A 6.000 años luz de la Tierra, en el borde de nuestra galaxia, está ubicada la Nebulosa de la Langosta, una región que hasta ahora se ha estado estudiando, gracias al Telescopio Espacial James Webb (JWST), por un grupo de científicos de diferentes nacionalidades, entre los cuales se encuentran tres integrantes del Grupo de Física y Astrofísica Computacional de la Universidad de Antioquia, y el cual es liderado por la colombiana María Claudia Ramírez-Tannus, que en la actualidad trabaja en el Instituto Max Planck para Astronomía.
Pero, ¿y por qué sucedió esto? Porque cuando se estrenó el James Webb, hace un par de años, la NASA abrió una convocatoria para que los científicos de todo el mundo enviaran sus propuestas de observación, y bueno, las dos únicas colombianas que ganaron tiempo en esta primera ronda de fueron Sofía Rojas y María Claudia, quien planteó el estudio de la Nebulosa de la Langosta, precisamente, una región de formación estelar, llamado XUE: Inventario molecular en la región interior de un disco protoplanetario extremadamente irradiado.
Es decir, “en la galaxia el gas y el polvo interestelar se acumulan en ciertas regiones y esas regiones se conocen como nebulosas moleculares, pues justo allí la gravedad empieza a actuar y a forma estrellas. Sin embargo, esta región específica tiene la particularidad de formar estrellas muy grandes, muy luminosas, estrellas masivas, que no son comunes y que es imprescindible investigarlas”, dijo el profesor Pablo Cuartas Restrepo, que al lado del también profesor Germán Chaparro y el estudiante de doctorado Sebastián Hernández, son los representantes de la Universidad de Antioquia en este trabajo de corte internacional.
Le puede interesar: La sorprendente imagen que capturó el James Webb de una estrella que se está muriendo
Y es que, si bien es cierto que los científicos siempre habían estudiado regiones de formación estelar, y por consiguiente de formación planetaria, también es cierto que la Nebulosa de la Langosta, que está expuesta a la radiación ultravioleta, que es muy fuerte y muy destructiva, nunca había sido estudiada, sobre todo, como se está haciendo ahora, debido a que está bastante apartada de la Tierra. “¿6.000 años luz? Eso es igual a decir que está bastante más lejos que las demás, de las que se han estudiado en un pasado reciente, porque entre más lejos están estos cuerpos, más tenue es la luz que llega de ellos”, comenta Germán.
Por eso el James Webb ha jugado un papel determinante en este proceso, pues gracias a los espectros de luz que han sido captados en la región, a través de él, se ha determinado que allí hay 20 objetos, que son estrellas relativamente pequeñas y jóvenes, de los cuales, para entregar un primer avance de su estudio, el grupo de investigadores centraron todos sus esfuerzos en el análisis de uno esos objetos, bautizado XUE-1, el cual se compone de una estrella (gas y polvo) y un disco que ha generado bastantes preguntas.
Pues gracias a los espectros o a las observaciones que llegaron de él, los investigadores de la UdeA (única universidad colombiana trabajando con el JWST y con este tipo de ciencia), construyeron modelos computacionales, modelos físicos, químicos y termodinámicos, que reconstruyen las dinámicas de ese lugar lejano del universo. Información por medio de la cual intuyen que, dentro de millones y millones de años, podrían surgir allí planetas rocosos similares a la Tierra. Así lo explicó la misma María Claudia: “Encontramos abundancia de agua, monóxido de carbono, dióxido de carbono, cianuro de hidrógeno y acetileno en las regiones más internas de XUE-1; lo cual da pistas sobre la composición probable de la atmósfera inicial de los planetas terrestres resultantes. También hallamos polvo de silicato en cantidades similares a las de las regiones de formación estelar de baja masa. Es la primera vez que se detectan moléculas de este tipo en condiciones extremas de radiación como estas”.
Y lo último a lo que se refiere, el por qué este disco tiene esos componentes específicos a pesar de la radiación a la que está expuesto, es justamente una de las dudas no resueltas que el estudio publicado el 30 de noviembre de 2023 en la Astrophysical Journal Letters. Esto queda sobre la mesa para continuar con la investigación, no solo de él, sino también de los otros 19 objetos encontrados en la Nebulosa de la Langosta.
Le puede interesar: ¿Cuál es el origen de los anillos de Urano? Están bajo el control de sus lunas
“Nosotros vamos a seguir investigando todo esto para entender cómo se forman los planetas, cómo son los procesos, sobre todo en regiones que no son tan, digamos, amigables para las moléculas del agua, fundamentales para la vida, o sea, estos son pequeños pasos que nos llevan a resolver las preguntas fundamentales de nuestra existencia: ¿Por qué estamos aquí? ¿Por qué surge la vida? ¿En dónde más hay agua y otras posibilidades? Porque a medida que entendemos, vamos a comprender que, probablemente, no somos tan únicos”, concluye Pablo.