El reporte de Estado Global para Edificios y Construcción 2025-2026 de la ONU ya lo advierte con su título: “Construyendo rápido. Quedándose corto.” El sector de la construcción produce más de un tercio de las emisiones de carbono y va quedado en cumplir la meta de emisión cero para 2050 que propone la Agencia Internacional de Energía. El documento es contundente: se necesitan alternativas para volver al ruedo. Una de las que propone son los biomateriales.
Estos insumos incorporan componentes orgánicos o biológicos en su composición y se han usado en dispositivos médicos, textiles, agricultura y cosmética. En los campos de la construcción y la arquitectura pisan con fuerza por su rol en la reducción del impacto ambiental del sector.
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Javier Peñaranda, arquitecto y director de Camacol Regional Santander, aclara que los biomateriales no son cosa reciente: las construcciones con elementos como el fique, la guadua y la tapia pisada han protagonizado las construcciones rurales y coloniales. Aprovechar los recursos del ecosistema resultó ser beneficioso para solucionar problemas naturales, como los calores intensos. Y ahora, según sostiene el arquitecto, la innovación lleva más lejos la misma idea: “Nadie más que la naturaleza es capaz de solucionar temas naturales”.
Los materiales de este tipo se pueden incorporar en diversas partes de los procesos. En mezcla, destacan los basados en enzimas. Se agregan al suelo como estabilizadores o al concreto para hacerlo autorreparable ante pequeñas grietas. En el caso del estabilizador del suelo, actúa como impermeabilizante con la materia prima disponible en el lugar. “Ya no hay que traer (materiales de cantera) porque usamos el mismo material del suelo. Entonces los ahorros en transporte de material son muy grandes”, apunta Iván Duque, representante de Roadcorp.
Como reemplazo de materiales tradicionales, el micelio en los hongos ha servido de alternativa frente a la madera y el plástico. Un artículo de Mitchell et al. , científicos de universidades de Australia y Austria, evaluó su uso y concluyó que “ofrece un método biotecnológico de bajo consumo energético para transformar residuos agrícolas en alternativas ecológicas y baratas a los materiales de construcción sintéticos”.
También se ha combatido la huella de carbono que se deja en operatividad por consumo eléctrico, con las plantas. Según un estudio de Das et al., los techos verdes reducen en promedio 10,88 °C en temperatura de superficie y 2,4 °C en temperatura interior, en comparación con los techos tradicionales. Si desde el diseño de la edificación se introducen elementos biológicos que disminuyan la necesidad de, por ejemplo, el aire acondicionado, la energía que se invierte en el funcionamiento de las edificaciones rinde más.
El camino es largo, pero con ayuda de estrategias como estas, hoy Colombia es el país con más metros cuadrados de construcciones con la certificación de sostenibilidad Edge. Con visibilidad e incorporación gradual de estas soluciones, el país puede continuar recuperando el equilibrio con la naturaleza que habitamos.
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