Pico y Placa Medellín
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Hace 25 años, el Estado por fin se impuso sobre uno de los criminales más sanguinarios de la historia del país. Un nombre cuyo rastro de violencia cada vez dirá menos en una sociedad nueva.
No hay que luchar estérilmente por borrar de la historia el prontuario de un criminal capaz de hacer estallar carrosbomba contra civiles inocentes, empeñado en imponer un régimen de ilegalidad, miedo y justicia por manos propias. Las sociedades son capaces de expulsar y enterrar, con el paso del tiempo, esos organismos dañinos que alguna vez las enfermaron, las corrompieron, las debilitaron.
Hace 25 años caía abatido en un tejado del occidente de Medellín Pablo Emilio Escobar Gaviria, cuya figura y carrera delincuencial causaron heridas y cicatrices imborrables a la sociedad antioqueña y colombiana. Pero que, a su vez, en una contraversión, en una contralectura de necesaria crítica y desmitificación de los hechos que lo involucraron, permite...