado expedido por un psicólogo o por un psiquiatra, en el cual se legitima que realmente necesita a un animal de apoyo emocional debido a diferentes circunstancias mentales”.

Y es que según un estudio realizado en la Universidad de Toledo, en Estados Unidos, estos animales pueden proporcionar beneficios a las personas con depresión, ansiedad y soledad: “Los hallazgos de los biomarcadores, junto con las encuestas estandarizadas de estrés, ansiedad y soledad y las entrevistas cualitativas juntas, sugieren información sobre cómo los animales de apoyo emocional pueden ayudar a reducir los síntomas y la soledad asociados con la enfermedad mental crónica, -indica Janet Hoy-Gerlach, profesora de trabajo social e investigadora principal del proyecto-. No podemos hacer ninguna generalización ni grandes afirmaciones, pero los hallazgos son bastante sencillos para este grupo de personas en particular”.

Además, advierte Henao, que también tiene una maestría y un doctorado en bioética, que “para considerar a un animal de apoyo emocional es muy importante definir un protocolo claro de quién puede establecer esa necesidad de animales de apoyo emocional. Por un lado, está el rol del especialista en salud mental que es quien va a definir la necesidad del ser humano de tener el acompañamiento del animal. Pero por otro lado también aparecen el gremio de médicos veterinarios estableciendo esas condiciones mínimas que debe tener un animal para ser considerado de apoyo emocional, por ejemplo, todo lo que tiene que ver con su salubridad, sus condiciones de entrenamiento. Entonces se debe trabajar de manera interdisciplinaria. Por un lado los especialistas en salud mental y por el otro los especialistas en salud animal”.

Por su parte Beuth habla de la otra categoría: “Un animal de asistencia debe de tener un proceso mucho más riguroso en temas de adiestramiento. Debe de tener un mínimo de 250 horas de entrenamiento. Debe ser entrenado para que tenga un buen comportamiento en espacios públicos: en centros comerciales, en supermercados, en el metro. Y debe aprender tres habilidades específicas que le sirvan para asistir la condición de la persona acompañada”.

Es decir, estos animales son adiestrados en tareas concretas que ayudan a la generación de autonomía e independencia de personas con algún tipo de discapacidad. Existen los perros guías que ayudan a personas con discapacidad visual. Los perros de servicio para niños con autismo. Los perros de servicio para personas con movilidad reducida. Los perros de alerta médica para detección de hipoglucemia. Y los perros señal para personas sordas.

“Por ejemplo, para niños con autismo las habilidades más comunes que se educan son: tacto profundo (el perro ayuda en la conciliación del sueño del niño, se acuesta en la cama y el tema del calor ayuda a que este concilie el sueño), anclaje (cuando el niño tiene fugas, el perro funciona como un ancla para evitarlo), y control de conductas disruptivas (los niños con autismo suelen tener pataletas, como se les llama coloquialmente, y al perro se le da la instrucción de lamer la cara del niño para sacarlo de esa situación). Pero no a todos se les enseñan esas porque todos los niños tienen necesidades diferentes y así”.

Precisamente en Latimos Bocalan hacen todo el proceso de entrenamiento. Comienza con una etapa de creación de hábitos, otra de obediencia básica, otra de trabajo en espacio público, y otra de habilidades específicas, esta última incluye llevar el perro a la familia, enseñar los comandos y dejarlo en su nuevo hogar. Después de eso se certifica al canino en la Asociación Internacional de Perros de Asistencia (ADI).

Java es una perra de asistencia que acompaña a Janibel a la universidad. FOTO EL COLOMBIANO
Java es una perra de asistencia que acompaña a Janibel a la universidad. FOTO EL COLOMBIANO

Si se encuentra alguien con un perro de este tipo evite tratarlo como una mascota de su casa, este realiza una labor concreta para la que fue entrenada y no necesita distracciones. Es importante que la sociedad también se eduque en este aspecto.

Si usted considera que necesita un animal de apoyo emocional o si cree que alguien de su entorno estaría mejor con un animal de asistencia, consulte con su psiquiatra o con las entidades pertinentes

Nátaly Londoño Laura

Periodista de medio ambiente de EL COLOMBIANO. En sus ratos libres se dedica a la lectura, al quehacer dibujístico y a la maternidad de gatos.