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La caravana de 35 mil venezolanos que pasó a Colombia a comprar elementos de canasta familiar retrata la escasez del país vecino y la necesidad de reabrir la frontera. La gente está desesperada.
La apertura parcial de la frontera venezolana hacia Colombia, el domingo pasado, sirvió para el desahogo de miles de venezolanos que cruzaron urgidos de comprar mercancías de primera necesidad: alimentos y medicinas, muchos de los cuales no se consiguen en los supermercados del país vecino o por los que los revendedores exigen precios impagables.
Venezuela sufre una depresión económica cada vez más inocultable, pero también en medio de la cual le es cada vez más difícil maniobrar a Nicolás Maduro. Por eso tan pronto su gobierno autorizó una apertura de 12 horas de los puentes Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander, cerca a Cúcuta, y el José Antonio Páez, en límites con Arauca, los venezolanos del estado Táchira se volcaron a surtirse en el comercio colombiano.
Aunque para las tiendas y supermercados de San Antonio y Cúcuta la jornada significó un aumento en las ventas del 190 %, hay que asomar con gran tacto y respeto al desespero de los venezolanos que aprovecharon este “corredor humanitario”...