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La caída de los nacimientos y la reforma pensional

Entre los países que ven caer su tasa de natalidad más rápido de lo que se anticipaba, Colombia parece estar entre los líderes.

26 de junio de 2024
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  • La caída de los nacimientos y la reforma pensional

Hasta hace poco una de las grandes preocupaciones del mundo era lo que se conocía como “sobrepoblación”, y ahora, si la tendencia sigue como va, parece que el mundo se tendrá que preocupar por todo lo contrario: los indicadores de nacimientos han venido cayendo en muchos países.

La gran pregunta hasta hace poco era si la humanidad sería capaz de tener los recursos para soportar el crecimiento acelerado de la población que se dio luego de la segunda guerra mundial. Hace apenas seis años, en 2017, varios científicos y ganadores de Premio Nobel mantenían la preocupación por el exceso de habitantes sobre el planeta y su impacto en la sociedad y en el medioambiente como uno de los principales riesgos de todo este siglo.

Y si bien no se puede decir tajantemente que ya no sea esa la preocupación –basta solo con ver los ríos de migrantes que se mueven por el mundo tratando de buscar mejores recursos– todo indica que en algunos países pueden estar comenzando a cambiar las preguntas que el planeta solía hacer. El interrogante que tal vez preocupará a los políticos en los próximos años será cómo adaptar la sociedad a una nueva realidad en la que, súbitamente, las personas han decidido dejar de tener la misma cantidad de hijos a la que estábamos acostumbrados.

Según los datos de nacimientos que varios países han reportado para 2023, la tasa de fertilidad global —que mide cuántos bebés se espera que tenga una mujer a lo largo de su vida— pronto caerá por debajo del punto necesario para mantener constante la población, si es que no ha sucedido ya.

En 2017, cuando la tasa de fertilidad global era de 2.5, las Naciones Unidas pensaban que caería a 2.4 a finales de la década de 2020. Sin embargo, en 2021, la ONU concluyó que ya había bajado a 2.3, es decir, ha caído más rápido de lo esperado. Según Jesús Fernández-Villaverde, un economista especializado en demografía de la Universidad de Pensilvania, la fertilidad global cayó entre 2.1 y 2.2 el año pasado, lo que estaría por debajo del reemplazo global por primera vez en la historia humana. Es decir, serían más los fallecidos que los nacimientos que los reemplazan.

Y atención que no estamos hablando de un fenómeno exclusivo de países ricos como Japón o Corea del Sur; incluso países como Brasil, China, México e India, muchos años antes de lo que decían los pronósticos, están llegando al punto de no tener suficientes nacimientos para que su población siga creciendo.

Entre este grupo de países que están viendo su tasa de natalidad caer mucho más rápido de lo que se anticipaba, Colombia parece estar entre los líderes con las caídas más pronunciadas. Según lo reportó recientemente el DANE, el país registró la cifra más baja de nacimientos de los últimos 10 años para el cuatrimestre enero-abril. Con 145.416 nacimientos en 2024, se observa una disminución del 15% respecto al mismo periodo de 2023, una caída dramática que se suma a la tendencia vista el año pasado, cuando los nacimientos cayeron cerca de 11% respecto a 2022.

Para 2023, la tasa de fecundidad en Colombia fue de 1.2, cuando hace nada más una década se acercaba a 2.0, un número que nos ubica por debajo de la mayoría de los países del mundo, incluyendo muchos de los más desarrollados que generalmente se asocian con malas perspectivas demográficas.

Según cálculos de Fernández-Villaverde, en Bogotá la tasa de fecundidad fue de 0.9 en 2023, una tasa menor a la observada en Tokio, la prefectura japonesa con menor fecundidad. Este dato es dramático, considerando que Japón ha sido históricamente el ejemplo paradigmático de la preocupación por un envejecimiento acelerado de la población.

Teniendo en mente estas perspectivas demográficas, resulta aún más difìcil de entender que justo en lo que parece ser un punto de quiebre en los números de natalidad en Colombia, el Congreso de la República haya decidido aprobar una reforma pensional que deja al país con un sistema excesivamente centrado en el régimen de reparto de Colpensiones. Este régimen, para ser sostenible a largo plazo, necesita que existan más cotizantes que pensionados en el sistema, algo que, según las tendencias actuales, dejará de suceder mucho más rápido de lo que cualquier pronóstico hubiera anticipado.

Resulta paradójico que Colombia haya agotado el “bono demográfico” sin capitalizarlo para enriquecerse, y ahora, tras perderlo, esté considerando ingresar a un sistema pensional diseñado para un contexto demográfico obsoleto, en un movimiento que compromete las finanzas del Estado y las perspectivas de jubilación para los jóvenes en un futuro que parece cada vez más cercano.

Incluso la Ministra del Trabajo, Gloria Inés Ramírez, durante el trámite de la reforma en el Senado, reconoció que, debido al cambio en la pirámide demográfica, en “12 o 15 años” se necesitará otra reforma, una clara señal de la insostenibilidad de lo recién aprobado por el Congreso. Este punto coincide con las críticas expresadas desde el principio por varios economistas, gremios y centros de pensamiento, cuyos comentarios técnicos y fundamentados en cifras fueron ignorados.

Otra vez hay que decir que para darles un subsidio a los más viejos y vulnerables no es necesario dañar lo que funciona. Con plena conciencia, el gobierno y los congresistas han aprobado una reforma desfinanciada, dejando a otros responsables de afrontar las consecuencias: podría ser un gobierno futuro obligado a implementar una reforma que aumente las edades de jubilación y los montos de cotización, o que transite idealmente hacia un régimen que priorice el ahorro individual; o de lo contrario, serán las generaciones más jóvenes, quienes con el sistema recién aprobado no tienen garantizada la posibilidad de pensionarse adecuadamente.

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