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Editoriales | PUBLICADO EL 27 enero 2022

Los puntos sobre las íes

El informe Pöyry sobre Hidroituango, contrario a la idea que algunos
han querido vender, dice que quienes estaban al mando de EPM
en esa época nos salvaron de una catástrofe.

Infográfico
Los puntos sobre las íes

Sobre el informe Pöyry, filtrado a la opinión pública esta semana, se han dicho muchas cosas. Llama la atención que, siendo un informe tan extenso (432 páginas), rápidamente empezaron a circular opiniones a lo largo y ancho de las redes sociales, cuando apenas estaba comenzando a rodar dicho documento por la autopista de Twitter. Y genera también cierta preocupación descubrir que de lado y lado del espectro político, del gobierno y de la oposición, han asomado medias verdades.

Lo primero que hay que dejar claro es por qué se hizo este informe. Algunos han dicho, por ejemplo, que el informe lo encargó la alcaldía de Daniel Quintero y no es así. Este estudio se gestó desde junio de 2018, por una exigencia de la Agencia Nacional de Licencias Ambientales. La Anla en ese entonces ordenó suspender los trabajos de construcción de Hidroituango y puso como condición para reanudarlos contratar un perito que emitiera un dictamen independiente en el que se definiera la estabilidad de la obra.

Por eso EPM, como responsable del proyecto Hidroituango, contrató a la consultora chilena Pöyry y anunció que el dictamen se estaría conociendo a finales de 2019, pero su entrega fue postergada varias veces. Ahora se convierte en el insumo principal que analizará la Anla para emitir un pronunciamiento de fondo sobre la hidroeléctrica y determinar si levanta la restricción para poder terminar la obra. Hasta este momento se han estado haciendo, en su mayoría, las obras de recuperación de la tragedia.

También han dicho los opositores que la alcaldía engavetó el documento. Es justo decir que el informe fue radicado ante la Anla el pasado 29 de diciembre y su difusión o comunicación, desde ese día, quedó a cargo de dicha agencia, que lo declaró confidencial. Por lo tanto, no estaba en condición de EPM difundirlo.

Pero más allá del ruido que le han querido meter al informe, lo importante es lo que sí dijo: por ejemplo, que Hidroituango es “técnicamente” recuperable. La palabra técnicamente es crucial porque advierte que si las decisiones se manejan con criterios políticos o intereses personales podrían conducir al desastre.

Un segundo punto interesante del informe es que hace un gran reconocimiento a la manera como se gestionó la emergencia. Dice que quienes estaban al mando de EPM en esa época nos salvaron de una catástrofe. Vale la pena leerlo: “La contingencia [...] podría haber resultado en una catástrofe nacional. Afortunadamente, y debido a la rápida respuesta de los profesionales a cargo, se logró evitar la rotura de la presa, que podría resultar en la pérdida total del proyecto, acompañado con inundaciones desastrosas en el valle del río Cauca y en la llanura del Caribe”.

El tercer punto y tal vez el más importante en este momento es que todavía persiste un riesgo importante en la hidroeléctrica. El informe es categórico: “La exposición del proyecto a riesgos catastróficos ha aumentado en varios aspectos importantes, en comparación con su diseño original”. Y precisa que el riesgo solo se reducirá en la medida en que la construcción de la obra avance y entren en operación las ocho unidades de generación de energía. Es la única manera de bajar el nivel del embalse y dejar de depender exclusivamente del vertedero, como se está haciendo hoy, para la descarga de agua. El documento señala que la única forma factible para alcanzar la seguridad total de las obras del proyecto, evitando así mayores desastres ambientales y sociales, a corto, mediano y largo plazo, es finalizar y operar el proyecto de forma estable, cuanto antes.

Este no es un tema menor. La Anla se enfrenta a un dilema para dar su aval porque, por un lado, el informe le dice que si el proyecto no se termina se puede producir una catástrofe mayor. Pero, por otro lado, no está exento de riesgos el terminar la obra. Es urgente que dé su última palabra.

Lo que no se entiende muy bien es por qué EPM insiste en cambiar los contratistas. Aún más ahora, tras el espaldarazo que recibieron de parte de esta consultora. ¿Por qué el gerente de EPM, una vez se filtró el informe, anuncia que en febrero se abrirá una nueva licitación? ¿Por qué quiere cambiar a quienes, de acuerdo con lo dicho por el informe Pöyry, nos salvaron de una catástrofe?

El proyecto Hidroituango es crucial para Medellín, para la región y para el país. Merece que todos los ciudadanos, antes de lanzar cualquier comentario, entendamos bien de qué estamos hablando. Y para eso hay que saber informarse

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