Llevar a cabo el proceso de paz con las Farc ha sido el mayor reto político de Juan Manuel Santos. Asumir ese riesgo le costó su popularidad en Colombia, rivalidades, insultos y una derrota en las urnas del plebiscito, pero también le ayudó a dejar huella en la historia mundial con un premio Nobel de Paz.
El mismo Santos ha dicho, en múltiples oportunidades, que ha sido el peor enemigo de las Farc, como Ministro de Defensa en el gobierno de Álvaro Uribe (de 2006 a 2009) y Presidente de la República.
En esas instancias, estuvo al frente de operaciones militares exitosas, como la que terminó en el rescate de Íngrid Betancourt y otros 14 secuestrados (“Operación Jaque”), y las que derivaron en las muertes de tres miembros del Secretariado guerrillero: alias Raúl Reyes (“Fénix”), alias Alfonso Cano (“Odiseo”) y alias Mono Jojoy (“Sodoma”).
Con ese antecedente, el Jefe de Estado inició los acercamientos con la insurgencia en 2011, confiándole la tarea, entre otras personas, a su hermano Enrique.
Las gestiones dieron fruto y en octubre de 2012 le anunció a la Nación que la negociación era una realidad, y comenzaría su fase pública en Noruega y después en la isla de Cuba.
El proceso de paz no ha sido un sendero de pétalos perfumados, sino una trocha con abismos y maraña. La primera crisis llegó el 16/11/14, cuando la guerrilla secuestró en Chocó al general Rubén Darío Alzate, comandante de la Fuerza de Tarea Titán del Ejército, junto a otras dos personas. En consecuencia, Santos suspendió los diálogos durante un mes.
Lo absurdo del rapto, justo cuando Alzate (un experto antisecuestro) andaba de civil en una zona roja, sembró dudas en parte de la opinión pública, que catalogó el incidente como un montaje para que, una vez resuelta la crisis con la entrega pacífica de los cautivos, aumentara la confianza en un proceso que no convencía a mucha gente.
La segunda crisis llegó el 15/4/15, cuando las Farc mataron a 10 soldados en Cauca; en respuesta, la Fuerza Pública bombardeó un campamento subversivo en el mismo departamento, en el que perdieron la vida 60 guerrilleros (27 cuerpos recuperados), incluyendo a alias “Jairo Martínez”, quien fue negociador en La Habana.
A estos eventos, propios del conflicto, se sumó la oposición política, liderada por su exjefe Álvaro Uribe y el partido Centro Democrático. El proceso incluso logró sobrevivir al plebiscito del pasado 2 de octubre, en el que la mayoría de los votantes eligió no refrendar el Acuerdo de Paz.
Aunque el Nobel le fue concedido sin alcanzar la meta definitiva, es decir, sin la entrega de armas y desmovilización total de las Farc, a favor de Santos jugaron los logros obtenidos en el desarrollo de las conversaciones, entre ellos: el cese bilateral del fuego, el desminado humanitario conjunto y en general, la mitigación de la violencia, que implica el fin de las masacres guerrilleras, las tomas de pueblos, ataques a la infraestructura, asesinatos, secuestros y desapariciones en el marco de la confrontación.