“Era como si Dios hubiera resuelto poner a prueba toda la capacidad de asombro, y mantuviera a los habitantes de Macondo en un permanente vaivén entre el alborozo y el desencanto, la duda y la revelación, hasta el extremo de que ya nadie podía saber a ciencia cierta dónde estaban los límites de la realidad. Era un intrincado frangollo de verdades y espejismos”, así, sabiamente el nobel de literatura Gabriel García Márquez describió las realidades de Macondo, que no es más que el mágico reflejo de Colombia en su obra cumbre: Cien años de soledad.
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Sus palabras han aparecido en los discursos de los hombres que negocian el fin del conflicto, sus mariposas amarillas y las...