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Montealegre no desaprovechó sus últimas horas para buscar protagonismo. Ya debería pasar desapercibido, pero sus ocurrencias pueden tener gravísimas consecuencias incluso para la paz.
Ya se hizo el balance, siempre limitado y provisional, del paso de Eduardo Montealegre por la Fiscalía General de la Nación. De lo que hizo, de lo que omitió, de lo que pretendió imponer y de los efectos que su muy particular entendimiento del Derecho y la Justicia tendrán para el futuro de esta sociedad.
No hay que insistir, por tanto, en lo que de forma casi unánime ha sido una reprobación sin atenuantes de su polémica gestión. Pero sí hay que tomar en serio, por el despropósito que implica y por los alcances en el otorgamiento de poderes a las Farc más allá de los que ellas mismas jamás concibieron, el empeño final de Montealegre de forzar para los acuerdos de paz una categoría jurídico-normativa que no tienen.
En sus últimas horas el fiscal radicó ante la Corte Constitucional una solicitud para que esta declare que los acuerdos de paz que firmen las Farc con el gobierno nacional, sean considerados “acuerdos especiales” a la luz de los Convenios de Ginebra y sus Protocolos Adicionales,...