La alerta y desalojo del conjunto residencial Atalaya de La Mota, debido a “deformaciones de elementos estructurales como columnas”, reabre las preocupaciones sobre la calidad constructiva de algunas edificaciones del Valle de Aburrá. Además del drama, debido a la orden de desocupación del inmueble para cerca de 750 personas, revive el desconcierto de los propietarios y arrendatarios de viviendas en altura, dado este episodio y a fantasmas como el de las torres Space, Bernavento y Babilonia (este último en Itagüí), todas demolidas.
Se trata de emergencias inusuales y gravísimas para el sector inmobiliario, en el cuestionamiento que traen para los responsables del diseño estructural de los edificios y los materiales empleados por las firmas. Autoridades y gremio constructor deben empezar a trazar un censo de diagnóstico preventivo de las edificaciones del Valle de Aburrá, y afinar todos los procesos referidos al control en la expedición de licencias y la construcción de las obras. De igual manera, hace rato quedó sentada una profunda discusión gremial, y en universidades, sobre las calidades éticas de profesionales y edificadoras. Medellín no puede vivir más pánicos y desazones frente al sueño y esfuerzo de años que significan esas viviendas para sus propietarios.
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