“Era como si Dios hubiera resuelto poner a prueba toda la capacidad de asombro, y mantuviera a los habitantes de Macondo en un permanente vaivén entre el alborozo y el desencanto, la duda y la revelación, hasta el extremo de que ya nadie podía saber a ciencia cierta dónde estaban los límites de la realidad. Era un intrincado frangollo de verdades y espejismos”, así, sabiamente el nobel de literatura Gabriel García Márquez describió las realidades de Macondo, que no es más que el mágico reflejo de Colombia en su obra cumbre: Cien años de soledad.
Lea aquí: Voceros del No destacaron el premio y reiteraron llamado a corregir
Sus palabras han aparecido en los discursos de los hombres que negocian el fin del conflicto, sus mariposas amarillas y las generaciones que estaban condenadas a vivir cien años de soledad fueron mencionadas en La Habana y en Cartagena, sitios que pasaron a la historia de Colombia como las ciudades en las que la comunidad internacional abrazó la esperanza de paz y de la terminación del conflicto más longevo de la región.
Lea aquí: “El Nobel también es nuestro”: Víctimas
Hoy, después de dos semanas de alborozo, emoción, felicidad e incertidumbre esas palabras de Gabo, cobran mayor relevancia. Desde ayer su butaca de nobel colombiano es compartida con el presidente Juan Manuel Santos, quien fue galardonado con el Premio Nobel de Paz 2016. Colombia es el único país de Latinoamérica en haber recibido dos veces este reconocimiento.
Lea aquí: Santos: 25 años buscando la paz
Perseverancia
El Comité Noruego señaló en su resolución que el galardón fue para Santos “por sus esfuerzos resolutivos para llevar al fin de una larga guerra civil de más de 50 años, una guerra que ha costado la vida de al menos 220.000 colombianos y ha desplazado a cerca de seis millones de personas”.
El premio debe ser visto también como un tributo a los colombianos, expresó el Comité, quienes, a pesar de grandes dificultades y abusos, no han perdido la esperanza de una paz justa, y a todas las partes que han contribuido al proceso de paz.
Santos quien desde hace meses estaba en el sonajero de los expertos, pero que después de su derrota en el plebiscito había salido, dio una alocución al lado de su esposa, María Clemencia Rodríguez, en la que dedicó el galardón a las víctimas: “Lo recibo, no a nombre mío, sino a nombre de todos los colombianos, en especial a las millones de víctimas que ha dejado este conflicto que hemos sufrido a lo largo de más de 50 años. Colombianos, este premio es de ustedes”.
Entendió, según dijo, que este reconocimiento es un mandato para seguir trabajando, sin descanso, por lograr la paz para los colombianos, a lo que dedicará el resto de sus días. La academia no premió a un hombre, Santos, sino a su esfuerzo por construir un acuerdo que conduzca a la paz de Colombia, señala Juana Acosta, directora del programa de Derecho de la Universidad de la Sabana.
Tampoco es el premio a un logro, explica José Fernando Rubio, director del programa de Historia de la Universidad Externado de Colombia, “lo que hace el Nobel no tiene que ver con los éxitos de los procesos sino con la decidida contribución que hay por parte de una persona”, en este caso el mandatario colombiano.
“Es un reconocimiento externo independientemente de la coyuntura, las paradojas y las contradicciones al trabajo y al esfuerzo del presidente Santos y de su Gobierno en pos del proceso de paz”, asegura Rubio.
No incluyeron a las Farc
Aunque los rumores sobre la distinción iban dirigidos a que sería un premio compartido entre Santos y “Timochenko”, como en ocasiones anteriores ha ocurrido cuando el Comité elogia a todas las partes en una mesa de diálogos, la academia noruega se lo otorgó únicamente al presidente por haber tenido la iniciativa en el proceso y haber invitado a las Farc a sentarse en la mesa.
María Victoria Llorente, directora de la Fundación Ideas para la Paz, anota que el mandatario es el símbolo nacional de este proceso de paz y que Rodrigo Londoño, alias “Timochenko”, no ha hecho su tránsito a la vida civil.
Por su parte, Rubio agrega que fue Santos el que convocó al encuentro, por lo que él es el merecedor del galardón. Las Farc en cambio, están buscando un interés bastante personal: lograr la paz a través de su reivindicación y reintegración a la vida pública y política.
Sin embargo, el jefe guerrillero manifestó en su cuenta de Twitter que el único premio al que aspiran es de la paz con justicia social para Colombia “sin paramilitarismo, sin retaliaciones ni mentiras” , y felicitó al mandatario, a los países garantes Cuba y Noruega, y a los acompañantes Chile y Venezuela “sin los cuales sería imposible la paz”.
Igualmente, “Iván Márquez” señaló que sin contraparte no hay Nobel de Paz, “por eso nuestra satisfacción de haber aportado un granito de arena al logro de tan alta distinción”.
Vea aquí: El Nobel se anticipó a la paz
Reconocimiento y mandato
En este momento de alta incertidumbre, cuando los resultados del plebiscito dejaron sin piso jurídico al acuerdo de paz entre el Gobierno y las Farc y este no entró en vigor, el Premio Nobel de Paz es además de un reconocimiento un mandato a los colombianos para que no claudiquen en el esfuerzo de conseguir una salida negociada al conflicto.
El Comité Noruego del Nobel enfatizó la importancia de que el presidente Santos está invitando a todas las partes a participar en un diálogo nacional de amplia base, destinado a sacar adelante el proceso de paz. Incluso, señaló, que aquellos que se opusieron al acuerdo de paz han dado la bienvenida al diálogo. “El Comité del Nobel espera que todas las partes compartan la responsabilidad y participen constructivamente en las conversaciones de paz venideras”.
También, el Comité manifestó su esperanza de que en los próximos años los colombianos cosechen los frutos del proceso de paz y de la reconciliación en curso. “Solo entonces el país será capaz de hacer frente con eficacia a grandes desafíos como la pobreza, la injusticia social y la delincuencia relacionada con las drogas”.
De acuerdo con Rafael Grasa, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma de Barcelona y expresidente del Instituto Catalán Internacional para la Paz, “es un premio personal y un tributo colectivo al pueblo colombiano, que pese a abusos y miserias, nunca perdió la esperanza en una paz justa. También a todas las partes que han contribuido al proceso de paz. El Comité dice también, que ayudará a que la incertidumbre provocada por el No en el plebiscito se entienda no como un no a la paz, sino a un acuerdo concreto. Es un llamado a evitar el retorno al enfrentamiento armado, para gestionar el No de manera que no suponga el fin del acuerdo. Brevemente, le sirve al país como un insumo más para evitar el regreso a la guerra”.
Podría entenderse también como una presión a los del No para que se pongan rápido de acuerdo y desbloqueen la solución de paz que aún está en la mesa, advierte Mauricio Jaramillo Jassir, internacionalista de la Universidad del Rosario.
Lo que le dice la comunidad internacional a Colombia por medio de este premio es que tiene que seguir avanzando en los acuerdos para darle fin al conflicto con las Farc y, en palabras de Acosta, al mundo no le importan los detalles del acuerdo, “lo que dice es nosotros apoyamos este proceso y apoyamos la paz y de alguna manera respetamos las decisiones del pueblo soberano en Colombia”.
Asimismo, Camilo González Posso, presidente del Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz, Indepaz, concluye que “el mensaje es que el planeta entero reconoce que la mayoría de la gente en Colombia quiere un acuerdo negociado y no la guerra ni el sometimiento y la capitulación”.
Llorente, además, advierte que de cierta manera es un espaldarazo al presidente y le da una energía especial a él y a los negociadores para ver qué van a hacer y es, también, un llamado a la oposición en cabeza del Centro Democrático a que contribuya a que el proceso continúe.
Muestra de ello fueron las palabras de Humberto de la Calle, jefe de la delegación del Gobierno en los diálogos de paz: “Hoy los colombianos nos levantamos con la esperanza de construir la paz, una esperanza renovada, una esperanza fortalecida, el reconocimiento que le hace el Comité Noruego del Nobel con el premio Nobel de Paz al presidente Juan Manuel Santos es la voz de apoyo del mundo a nuestro país, el reconocimiento a su liderazgo, a su persistencia, a las víctimas que participaron en el proceso en representación de las 7 millones de víctimas que han padecido el conflicto más largo del continente. Esto nos da fuerza para seguir adelante”.