El exceso de datos que está recibiendo la sociedad obliga hoy al individuo a escoger con cuidado y criterio sus fuentes informativas si quiere tomar decisiones de manera inteligente. Hoy es usual encontrar personas que consideran que al conocer un dato o el título de un hecho poseen todo lo que necesitan para ser cultos, pero la realidad es que si no se profundiza sobre ellos difícilmente podrán entenderlos, y por lo tanto, generar conocimiento para sí mismos, una opinión calificada y una acción inteligente, menos aun, utilizarlo como sabiduría para transformar, crear e innovar.
Otro riesgo en el consumo de datos e información es su uso sin una observación disciplinada del generador o firmante. El primer error común es confundir las fuentes con las plataformas -Google, Facebook, Twitter, etc.- herramientas geniales mas no autores. Expresiones como: “lo leí/vi/escuché en redes” delata la ignorancia y la poca profundidad del afirmante sobre ese tema específico, ya que evidencia que no conoce las calificaciones del responsable de la información que está compartiendo o debatiendo. Lo cual es, además, irresponsable.
Existen fuentes anónimas, manipulaciones tecnológicas, pero también están los autores y medios reconocidos por su trayectoria que trabajan con ética, respetando los valores periodísticos, que firman cada producción, utilizan metodologías propias del oficio y son regulados por normas legislativas, tanto colombianas como internacionales. Se debe reconocer que estos medios, a pesar de su rigor, no son infalibles, pero su búsqueda diaria es servir a la audiencia con la verdad, así esto signifique incomodar sectores de la sociedad y arriesgar incluso sus vidas.
Es deplorable que la clase política desmienta cualquier noticia en la cual se le relaciona o cuestiona con la muletilla de que son noticias falsas o que se está manejando una agenda subterránea. El líder de la primera potencia mundial, Donald Trump, ha calificado a los medios como “enemigo”, el excandidato Gustavo Petro llegó a amenazar en campaña a empresas del sector y utilizó noticias falsas contra ellas, incluido El Colombiano. Ahora bien, los peores casos los tenemos en Venezuela, donde la censura, cierre y compra de medios por parte del gobierno chavista ha dejado al pueblo sin la libertad de prensa. El diario The Washington Post reportó en su momento que Trump decía 16 falsedades o “verdades a medias” diariamente ¿Qué tipo de transparencia y lealtad al pueblo puede tener un presidente con ese comportamiento?
Es tal el peligro de esta estrategia que el pasado jueves 16 de agosto, más de 350 medios de 49 estados atendieron una invitación de The Boston Globe en su país para editorializar de manera autónoma sobre el comportamiento del presidente estadounidense frente a la libertad de prensa, pues el peligro de estas posiciones radicales, y de las noticias falsas, es que cuando estas mentiras caen en comunidades sin formación que además repiten constantemente estas faltas a la verdad, dichas “afirmaciones” terminan siendo aceptadas y creídas, trayendo como consecuencia daños a la verdad difíciles de reparar. Es escandaloso que un estudio realizado por la firma Ipsus Poll diga que el 13 % de los ciudadanos de la potencia del norte está de acuerdo con que Trump clausure medios, el 48 % comparta la afirmación del mandatario de que “la prensa es enemiga de los estadounidenses” y el 53 % considere que el jefe del Estado debe tener la capacidad de “cerrar medios con mal comportamiento”.
“El enemigo es la desinformación que estamos viviendo en los Estados Unidos”, expresó Marcela García, editorialista del The Boston Globe a El Colombiano en entrevista la semana pasada. En Colombia como en el mundo el riesgo es alto, porque las alarmas son elocuentes, por eso desde esta sección invitamos a la sociedad a defender y exigir periodismo de calidad, a no caer en ligerezas y poner en evidencia las manipulaciones de intereses políticos. Una sociedad sin entender su realidad, por el mecanismo que elija, está destinada a la estupidez.