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Primeras señales del gabinete

Los nombramientos iniciales de Abelardo de la Espriella revelan un giro pragmático: frente a la retórica de outsider de la campaña, el nuevo mandatario opta por figuras con amplio bagaje institucional y rigor técnico para reconstruir la administración pública”.

hace 2 horas
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  • Primeras señales del gabinete

Un gobierno es mucho más que unos cuantos nombramientos, como a veces parece olvidarse en el furor de la “gabinetología”: los ministros y quienes manejarán las principales entidades del Estado son sumamente importantes, sin lugar a dudas, pero aún más importante es todo lo que hay debajo: los miles de funcionarios que día a día hacen funcionar al Estado, al igual que las normas y principios que guían su comportamiento y sus deberes con todos los colombianos.

Antes de hacer cualquier comentario sobre el gabinete del presidente electo, Abelardo de la Espriella, hay que partir de eso: esperamos que se recuperen las capacidades técnicas y el talento humano que se purgó del Estado en medio de la obstinación sectaria y el ánimo vengativo que impulsaron muchas decisiones del gobierno Petro, así como desde estas páginas añoramos que se restablezca la dignidad del poder presidencial y se limpien las manchas de corrupción que deja esta administración.

En ese sentido, si bien no es estrictamente parte del “gabinete”, es de celebrar el foco que se ha puesto en el “empalme anticorrupción” durante estos primeros días: hay que tener total claridad sobre cómo se entregan las cuentas y entidades del Ejecutivo, e involucrar una pluralidad de sectores y gente con conocimiento profundo de las distintas dimensiones del Estado para, desde el primer día, recuperar el terreno perdido.

En esa tarea, no hay mejor noticia que el protagonismo que ha tenido el vicepresidente electo, José Manuel Restrepo, en el empalme: imposible pensar en una persona más idónea y de mayor integridad para liderar esta difícil labor. Ojalá sea apenas un abrebocas de lo que viene: independientemente de dónde quede en el siguiente gobierno, un papel protagónico suyo sería un acierto.

Los demás nombramientos conocidos, aunque pocos, parecen indicar una dirección sobre el perfil de quienes acompañarán al presidente electo: se buscan personas con capacidades probadas en la administración pública o con conocimiento técnico de los sectores que llegarán a liderar, pero que también hayan acompañado el proyecto político de Abelardo de la Espriella o sean de su confianza.

Empecemos por Rodrigo Lara, el nuevo ministro del Interior. Abogado e hijo del asesinado ministro Rodrigo Lara Bonilla, conoce el Ejecutivo por dentro y, sobre todo, conoce el Congreso que tendrá que manejar: representante, presidente de la Cámara, senador y director de Cambio Radical. Todos los pergaminos para la cartera, pero, además, un reconocimiento de confianza por haber sido uno de los primeros políticos del establecimiento —de familia política, de partidos tradicionales, con su capital político en Bogotá— en jugársela por la presidencia de Abelardo. Carácter político le sobra: el reto será sumar.

Algo parecido podría decirse de Miguel Gómez Martínez, designado ministro de Hacienda. Economista formado en Francia y nieto del expresidente Laureano Gómez, combina lo público y lo gremial: vicecontralor general, presidente de Bancóldex, embajador en Francia, representante a la Cámara, presidente de Asocolflores y de Fasecolda, y decano de Economía de la universidad del Rosario. Desde el primer momento ha sido claro sobre lo que buscará este gobierno: respeto por la autonomía del Banco de la República, austeridad, reducción del gasto y saneamiento de las cuentas fiscales. Un buen mensaje luego de la irresponsabilidad con las cuentas públicas del gobierno saliente. Pero, nuevamente, también una representación de Enrique Gómez y Salvación Nacional, el primer movimiento político en jugársela frontalmente por De la Espriella.

Viviane Morales, nueva ministra de Educación —quien también apoyó este proyecto desde el principio y es, además, esposa de Carlos Alonso Lucio, otro de los primeros y más cercanos asesores del presidente electo—, es un caso ligeramente diferente. Abogada, exrepresentante, exsenadora, exfiscal general y exembajadora en Francia, suma una larga trayectoria pública en la que nada pasa por la cartera que ahora asumirá. Su nombramiento da un mensaje: en Educación se le dará un pulso contundente a Fecode y a otros actores que no han dejado corregir muchas falencias del sistema educativo colombiano. Quien demostró su capacidad como fiscal, tendrá ahora que demostrar que puede hacer un ministerio que convoque, no que divida, en el que prime la libertad.

Iván Cancino, encargado del frente de Justicia en el empalme y muy posible ministro, es un jurista de trayectoria privada: conocido penalista, opinador en medios, defensor de políticos de alto perfil y amigo del presidente electo, a quien apoyó activamente en campaña. Tendrá el reto de asumir ahora el liderazgo de la relación con la Rama Judicial, uno de los frentes más delicados del próximo cuatrienio.

Fabio Arjona, el próximo ministro de Ambiente, es quizás la mejor señal en materia técnica: biólogo marino, exviceministro de Ambiente y vicepresidente de Conservación Internacional, desde donde lideró la protección de la Amazonía, el trabajo con comunidades indígenas y las exportaciones de cacao libre de deforestación hacia Europa. Un muy buen mensaje para contrarrestar la injustificada narrativa antiambientalista que muchos sectores de la izquierda, como si lo ambiental fuera su monopolio, trataron de achacarle en campaña al presidente electo.

Nadie sube al poder pensando en gobernar con desconocidos ni con detractores: en estos nombramientos pesan, naturalmente, la cercanía y la confianza. Aunque suene irónico en un presidente que hizo campaña de outsider y vende a sus allegados como “los nunca”, sus primeras fichas son, en el buen sentido, “los de siempre”: gente con compromiso y trayectoria probados en lo público. Ojalá esa constante se mantenga en los que faltan.

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