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La suspensión de las aspersiones aéreas, el proceso con las Farc, la revaluación del dólar y los nuevos mercados de la droga crecieron los cultivos ilícitos y obligan a retomar la fumigación.
Cuando hace casi un año el Gobierno Nacional tomó la decisión de suspender las fumigaciones con glifosato, argumentando riesgos para la salud humana reportados por la Organización Mundial de la Salud, la pregunta obligada era si ello no permitiría que se volviese a fortalecer la cadena de producción de drogas ilícitas desde la siembra misma.
La respuesta no se hizo esperar: según las agencias de monitoreo del gobierno de Estados Unidos, esos cultivos en Colombia, entre 2013 y 2016, pasaron de 78 mil a 159 mil hectáreas sembradas. Se duplicaron y, lo advertíamos la semana pasada en otro editorial (Narcotráfico, bacrim y conflicto armado), la tendencia es que durante los próximos meses los envíos de cocaína estarán disparados.
Por lo pronto, el ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, confirmó que se retomarán las fumigaciones de carácter terrestre y manual, dada la preocupación por el aumento de las hectáreas de cultivos de uso ilícito. El ministro sostiene que la estrategia se contempló...