Una sentencia judicial de un juzgado penal de Medellín dejó abierta, de nuevo, la cicatriz que para esta ciudad significa la explotación sexual de menores de edad que, desvalidos, abandonados, son “recogidos” por personas desprovistas de cualquier sentido de la misericordia humana para explotarlos, humillarlos y degradarlos hasta extremos inauditos. El informe publicado ayer por este diario debería hacer redoblar los esfuerzos de todas las autoridades para erradicar esta modalidad criminal de nuestra región.
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