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Mientras que en Colombia las exportaciones cayeron un 13% durante 2023, México está viviendo un boom de ventas al exterior. Estados Unidos importó más productos de México que de China.
Ya sabemos que Colombia, con un crecimiento del PIB de apenas un 0,6% en 2023, hizo trizas los pronósticos de los especialistas que ya de por sí eran pesimistas. También tenemos claro que prácticamente todos los indicadores económicos del país se vieron deteriorados, siendo especialmente preocupante la caída de la inversión en un 24,8%.
Lo nuevo, sobre lo que queremos llamar la atención, es que ese panorama es aún más inquietante al percatarnos de que mientras Colombia se congela o se desploma, otros países de la región están aprovechando esta suerte de vientos que soplan a favor para inflar sus economías.
Curiosamente, uno de los que le está sacando buen provecho es México, un país también gobernado por un hombre de izquierda, Andrés Manuel López Obrador. Todo apunta a que por tercer año consecutivo México marcará un crecimiento económico que podría superar las predicciones iniciales de los analistas del mercado.
Mientras que en Colombia las exportaciones cayeron un 13% durante 2023, México está viviendo un boom de ventas al exterior. Estados Unidos importó más productos de México que de China, algo que no ocurría desde hace dos décadas, un síntoma de que se está convirtiendo, cada vez más, en la principal fábrica de la primera economía del mundo.
Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), la inversión en ingeniería civil y construcción en México aumentó alrededor del 80% durante el año pasado, lo que refleja la confianza en expandir las capacidades de los principales productos de exportación del país, como automóviles, productos electrónicos y maquinaria pesada.
Mientras que la tasa de pobreza en el sur del país bordea niveles del 50%, la inversión y las oportunidades de empleo en el norte del país han llevado los niveles de pobreza en los estados que tienen frontera con Estados Unidos a estar por debajo del 30%. Resaltan casos como el de Nuevo León, que en los últimos años ha experimentado un auge económico sin precedentes, acompañado por la llegada de Tesla y otras grandes compañías del mundo para instalar centros de producción en la región.
Es fácil ver por qué México es un potencial ganador en la nueva tendencia del nearshoring (instalar las líneas de producción más cerca a su destino final). La extensa frontera terrestre, de más de 3.000 kilómetros, permite que la mayoría de los viajes de carga por carretera entre México y Estados Unidos se realicen en cuestión de horas o días, en comparación con las dos semanas típicas que puede llevar enviar productos desde Asia.
El Tratado de Libre Comercio de América del Norte en 1994 desencadenó una ola de inversión en México y llevó a que las exportaciones mexicanas hacia Estados Unidos superaran a las de China en la década de 1990. Sin embargo, ese liderazgo se vio eclipsado conforme China emergía como una potencia manufacturera.
Pero ahora, en medio de un resurgimiento de discursos “anti-globalización”, tensiones en las relaciones con China e incertidumbre a nivel global debido a conflictos geopolíticos como la guerra entre Rusia y Ucrania y los enfrentamientos en Oriente Medio, la tendencia parece inclinarse nuevamente hacia la búsqueda de socios comerciales confiables cercanos a casa, representando una oportunidad enorme para toda América Latina.
A pesar de las controversias suscitadas por las decisiones impulsivas del presidente Andrés Manuel López Obrador, como la cancelación de proyectos y la intervención en la infraestructura privada del país, acciones que han generado inquietudes sobre la seguridad jurídica y han dificultado ciertas oportunidades de negocio, en general, México ha logrado sacar provecho.
Una situación similar se ha observado en Brasil, donde a pesar de contar también con un presidente catalogado como de izquierda, se proyecta que el país cerrará el año 2023 con un crecimiento del PIB cercano al 3%. Este buen desempeño ha sido impulsado principalmente por las exportaciones de petróleo y productos agroindustriales, los cuales han experimentado una mayor demanda en medio de los conflictos globales.
Mientras tanto, en la orilla opuesta, los mensajes erráticos del gobierno colombiano hacia sectores claves como el de energía, infraestructura, salud e hidrocarburos, sumados a una reforma tributaria perjudicial para las grandes inversiones, han minado la confianza en la seguridad jurídica del país. Esto ha resultado en un declive en la inversión, dejando a Colombia al margen de las tendencias favorables que experimenta la región.
Si el Gobierno Nacional no corrige el rumbo y envía los mensajes adecuados para recuperar la confianza inversionista, no solo podremos seguir esperando malos resultados en materia económica, sino que también se continuará perdiendo la “fiesta” que están aprovechando México, Brasil y demás países de nuestro vecindario.