Pico y Placa Medellín
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Se viene el plebiscito. Con él, la necesidad de que los ciudadanos sepan qué se vota. De exigir verdad, transparencia y respeto a las posiciones divergentes. Mirar la realidad, no el eslogan.
Que los acuerdos a los que se llegara con las Farc fueran a ser sometidos a pronunciamiento popular, para que la ciudadanía los legitimara, fue el anuncio de mayor contenido político luego del de la negociación misma. Se recibió como una propuesta arriesgada e inteligente, al poner a las Farc ante la prueba de demostrar si efectivamente tenían o no el respaldo popular que decían representar.
Las promesas del presidente Santos y su gobierno hablaban de refrendación popular. Se entendió que se remitían a un referendo, que como mecanismo de participación popular con efectos jurídicos vinculantes, con capacidad para modificar leyes y hacer cambios en el ordenamiento jurídico, era el instrumentos de mayor capacidad legitimadora de los acuerdos de paz.
Pero el referendo era muy exigente. Había que consultar todos los puntos concretos, y requería una votación altísima. La refrendación se fue cambiando entonces hasta llegar a un plebiscito, con una sola pregunta, y rebajando su umbral para reducir...